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¿Cuánto hay que abrigar a un niño en invierno?

En las crudas mañanas de frío, vestir a un hijo es un dilema. ¿Nos pasamos o nos quedamos cortos? Seis pautas para acertar

Cada mañana, un poco antes de las 9:00 horas, millones de padres y madres se debaten angustiados entre asomarse a la ventana para otear el cielo o consultar AccuWeather. Se acerca el invierno y tememos que esos cinco grados centígrados de frío polar hagan mella en la salud de nuestros retoños, obligándolos a permanecer una semana en cama. El simple atisbo de la tortura que eso supondría —para los niños, naturalmente— nos hace abalanzarnos sobre abrigo, guantes, bufanda, gorro y orejeras y recubrir con ellos a nuestros atónitos e indefensos pequeños. Uno nunca tiene clara la medida exacta en que debe abrigar a sus hijos, pero una cosa sí sabemos: cuanto más les abrigamos, mejores padres somos. ¿O no es así?

¿Y qué pasa si se quitan el jersey en clase? ¿O se les ocurre dejar el gorro olvidado en el columpio? ¿Deberíamos haberles puesto dos camisetas, en vez de una? El doctor Iván Carabaño, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos-Hospital General de Villalba (Madrid), nos ayuda a despejar todas esas dudas que atormentan a los padres responsables.

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