Andrew Hargreaves: “No eduquéis a vuestros hijos como si la niñez fuera la sala de espera de otra cosa”

El especialista en educación, profesor de la Universidad de Ottawa y asesor de las reformas de los sistemas de enseñanza de Escocia y Gales pide no culpar al profesorado de los problemas que en realidad se deben a cómo está estructurada la escuela

El especialista en educación, Andrew Hargreaves, el 22 de septiembre en Zaragoza.
El especialista en educación, Andrew Hargreaves, el 22 de septiembre en Zaragoza.Carlos Gil-Roig

Andrew Hargreaves se ha pasado la vida enseñando e investigando los factores que influyen en la educación en universidades de Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, entre ellas el Boston College, del que es profesor emérito, y la Universidad de Ottawa, donde trabaja ahora. Nacido hace 71 años en una familia de clase trabajadora del norte de Inglaterra, Hargreaves ha escrito decenas de libros y ha participado como asesor en reformas educativas en Escocia y Gales. La entrevista tiene lugar en el Palacio de Congresos de Zaragoza, donde ha sido invitado a participar en el IV Congreso internacional de innovación educativa organizado por el Gobierno de Aragón. Pese a estar recién aterrizado de un vuelo intercontinental en el que le han perdido la maleta, el profesor Hargreaves muestra durante la hora que dura la conversación la misma inteligencia, afabilidad y humor que trasmiten los vídeos disponibles en Internet de sus conferencias por todo el mundo.

Pregunta. Lleva tiempo advirtiendo que un alumno no puede aprender bien si carece de bienestar, si no se siente bien, no tiene amigos o sufre acoso escolar.

Respuesta. Durante mucho tiempo hemos pensado en el bienestar como algo ajeno al aprendizaje. Pero los niños necesitan que los cuiden, saber que pertenecen a un entorno, y que importan. Son cosas importantes en sí mismas, pero que también afectan el aprendizaje. Hemos visto durante la pandemia que los niños viven en todo tipo de hogares y había padres que tenían que trabajar, a veces luchar mucho solo para conseguir alimentar a sus hijos, sin otro adulto que los cuidara. Eso afecta a su salud mental. Y también a su aprendizaje. El bienestar ha pasado a un primer plano, y eso es bueno. Pero hay que tener cuidado con no ver el bienestar solo como el hecho de proteger a los niños del daño. Es algo vital, por supuesto. Deben estar bien alimentados, tener un sitio adecuado para dormir, estar atendidos. Pero podemos hacer más. Los niños necesitan desarrollarse, sentirse realizados, pasarlo bien, no todo el tiempo, pero sí mucho tiempo. Y la mejor forma de conseguirlo no es plantearlo como algo separado del aprendizaje, sino como parte de él. Una cosa que hace que los niños se sientan bien es ir a la escuela sabiendo que su maestro los conoce y se preocupa por ellos, y que aprenderán algo nuevo todos los días que será interesante e importante. Así que el bienestar es importante para el aprendizaje y el aprendizaje es importante para el bienestar.

P. ¿La escuela presta suficiente atención a este aspecto?

R. Creo que las escuelas primarias han hecho del cuidado integral del niño una prioridad. Y que esa es una de las razones por las que las personas se convierten en maestros de primaria.

P. ¿Y en secundaria? Los estudios muestran que en España el entusiasmo por ir a la escuela se hunde al pasar a esta etapa.

R. Es cierto. En muchos lugares del mundo, cuando los niños superan cierta edad, en torno a los 11 años, dejan de sentirse tan satisfechos y motivados por la escuela, y aumenta la ansiedad que les genera. Algunos piensan que es un proceso natural, que forma parte del crecimiento. Pero sucede que luego, a partir de los 16, entre quienes han permanecido en la escuela, ese compromiso aumenta. ¿Por qué? Porque quieren quedarse en ella y pueden elegir entre más opciones. En la fase anterior, los años intermedios entre que dejan la primaria y llegan a los 16, los alumnos pasan a tener más contenidos, tienen pocas opciones para elegir, y tienen que relacionarse con más profesores que en el colegio. Los profesores también tienen más estudiantes a su cargo que los de primaria, lo que hace más difícil cuidarlos. Además, los alumnos son más grandes y los profesores sienten que necesitan más control, más disciplina, en lugar de engancharlos con clases que impliquen, por ejemplo, más movimiento y más ruido, pero que pueden generar problemas de comportamiento. Así que la pérdida de motivación hacia la escuela no tiene que ver con un problema de crecimiento, sino con nuestros centros educativos y cómo los organizamos.

P. El sistema español destaca, cuando aparece comparado en informes internacionales, por el bajo nivel de colaboración entre profesores. ¿Hasta qué punto le parece un problema?

R. Que los profesores no colaboren siempre es un problema, igual que pasaría con otras profesiones, como los médicos. Lograr una colaboración efectiva de los docentes es un desafío en muchos países. Y a veces el primer instinto es culpar a los maestros. Decir que los docentes, como una madre o un padre, tienen sus propias ideas y formas de hacer las cosas, y no les gusta que los demás se entrometan. Pero el problema está más relacionado con cómo diseñamos las estructuras y la cultura de nuestras escuelas.

P. ¿Pueden cambiarse? ¿Cómo?

R. La persona que más puede lograrlo es quien dirige la escuela. En España ha habido una tradición de elegir a los directores que me parece complicada. Quien lidera la escuela, con frecuencia, tiene que hacer cosas difíciles. Y si has sido elegido, estás ahí para representar a tu comunidad, no para ayudarle a superar situaciones difíciles, lo que a veces puede ser incómodo. Los directores necesitan ganarse la confianza de sus profesores y deben apoyar a sus docentes. No se trata de disciplinarlos o de evaluarlos, sino de tener autoridad y conducir a la gente a un lugar distinto, que será más satisfactorio para el conjunto de la escuela, pero que no todo el mundo ve inmediatamente al principio. La persona que lidera puede establecer una cultura, unos hábitos, unos patrones de colaboración.

P. ¿Y qué pueden hacer los Gobiernos?

R. Pueden construir estructuras que den a los profesores tiempo para colaborar. ¿Hay suficientes profesores en la escuela, no solo para hacer las clases más pequeñas, sino para que los docentes puedan pasar suficiente tiempo con otros profesores, para planear, preparar, evaluar y mejorar su forma de enseñar, y no limitarse a estar todo el rato enseñando? Si eres abogado y te pasas el día en la sala de vistas, no tendrás tiempo de preparar los casos. Para los profesores es igual. Finlandia, uno de los países con mejores resultados educativos del mundo, es un buen ejemplo. Los profesores pasan allí más tiempo fuera de sus clases que en cualquier otro lugar del mundo, y eso les permite colaborar, planear, prepararse, reflexionar y mejorar.

Primer día de clase en un colegio de Málaga.
Primer día de clase en un colegio de Málaga.Álex Zea (Europa Press)

P. El sistema educativo español está pasando de un modelo basado en contenidos a otro más basado en competencias, un cambio que no todos comparten. ¿Cree que es el camino correcto?

R. Me gustaría que publicaras lo que voy a decir: “El profesor Hargreaves pide al lector que antes de terminar este párrafo intente contestar a dos cuestiones. La primera: ¿Puede enunciar la ley de Boyle? La segunda: ¿Quién ganó la Guerra de los Cien Años?”. En los últimos tiempos se lo he preguntado a miles personas en muchos países. Y la mayoría no sabe responder ninguna de las dos, aunque son cuestiones que se estudian en muchos lugares. La cuestión no es que debamos dejar de enseñarlas, sino cómo las enseñamos. Si te fijas bien, la ley de Boyle, que trata sobre la presión, la temperatura y el volumen de los gases, no se aplica bajo ciertas circunstancias. Si me hubieran explicado que esto muestra que la ciencia no es perfecta, que siempre está avanzando y debe actualizar sus conclusiones, hubiera recordado esa idea y podría usarla para el resto de mi vida. Y si me hubieran explicado que la Guerra de los Cien Años fue lo que llevó a los países a crear ejércitos permanentes, quizá ahora pudiera preguntarme: ¿y a la vista de la guerra de Ucrania, necesitamos ejércitos permanentes más grandes?, que es una cuestión relevante. Lo cierto es que no podemos enseñarlo todo, siempre vamos a tener que hacer una selección. Y sea cual sea la que hagamos, lo más importante es cómo lo enseñamos para que los niños adquieran conocimientos, aprendizajes y habilidades que les duren para el resto de sus vidas, en lugar de olvidarlas, tan pronto como salgan de la escuela, para el resto de sus vidas.

P. Ha dedicado su carrera a enseñar y a investigar en torno a la educación, también es padre y abuelo. ¿Qué les aconsejaría a los padres sobre la educación de sus hijos?

R. Creo que lo primero que les diría es que oímos hablar mucho sobre preparar a los niños para lo que les espera, prepararlos para el trabajo, prepararlos para una frase que me vuelve loco: “Trabajos que todavía no han sido inventados“. La reina de Inglaterra dijo una vez: “Es una lástima que la gente ya no coja trabajos para toda la vida…”. Es decir, que hay un montón de retórica en torno a la preparación de los niños. Pero la mejor manera de preparar a los niños para el futuro es educarlos y cuidarlos bien en el presente, no tratar el presente como una sala de espera para el futuro. Los niños pasan casi una cuarta parte de su vida siendo niños. Así que no podemos tratar su niñez como una sala de espera de otra cosa. Debe importar por sí misma. Y lo importante es sentirse querido, sentir que perteneces a un entorno, aprender a vivir en comunidad, y la familia es tu primera comunidad, desarrollar responsabilidades y convertirte en lo mejor que puedas ser. Pasarlo muy bien, pero también saber esforzarte y ser consciente de lo difícil que resultan a veces las cosas: puede ser aprender a tocar la guitarra, que es duro, o convertirte en un gran nadador. Hay muchas formas de hacerlo, pero todas tratan realmente sobre lo mismo: proporcionarles bienestar, aprendizajes, sentido de pertenencia y de la responsabilidad. Si hacemos todo esto, el futuro en gran parte se cuidará solo. Y les diría una cosa más: escucha a tu hijo o hija. Tómatelos en serio, no quites importancia a lo que te digan, y cuando les preocupe algo, préstales la misma atención que le prestarías si fueran adultos.

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Sobre la firma

Ignacio Zafra

Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.

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