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Cómo las dietas nos volvieron locos

Coma de todo. No coma nada. Un nuevo libro explica, otra vez, que no hay dieta que funcione. ¿Por qué no cala este mensaje?

Un McDonald's moscovita en 1996
Un McDonald's moscovita en 1996 Cordon Press

Pierde peso sin pasar hambre. Haz régimen pero come de todo. Adelgaza sin hacer ejercicio. Al que nunca le haya sobrado un gramo de peso, la soberana tontería de estas afirmaciones debería resultarle evidente. Pero ese alguien, claro, está una minoría muy reducida de la población occidental. El resto, según ande de angustiado por sus gramos de más, tendrá más fácil dejarse seducir por la utopía ahí ofrecida. Y así, a la que se descuide uno puede acabar entregado a la alcachofa, al hidrato, a todo menos el hidrato, a la proteína, al melón, al kiwi o al guisante. En opinión de Matt Fitzgerald, corredor y autor de una veintena de best sellers sobre deporte y alimentación, hemos convertido la obsesión por perder calorías en una nueva religión y propone convertirnos en agnósticos de los regímenes.

Nadie necesita sumarse al culto de ninguna dieta. Una aproximación 'agnóstica' a una manera sana de comer que no prohíbe nada acaba llevando a comer con placer y anima a la gente a tomar sus propias decisiones

Matt Fitzgerald

“Nadie necesita sumarse al culto de ninguna dieta. Una aproximación agnóstica a una manera sana de comer que no prohíbe nada acaba llevando a comer con placer y anima a la gente a tomar sus propias decisiones”, escribe Fitzgerald en su último título sobre el tema, Diet Cults. En este libro el autor intenta desmentir algunas creencias sobre la alimentación como, que el cuerpo humano no es capaz de digerir bien los alimentos cocinados, tal y como afirman los crudívoros, o los lácteos, según defienden quienes comen paleo. En resumen, lo que Fitzgerald intenta demostrar es que la única manera demostrada de hacer bien las cosas es la fórmula del ejercicio y la dieta sana, que no por manido deja de ser lo más recomendable. "No hay una única manera buena de comer. Se ha comprobado que puedes escoger una dieta A y una dieta B y, si te comprometes a seguirlas, tener los mismos resultados con ambas", aseguraba el autor en una entrevista para la web Vox.

La gente no escoge una dieta por una razón. Más bien, las dietas escogen a la gente apelando a como cada uno quiere sentirse consigo mismo.

En España parece que este tema nos trae de cabeza. Ocho de cada diez personas que empiezan una dieta no consiguen acabarla, según una encuesta realizada este año por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) sobre una muestra de 2.944 personas. Además, uno de cada cuatro ciudadanos confiesa que no se siente a gusto con su peso. "El fracaso en la dieta suele crear una insatisfacción personal que, en ocasiones, puede producir el llamado efecto rebote o el abandono del tratamiento", comentó Albert Goday vicepresidente de la SEEDO cuando se presentó el estudio en febrero. Goday aprovechó la ocasión para recomendar (esto no se lo esperan) ejercicio y una dieta saludable.

Pero, si la solución es tan sencilla, ¿por qué nos apuntamos a los régimenes más disparatados? Según explica Fitzgerald en su libro, no elegimos llevar un determinado tipo de alimentación porque funcione sino porque este ritual nos hace sentir que encajamos, construímos nuestra identidad en torno a la comida. "La gente no escoge una dieta por una razón. Más bien, las dietas escogen a la gente apelando a como cada uno quiere sentirse consigo mismo".

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