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El segundo acto de Halle Berry

Hace 12 años logró el primer Oscar para una actriz negra. Ahora reclama su lugar en la tele con ‘Extant’, una serie de Spielberg

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Halle Berry.

“¿Estoy dando los últimos coletazos de mi carrera y no me he enterado? ¡Estoy acabada y nadie me ha dicho nada!”, espeta Halle Berry nada más verla. Las ojeras de cansancio y el mono azul algo descuidado que viste hacen más fácil creerla. Bajo el calor de justicia que cae en el verano californiano, su imagen dista mucho de la afrodita que salió de las aguas para James Bond hace ya más de una década. Sus mejores papeles, sus galardones, el Oscar… suenan a cosa del pasado aplastados por un presente más salpicado de escándalos propios de la prensa del corazón que de éxitos artísticos. Bajo esta canícula estival, Halle Berry parece cansada, sí, pero en absoluto acabada. El tono de su voz es entusiasta, juguetón y malicioso cuando se ríe hasta de su sombra. Y en sus ojos, más allá de esas ojeras, hay vida, curiosidad y todo un mundo por delante.

Un mundo que empieza en los estudios Culver de Los Ángeles, donde en su día se filmaron clásicos como Lo que el viento se llevó o Ciudadano Kane y ahora Berry rueda su primera serie de televisión en más de dos décadas, Extant. “Bromeaba”, aclara para borrar cualquier rastro de duda sobre su carrera. “Y esta es mi ropa de trabajo, para sudarla bien. No sabía que tenía que vestirme para la ocasión”, añade.

Las ojeras también tienen una explicación mundana: su segundo hijo, Maceo, que todavía no tiene un año y la espera en el camerino para robarle cualquier momento de descanso. Y también, claro, las catorce horas diarias de grabación en esta serie de ciencia-ficción que tutela Steven Spielberg.

A estas alturas es innegable que algunos de los mejores guiones los encuentras en televisión. Los actores no hacemos otra cosa que seguirlos"

“Me sorprendí al ver que Extant [emitida en Estados Unidos por la cadena CBS] era una serie. Cuando lo leí pensé que era un guion de cine. Hacía mucho que no leía algo tan bueno. Una historia con un personaje femenino tan complejo y bien escrito, capaz de llevar en sus hombros el peso del mundo y a la vez ser una madre trabajadora más. Fue una oferta atractiva. Y cuando supe que Steven Spielberg era el productor, no te tengo que aclarar que la atracción sólo fue en aumento”, añade.

En Extant, Berry interpreta el papel de Molly Woods, una astronauta en un futuro no demasiado distante que regresa a la Tierra tras pasar más de un año cumpliendo una misión espacial en solitario y descubre que está embarazada. Una historia con tintes de Gravity y La semilla del diablo, pero mucho más enraizada en el universo del Spielberg de ET, Encuentros en la tercera fase e Inteligencia artificial, ese capaz de combinar la ciencia-ficción con lo cotidiano. Y todo ello para televisión.

La actriz recuerda que hay que olvidarse de esa continua pelea cine versus televisión. “A estas alturas es innegable que algunos de los mejores guiones los encuentras en la pequeña pantalla. Los mejores realizadores, los mejores productores. Y los actores no hacemos otra cosa que seguirlos”, afirma Berry. “Ahí tienes a Matthew McConaughey”, dice refiriéndose al último ganador del Oscar como mejor actor y candidato al Emmy por su trabajo televisivo en True detective. “Y todavía recuerdo cuando vi a Glenn Close por primera vez trabajando en una serie. Fue mi inspiración, el momento en el que me di cuenta de que el muro que separaba los dos medios se estaba desmoronando. Ahora, la televisión se ha convertido en muestra de la libertad que tenemos para perseguir el mejor trabajo en el medio que sea”, comenta entusiasmada.

Halle Berry lo tiene todo. El Emmy, el Globo de Oro, el Oscar –el primero y único otorgado hasta la fecha a una actriz negra como mejor intérprete–. Una estatuilla con la que hizo historia hace 12 años y que dedicó a aquellas otras intérpretes negras desconocidas entonces y a las que se refirió, en un emotivo discurso, diciendo: “Ahora tienen una oportunidad porque la puerta se ha abierto”. Fue el momento álgido de su carrera. Uno que no todos esperaban de una modelo salida de la América profunda, cuya belleza fue durante años su bendición y también su maldición como actriz.

Después de ‘Monster’S ball’ me pusieron la etiqueta de alma torturada”

La puerta quizá se abrió para otras mujeres, pero en la trayectoria de Halle Berry después de Monster’s Ball –la película que le dio el Oscar– ha habido de todo. Papeles de chica Bond en Muere otro día o de superhéroe en la saga de los X Men; películas que no encontraron audiencia como Cosas que perdimos en el fuego o Gothika; y desastres como Catwoman, interpretación por la que recibió el Premio Razzie, que se concede a lo peor del año. Cuenta a su favor que ha sido uno de los pocos ganadores –y la única de su nivel– que ha acudido en persona a recibirlo.

“Ya es difícil de por sí encontrar buenos papeles y más aún si hablas de buenos papeles femeninos. Así que no te quiero ni contar lo que es encontrar uno bueno para una mujer negra”, explica sin darle más importancia. “Además, después de Monster’s Ball”, continúa, “me pusieron esa etiqueta de alma torturada en busca de papeles llenos de dramatismo, y el resto del material se quedó fuera”. Berry tiene claro desde hace años que las cosas hay que buscarlas, incluso este segundo acto de su carrera que ahora afronta no exenta de miedos: “No quiero pensar lo que significa”, sopesa, refiriéndose a este compromiso televisivo que se puede extender durante años y bloquear en su calendario la posibilidad de aceptar otras ofertas cinematográficas. “Ya cruzaremos ese puente cuando toque”, añade. “Me resisto a pensar que el cine como medio está en problemas. Al igual que la televisión, son expresiones artísticas que amo y a las que espero dedicar toda mi vida”.

Mientras la actriz reconoce sin vergüenza que fue ella quien se ofreció para este papel, Mickey Fisher, el guionista, describe a Halle Berry como “alguien hambriento” con una intensa conexión con su personaje. “Fue todo un regalo”, declaró Spielberg a la prensa sobre el casting de Berry.

No lo niego. estoy en ese punto de mi vida donde no pienso en lo que es mejor para mí sino para mis hijos”

Aun así, quizá por ser un neófito en estas lides o para mantener las apariencias, Fisher recuerda sus nervios desgranando el personaje de Molly a una Berry de enorme barriga, a punto de dar a luz a su segundo hijo. Un personaje que coincidía con ella en que estaba embarazada, pero Molly desconocía quién era el padre de su bebé (lo más probable, un alienígena) y debía aguantar en la Tierra a un marido despechado y a un seudohijo robot de intenciones nada claras. Un extraño hogar sobre el que gira una trama que cabalga entre la ciencia-ficción y el suspense y que debutó en Estados Unidos con una audiencia cercana a los 10 millones de espectadores, el mejor arranque del año.

Definitivamente Fisher no sabía a quién se enfrentaba poniendo en duda el aguante de Berry. Normalmente se habla de su belleza, incluso de su carrera, pero ella ha superado más de un golpe de la vida: depresiones que, según confesión propia, casi la llevaron al suicidio; una letanía de relaciones fallidas con finales sonoros y públicos; accidentes de rodaje; una larga batalla legal por la custodia de su hija mayor, Nahla, fruto de su unión con el modelo Gabriel Aubry…

Como bien dice la actriz de 47 años, ella no es de las que tiran la toalla y en temas de maternidad es una roca. “Es una de las cualidades con las que más me identifico con mi actual trabajo, porque mis hijos son el mayor orgullo de mi vida. Así que la lucha de Molly para equilibrar maternidad y carrera me es totalmente cercana, incluso cuando en la serie hablamos de esos dos seres extraños que tiene por hijos, uno que no es real y el otro que es medio extraterrestre”, comenta.

Así lo demostró en la batalla legal que culminó hace escasos meses cuando entró en vigencia la propuesta de ley SB 606, más conocida como “antipaparazi”, que protege a los hijos de los famosos del acoso de los fotógrafos. Una iniciativa que Berry puso en marcha junto con la también actriz y madre Jennifer Garner. “Cuando fui a los tribunales pidiendo la custodia de mi hija para podernos ir a vivir a Francia, lo hice porque el que entonces era mi novio es de allí y conocía la legislación francesa y lo mucho que mejoraría nuestra vida, especialmente a la hora de sentirnos protegidos del acoso”, recuerda ahora la actriz en referencia al también actor Olivier Martínez, con quien se casó en julio de 2013 y padre de su segundo hijo. “Así que cuando el juez dijo que no podía ir a Francia, país en el que sé que acabaré viviendo, preferí plantearme las cosas de otra forma. Tenía que hacer algo para garantizar la vida de mis hijos, porque mi hija prefería quedarse en casa a salir con sus amigas para no verse perseguida por los paparazis. Así que me dispuse a intentar lo que fuera para cambiar las cosas. Si no era posible, al menos podría mirar a mis hijos a la cara y decirles que lo intenté todo”.

Berry recuerda que fue al Congreso de Sacramento en California (EE UU) como madre, no como estrella, y pidió a los congresistas la normalidad que merecen sus hijos y los de otros famosos. Lo logró. “El otro día fui de pícnic con Nahla en bicicleta y no vimos un solo paparazi. Mi hija fue la primera en decir, ‘mamá, me siento libre”, resume con los ojos algo humedecidos por el recuerdo.

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Cambia de tercio, para no estropear el maquillaje con el que espera empezar a grabar en breves momentos, y asegura que una de sus películas favoritas es ET. Ahora no sólo trabaja con Spielberg, su director y coproductor, sino en el estudio donde rodó este realizador ya clásico de la ciencia-ficción y el cine familiar. El rey Midas no aparece por aquí tanto como les gustaría a todos, aunque deja sentir su presencia leyéndose los guiones y conectándose todas las semanas en conferencia con los guionistas y el productor ejecutivo. Es innegable el peso que tuvo Spielberg para que Halle Berry aceptara este papel, pero sin duda también tuvo importancia que su nombre figure como coproductora ejecutiva y que cobre un sueldo superior a 73.500 euros por capítulo, cifra astronómica cuando se habla de una serie para una cadena generalista. ¿Otros privilegios? El guardaespaldas que se ha convertido en su sombra y un set cerrado por el que recientemente pasó como becaria Malia, la hija del presidente Obama. “Lo siento, pero ese es el único tema del que no puedo ni quiero hablar”, se disculpa la actriz con firmeza.

Pero por encima de todas estas consideraciones, artísticas y económicas, el sentimiento de hogar que acompaña el rodaje de una serie también ha resultado importante en las decisiones de la actriz en este segundo acto de su carrera.

En los mismos estudios, sólo unos hangares más lejos, Michael Sheen rueda Masters of sex, una serie a la que se apuntó para poder estar cerca de su hija en Los Ángeles. Ese también fue el plan de Berry: “No lo niego. Estoy en ese punto de mi vida donde no pienso en lo que es mejor para mí sino para mis hijos”, admite. Aunque añade: “¡Eso de que un rodaje de televisión te proporciona una vida más organizada es un mito!”, explota entre carcajadas. “Es cierto que estoy en la misma ciudad que mi familia, pero con la cantidad de horas de trabajo que metemos, se me hace difícil verlos. Y la mayor, que ya tiene seis años, lo nota. Un rodaje de cine está mucho más controlado. Sabes cuándo empiezas y cuándo acabas, te has leído el guion completo, conoces a tu director. Aquí cambia con cada episodio, no sabes lo que estás rodando y sabes cuándo entras pero no cuándo sales. Aun así, me gusta el reto”.

Pese a las quejas, hoy en los estudios Culver se respira un aire de familia del que Berry no disfrutó ni en su infancia. Su padre las abandonó cuando la actriz tenía cuatro años y tiene una única hermana con la que no se habla. Sus relaciones y sus amores han sido sonados. Dos maridos anteriores, el jugador de béisbol David Justice y el músico Eric Benet, y varias relaciones de final tormentoso, incluida la que mantuvo con Gabriel Aubry, el padre de Nahla, con quien su actual marido, Olivier Martínez, mantuvo un altercado que acabó a puñetazos.

Ahora las aguas parecen haber vuelto a su cauce y el camerino de los estudios Culver tiene un aire de hogar en el que resulta frecuente encontrar a Olivier y a los dos hijos de la actriz. “Hemos montado un cuarto de juegos tipo guardería para Maceo y Nahla, pero una de las cosas que más me ha sorprendido de trabajar en televisión es lo rápido que formas familia con los que trabajas. Así que por aquí vienen todos los niños del set. El resto del tiempo nos hemos vuelto muy caseros, incluso Nahla. Todos estamos enamorados del bebé”.