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El abandono educativo cae en España a un histórico 12,8% gracias al tirón de las mujeres

El país reduce al mínimo su tradicional distancia respecto a la Unión Europea. La tasa española alcanzaba el 32% al inicio de la crisis financiera de 2008

El abandono educativo temprano ha bajado en España a un histórico 12,8% en 2025, dos décimas menos que un año antes, según ha informado este miércoles el Ministerio de Educación. La tasa, uno de los indicadores más fiables sobre la solidez de un sistema educativo, calcula el porcentaje de jóvenes de 20 a 24 años que han terminado como mucho la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y no están estudiando. En 2015, todavía se situaba en el 20%. Y en 2008, a las puertas de la gran crisis financiera que cambió la visión de la sociedad española sobre la necesidad de contar con estudios, alcanzaba el 31,7%.

Los expertos, como Miquel Àngel Alegre, de la Fundació Bofill, celebran los datos, “especialmente en un contexto en el que no ha dejado de complejizarse la composición social y por inmigración del alumnado español”. Pero advierten de que a medida que el abandono desciende en general se va enquistando en los sectores más vulnerables y crece la brecha entre chicas y chicos, debido a las peores tasas de éxito educativo de estos.

A pesar de la buena evolución que ha experimentado en los últimos años, el abandono en España continúa siendo, por otra parte, uno de los más altos de la Unión Europea, que en 2024 (el dato de 2025 todavía no se ha publicado) se situaba en el 9,4%. Se trata, con todo, de la menor diferencia de la serie histórica, de 3,4 puntos. En 2020 esta todavía alcanzaba los 6. El objetivo europeo es reducir la tasa por debajo del 9% en el año 2030.

Una de las claves de la mejora en España es el despegue de la Formación Profesional, que ha ganado 344.073 estudiantes en los últimos seis años y que según la previsión del Ministerio de Educación alcanzará este curso los 1.181.272 alumnos. Otra, la recuperación de programas específicos destinados a reducir el fracaso escolar, como el PROA+ y el aumento de las becas para estudios postobligatorios.

En un contexto de crecimiento económico, la tradicional diferencia en abandono entre mujeres (9,5%) y hombres (15,9%) se ha ensanchado en 2025: la de ellas se reducido 0,5 puntos porcentuales, mientras la de los chicos crecía un 0,2. El dato por nacionalidad todavía no está disponible, pero el último, de 2024, muestra gran distancia entre el abandono de los jóvenes de nacionalidad española (10,4%) y el de los extranjeros que viven en el país (29,6%).

Dentro del terreno positivo, Miquel Àngel Alegre destaca que está “disociándose el nivel de abandono del ciclo económico y laboral de los distintos territorios de España”. Históricamente, en las épocas y en las comunidades autónomas en las que había “mayor empleo precario juvenil” (empleos sin cualificar en la construcción o de camareros, por ejemplo), había más abandono. Y, en cambio, en las etapas y regiones con más paro juvenil, “había menos abandono, porque la escuela actuaba como un espacio refugio ante un mercado laboral colapsado para los jóvenes”. Los datos reflejan que esto está cambiando, en parte porque el propio mercado laboral español se ha transformado (cada vez es más difícil encontrar empleo no cualificado), porque las familias están más concienciadas de la importancia de los estudios (y se lo transmiten a sus hijos), y porque las políticas educativas se han reforzado en este campo.

Un abismo territorial

La brecha entre unas comunidades autónomas y otras sigue siendo enorme, con Murcia (20% de abandono) en un extremo y Euskadi (3,6%) en el otro.

Educación advierte de que hay que tomar con precaución los datos territoriales, especialmente los de comunidades autónomas que no son muy grandes, debido a que los tamaños muestrales pequeños (la información sobre abandono proviene de la Encuesta de Población Activa, la EPA) pueden dar lugar a errores. El País Vasco, por ejemplo, se sitúa casi todos los años como el territorio con menor abandono, pero el dato de 2025 resulta especialmente bajo (casi la mitad que el de 2023).

Razones no solo educativas

En todo caso, señala Ainara Zubillaga, directora de Educación de la Fundación Cotec, el caso vasco y el abismo que lo separa del de Murcia, tienen causas estructurales que van más allá del sistema educativo, porque abarcan también el tejido económico, y sirven para entender los desequilibrios territoriales.

De un lado está el efecto de la Formación Profesional, un elemento clave en la reducción del abandono educativo temprano al plantear “oportunidades educativas diferentes a la trayectoria académica más tradicional” de la que una parte de los chavales se sienten desconectados, afirma Zubillaga. Y el ejemplo de Euskadi resulta en este sentido paradigmático. “En el País Vasco, la FP está metida en el ADN del sistema educativo y del sistema productivo. Y eso hace los chavales que no encajan en el modelo más académico vean esas oportunidades mucho más reales, viables, al alcance de su mano. Cuando la FP no está tan imbricada en el sistema educativo ni en el sistema laboral, verla como una oportunidad es, en cambio, más complejo”.

Hay además, prosigue Zubillaga, otros dos factores que explican la disparidad autonómica. Primero, las diferentes realidades económicas: las zonas con más potencia de la industria llevan ventaja, por la larga relación entre esta y los estudios de FP, frente a regiones con más peso de la agricultura o la hostelería, que suelen ser reductos de empleos poco cualificados. Y segundo, por el distinto nivel de riqueza de la sociedad, ya que abundante investigación educativa ha acreditado “que cuanto más bajo es el nivel sociocultural de las familias, mayor probabilidad hay de repeticiones de curso y abandono educativo”, señala.

Cómo mejorar

El responsable del gabinete de estudios de la Federación de Enseñanza de CC OO, Alonso Gutiérrez, señala tres elementos para seguir reduciendo el abandono. Avanzar en “el éxito de todo el alumnado en la educación obligatoria”, dado que en 2024 un 20% de los jóvenes de 20 a 24 años no tenían ni el título de la ESO, “una circunstancia que se entiende tan poco en el ámbito europeo que ni siquiera hay datos comparativos”. Reducir el porcentaje de chavales que dejan los ciclos de grado medio de Formación Profesional sin terminar, que ronda el 30%, el más alto del sistema. Y ampliar las plazas públicas de FP, para evitar que se queden sin posibilidad de seguir estudiando aquellos que más difícil lo tienen por falta de recursos.

A España, concluye Alegre, director del proyectos de la Fundació Bofill, le costará cada vez más seguir reduciendo el abandono porque este va concentrándose en los colectivos y centros educativos más vulnerables. Para continuar avanzando, el sociólogo apunta apunta varias medidas más: “Seguir ampliando la cobertura y los importes de las becas, reforzar más programas como PROA+, actuando sobre los centros que más necesidades concentran, continuar luchando contra la segregación escolar, y potenciar las llamadas políticas de segundas oportunidades, que ofrecen vías de reenganche educativo a los jóvenes que en su día abandonaron los estudios y tampoco están trabajando”.

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