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EDITORIAL

Algo más que salarios

El diálogo social que quiere reiniciar Rajoy debería incluir incentivos fiscales y laborales

A pesar de que el martes se reunieran en Moncloa los presidentes de las patronales y los secretarios de UGT y CC OO a instancias del presidente del Gobierno y de la ministra de Trabajo, es evidente que estamos lejos de lo que podría considerarse como el inicio de un diálogo social. La iniciativa es correcta, pero por ahora solo se sustenta en que al Gobierno le interesaría la prolongación del acuerdo de moderación salarial de enero de 2012 para apuntalar los indicios de crecimiento y, de paso, afianzar el mensaje de que el ciclo económico ha cambiado.

Ese acuerdo, que concluye este año, se firmó ante una emergencia: la recesión obligaba a los asalariados a elegir entre salario o empleo. Pero a principios de 2014 las perspectivas son otras: los sindicatos entienden que la moderación de las rentas salariales ya no es una acuciante necesidad para salvar empleos, sino que ha llegado el momento de pensar en una reactivación sobre la base del consumo; es decir, de un cierto crecimiento salarial. Las empresas consideran que el tiempo de la relajación salarial todavía no ha llegado. Si no hay posibilidad inmediata de acuerdo sobre los salarios, difícilmente el diálogo social puede superar el nivel de los buenos deseos.

Lo que se entiende por diálogo social es, por añadidura, algo más complejo que una negociación sobre rentas salariales. Requiere inevitablemente confianza mutua entre las partes —Gobierno, sindicatos, patronal— sobre la profundidad de los cambios económicos que se pueden impulsar para apoyar una reactivación, y la lealtad de concesiones recíprocas entre los agentes sociales. Puesto que hasta ahora las decisiones económicas del Ejecutivo han sido unilaterales y existen diferencias entre patronal y sindicatos sobre la aportación de cada uno de ellos a la recuperación venidera, la cita del martes solo es un indicio de lo que puede ocurrir si llegan a despejarse los obstáculos a dicha negociación.

¿Cómo puede contribuir el Gobierno a encender el diálogo social? Pues poniendo en marcha reformas que refuercen la confianza de los agentes sociales. Es posible citar varias que, además, confirmarían que la fase de crisis ha mutado a inicio de recuperación: una reforma fiscal que además de reordenar tributos amplíe las bases imponibles; políticas activas de empleo y un nuevo enfoque sobre las pensiones. Porque si la moderación salarial es el único as en la manga, la recuperación va a ser muy lenta.

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