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CARTAS AL DIRECTOR

El cierre del parque de Segóbriga

Me siento triste. Cuando empecé a estudiar la carrera de Historia solo tenía conmigo una pasión absoluta por esta materia y unas ganas locas de aprender. En el primer curso descubrí la arqueología, y creo que pocas veces en mi vida he sentido una vocación tan grande hacia algo. Muchos yacimientos dejaron su huella tatuada en mí, pero sobre todo uno ha marcado mi vida: el parque arqueológico de Segóbriga, en la provincia de Cuenca. Allí, durante seis años, me formé como arqueólogo e inicié mi labor investigadora, lo que me permitió viajar a universidades europeas y españolas, congresos, trabajar con la Real Academia de la Historia y, sobre todo, construirme como persona. Con el paso de los años, me he convertido en profesor de Historia, y siempre me ha gustado hacer comprender a mis alumnos que la historia era algo más que un relato de hechos y fechas, que detrás de cada dato había sentimientos, emociones y personas.

Me he sentido perdido al leer esta noticia. Me ha abrumado la evidencia de un Estado, un Gobierno y una gran parte de la sociedad que no valora, no comprende y no se emociona con la historia, con el patrimonio, con la cultura. Que no siente la deuda de los que vinieron antes de nosotros y no va a preservar nuestra memoria al presente y futuro.— Álvaro Jacobo Pérez.

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