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COLUMNA

Poner en valor

Los políticos que no entran en ese cajón maloliente de la corrupción o la sospecha se estarán preguntando qué tendrían que hacer para que los pongan en valor de una puñetera vez

La política está llena de lugares comunes, como no podría ser de otra manera. Esto último, “como no podría ser de otra manera”, es uno de los lugares más comunes de la política. Cuando alguien dice un tópico (por ejemplo: “creemos en la Justicia”), suele traer en su auxilio esa coda: “Como no podría ser de otra manera”. Hay políticos que tienen su sello, como Felipe González, cuyo lugar común (luego glorificado por Nicolás Redondo y por los guiñoles del Plus) fue “por consiguiente”. Aznar era más de “como no puede ser de otra manera”. Carme Chacón tiene un lugar común, una muletilla, que puso en marcha en Sevilla, a lo largo del vibrante discurso con el que se postuló para despertar al PSOE: “alto y claro”. Ahora ha vuelto a hablar “alto y claro” invocando a Gregorio Peces-Barba, a quien le atribuyó, seguro que porque conoció bien sus expresiones, esta imprecación: “de una puñetera vez”. Hay que despertar al PSOE “de una puñetera vez”.

Ahora vengo observando que en las filas del Partido Popular se ha puesto en circulación (se ha puesto en valor, podríamos decir) un lugar común que está en todas las bocas, del mismo modo que estuvo, mientras estuvieron en la oposición sus portavoces o en el poder sus líderes, la frase “como no podría ser de otra manera”. Ahora que pasó lo que sucedió con Santiago Cervera (¿qué fue lo que pasó con Santiago Cervera?) escuché a dos o tres diputados con cargo en el partido del Gobierno explicar su apoyo (¿su apoyo?) al diputado que se olvidó de que lo era y se puso a investigar en la muralla como un espía de la TIA, aquella agencia de Mortadelo y Filemón.

Decían tanto Carlos Floriano como Alfonso Alonso, en distintos sitios y en distantes momentos, que lo que había hecho Cervera al dimitir había que ponerlo en valor. Querían decir que su comportamiento era, desde el punto de vista civil y parlamentario, exquisito. Aquí hay que ver lo que dicen mientras no dicen, porque lo que traslució, y lo que sigue trasluciendo, es que si el diputado que ya no es sino Cervera no dimite de inmediato y de todo lo trasquilan, habida cuenta de lo que dijo la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. Qué extraño Cervera, dijo la señora Cospedal, y a partir de ahí, como decía César Vallejo, el cadáver siguió cayendo.

Pero, como no podía ser de otra manera, a ese comportamiento que tanto le extrañó a todo el mundo había que ponerlo “en valor”, según los portavoces del Partido Popular. Una de esas noches coincidí en el coloquio de 24 horas de TVE con el señor Floriano. Primero dijo, en respuestas a Tonia Echarri y a Ana Ibáñez, que había que “poner en valor” la dimisión de Cervera. Requerido para decir si entendía algo de lo que pasó, el diputado extremeño habló como cualquiera: “¡no se entiende nada!”. Lo que hay que poner en valor es la sinceridad de Floriano, que se bajó del pedestal de la portavocía para hablar como todo el mundo.

Luego pasó lo de Baleares: el presidente del Parlament de les Illes, Pere Rotger, tuvo que dimitir, imputado por corrupción. De inmediato salió el presidente del archipiélago, José Ramón Bauzá: “Hay que poner en valor” esa dimisión. Los políticos que no entran en ese cajón maloliente de la corrupción o la sospecha se estarán preguntando qué tendrían que hacer para que los pongan en valor de una puñetera vez… 

jcruz@elpais.es

 

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