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Cartas al director

Aprender de la otra orilla

“Las ciencias de las finanzas son nuevas en América”, espetó el congresista Fisher Ames a Alexander Hamilton en 1790. Entonces, el joven secretario del Tesoro consiguió convencer al Congreso estadounidense sobre la urgencia de federalizar la deuda de los Estados, ingeniería financiera para aquellos aristócratas y granjeros.

Fue un paso ambicioso que se tejió en una cumbre informal (como se llama hoy a las cenas de dirigentes) en la que participaron el propio Hamilton, Jefferson y Madison. En aquella cena, esta generación única de líderes logró en un solo golpe de cubierto cerrar brechas económicas, políticas y sociales (incluyendo la capitalidad de Estados Unidos o la bancarrota del país) más profundas que las que cruzan hoy a Europa. Tomaron el único camino que sabían necesario no solo para que Estados Unidos sobreviviera como país, sino para que triunfara como el primer experimento republicano de la modernidad.

Por su parte la Unión Europea, ese otro gran experimento político, alarga cumbres hasta la madrugada, y cuando despierta, Angela Merkel todavía está allí (diría Monterroso). Ni siquiera la pinza doméstica, europea y planetaria ha conseguido que la canciller se mueva de sus líneas rojas (papel del BCE, eurobonos, integración bancaria). Buena jugadora, Angela Merkel consigue vendernos las migajas (project bonds, reprogramación de fondos, tasa Tobin amputada), sin apenas dinero nuevo, como el gran Plan Marshall (¿hemos olvidado que el original supuso un 2% del PIB americano?) que tanto le imploran para salvar a Europa.

Aunque les duela a los jerarcas europeos, los americanos sí tienen algunas lecciones que darnos.— Jorge Valero.

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