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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Escaso realismo

Los Presupuestos reflejan optimismo excesivo en los cálculos y poco énfasis en el crecimiento

Aunque los Presupuestos del Estado ya no son el indiscutible gran instrumento de política económica —debido a los incumplimientos y revisiones, o a las cuentas autonómicas—, todavía transmiten una idea precisa de cuál es el margen de maniobra de las Administraciones públicas para actuar sobre la economía privada y pública. El proyecto que acaba de presentar el Gobierno muestra un excesivo optimismo en la proyección de crecimiento. Es muy arriesgado calcular los ingresos sobre una previsión de aumento del PIB del 2% en 2015 por el estancamiento —relativamente duradero— de las economías del euro que ya se está dejando notar en las revisiones a la baja de la balanza por cuenta corriente española, debido al deterioro de la balanza comercial.

Cuando se examinan las partidas de ingresos y gastos, la credibilidad de las cuentas no mejora. El proyecto prevé un crecimiento de los ingresos tributarios del 5,4%. Solo una observación: basta con que el crecimiento del año próximo sea inferior en un par de décimas al previsto para que la recaudación caiga en casi un punto sobre lo esperado. Hacienda contaba con una tasa acelerada de crecimiento, pero la situación de las economías del euro aleja esta hipótesis. Las predicciones de aumento de la recaudación en IVA y Sociedades son poco realistas si se tiene en cuenta el todavía escaso vigor de la demanda y el consumo. Es poco probable, pues, que la recuperación vaya a suministrar el crecimiento de la recaudación necesario para situar el déficit en el 4,2% comprometido.

Por el lado de los gastos, la acción presupuestaria no contribuirá demasiado a sustentar el crecimiento. La inversión total crece el 8,4% sobre el presupuesto de 2014, pero es una gota de agua en el océano de los ajustes; todavía es inferior en más del 36% sobre la aplicada en 2011, ejercicio en el que ya se había recortado drásticamente la inversión. Esto es lo máximo que puede subir el Gobierno en materia de inversión pública si quiere ajustar el déficit.

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Algo parecido puede decirse del gasto social. Se mantiene la simbólica subida de las pensiones (0,25%), poco efectiva para incentivar el consumo. El hecho de que baje el coste de las prestaciones indica que el Gobierno prevé una reducción del desempleo; pero el grueso del ahorro por la caída del paro se deberá en buena parte al descenso de la emigración y de la población activa.

La incipiente fase de crecimiento y la previsible ralentización en los próximos trimestres aconsejaban unas cuentas más arriesgadas: o bien un ajuste drástico —no está claro cómo se conseguirá el objetivo de déficit, y la deuda sigue creciendo— o bien iniciar un plan de choque para estimular la demanda, el crecimiento y el empleo y, de paso, combatir el riesgo de deflación. Para eso era necesario elevar los salarios y estabilizar el empleo. Pero se ha optado por un presupuesto a medio camino. La mejor noticia es que, en ausencia de tensiones en los mercados, los intereses de la deuda siguen cayendo.

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