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Educación y trabajo: ¿cómo lograr este binomio perfecto en Iberoamérica?

La formación profesional es una herramienta estratégica clave para superar los desafíos de la exclusión social y la pobreza en la región

Jóvenes manifestantes en las calles de Bogotá en mayo de 2021.
Jóvenes manifestantes en las calles de Bogotá en mayo de 2021.Camilo Rozo

La formación profesional es una herramienta estratégica para superar los desafíos de la exclusión social y la pobreza porque conecta la producción, el empleo, la mejora en las condiciones de trabajo y mayores posibilidades de inserción sociolaboral. Esto es importante en un momento en que Iberoamérica se enfrenta a una ampliación y variación de sus estructuras socioproductivas y del mercado de trabajo, pero que, a su vez, aún expresa cuatro barreras para los trabajadores.

En primer lugar, la barrera laboral, donde, además del desempleo, una gran parte de los trabajadores, entre ellos lo más jóvenes, se encuentran en situación de informalidad estructural, con bajo nivel educativo y bajas calificaciones. De acuerdo con un reciente informe de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el 80% de los jóvenes posee perfiles que no son compatibles con los puestos de trabajo de mayor productividad.

En segundo lugar, la barrera educativa, con amplias franjas de la población activa que no han concluido sus estudios formales.

En tercer lugar, la barrera tecnológica, ya que persisten dificultades de acceso a la tecnología como, por ejemplo, la Revolución 4.0 y la confluencia de la inteligencia artificial, la robótica, el internet de las cosas, la impresión 3D, entre muchos otros factores que modifican sustancialmente aspectos del mundo productivo y laboral.

Por último, la barrera institucional, que se pone de manifiesto entre el sistema educativo y el sistema científico-tecnológico que imposibilita la transferencia de tecnología y, por ende, la falta de respuesta educativa al conjunto de los trabajadores. Esto, sin duda, obstaculiza la apropiación del conocimiento y su valoración.

Por ello, es necesario promover modelos que se estructuren bajo la siguiente secuencia integral de conceptos: más productividad, más calidad, más empleo decente, mejores condiciones de trabajo y mejores salarios; una fórmula que impacte en un patrón de especialización “intensivo” sobre el trabajo formal cualificado y con mayor densidad de conocimiento tecnológico. Para lograrlo, la formación para el trabajo se constituye en el acceso primario de los trabajadores a la tecnología, la recualificación e inserción laboral.

Esto supone una propuesta de articulación entre educación y trabajo que desafíe a la FP a superar el asistencialismo, y que pase a políticas públicas integradas, integrales e innovadoras:

a) Integradas por quienes tienen la misión de gestionar la política. Educación, trabajo y producción, junto a los actores sociales del mundo del trabajo, deben entrar en un diálogo social efectivo liderado por quienes diseñen y gestionen la política pública.

b) Integrales, desde la construcción de una mirada holística, universalizando la focalización y trabajando desde el punto de vista sectorial con formas de abordaje y criterios uniformes que respeten y asimilen las demandas de los diferentes colectivos. La calidad de las respuestas en su diversidad debe poder satisfacer al conjunto de los trabajadores.

c) Innovadoras, desde un conjunto de políticas y metodologías que fomenten el desarrollo tecnológico, su transferencia y aprehensión en favor de la discusión de los convenios entre trabajadores y empleadores.

En definitiva, es de suma importancia para las décadas venideras el desarrollo de un sistema de FP que facilite el ingreso y egreso de los trabajadores de manera fluida y que una la dinámica del sistema productivo con las trayectorias laborales y/o educativas que demanda la sociedad. La institucionalización del Dialogo Social Tripartito, la articulación con el complejo científico-tecnológico, la certificación de competencias de los trabajadores, la formación en competencias digitales y socioemocionales, el acoplamiento con el sistema de educación superior, así como la intermediación y orientación sociolaboral serán la base para conseguirlo.

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