Crisis del coronavirus

Sin contagios en China, nervios por los catarros en Francia y cierres masivos en Israel: la vuelta a clase en el mundo

Rusia no ha impuesto ni mascarillas ni separación mínima entre alumnos, mientras que en Italia los directores de los centros expresan sus dudas sobre un retorno que consideran precipitado

Alumnos de una escuela de Wuhan el 1 de septiembre.
Alumnos de una escuela de Wuhan el 1 de septiembre.STR / AFP

Comenzado ya el curso en la mayor parte de España, el goteo de casos de covid deja claro que una de las claves para que la educación siga funcionando en estos tiempos de pandemia será la gestión y el control de los contagios, como ya apuntó en este diario el epidemiólogo Quique Bassat. Pero la dimensión del impacto de la reapertura de los colegios sobre la pandemia en España aún tardará en verse, tal y como advirtió el pasado lunes el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. De momento, un vistazo a lo que está ocurriendo en las escuelas que han retomado las clases un poco antes que España en otros puntos del planeta indica que las cosas pueden ir bien. Y también muy mal. En general, parecen un reflejo, ligeramente aminorado, de la situación general de la pandemia en cada país.

280 millones de estudiantes en China vuelven a las aulas sin incidentes

“Buenos compañeros”, “bienvenidos a clase”, “feliz nuevo semestre”. En la entrada de la escuela primaria de la Universidad Tsinghua de Pekín carteles morados y amarillos con estos mensajes recibían el pasado lunes a los estudiantes de entre segundo y cuarto de primaria, los últimos que quedaban por comenzar el nuevo curso en este centro de 2.200 alumnos. Varios maestros tomaban la temperatura a los pequeños que llegaban; un grupo de padres voluntarios repartía mascarillas a quienes las habían olvidado.

Escenas similares se repetían en otras escuelas de la capital china desde el 1 de septiembre, la fecha en que comenzó la vuelta escalonada a las clases tras el receso de verano de más de 280 millones de estudiantes en todo el país. En el acomodado barrio de Shunyi, en las afueras de la ciudad, Wenxuan, una adolescente de 13 años con coleta y flequillo, descendía este pasado lunes del autobús escolar comprobando que llevaba todo lo que le pedía su centro para el primer día de clase: un listado de su temperatura en los últimos 14 días, un formulario aparte con la temperatura del día y dos mascarillas: una puesta y la otra, de reserva por si acaso.

Hasta el momento no se ha informado de incidentes ni contagios: China lleva 23 días seguidos sin registrar oficialmente ni una sola nueva infección local, y apenas un puñado diario de casos llegados del extranjero. La vuelta a las aulas es una señal más, destacada con fanfarria en los medios oficiales, de que el país donde se detectaron los primeros casos de covid-19 da por derrotado al virus definitivamente.

Italia contiene la respiración

Italia fue el primer país en cerrar las aulas de sus colegios y será uno de los últimos en Europa en reabrirlas; lo harán el próximo lunes. Aun así, muchos de los directores de escuelas del país han expresado al Gobierno sus dudas ante lo que consideran un retorno precipitado. El ministro de Sanidad, sin embargo, aseguró a este periódico el pasado lunes que “los centros abrirán pase lo que pase”. Algunas regiones, sin embargo, ya han aplazado su apertura pese a la inversión del Estado de 2.900 millones en los 8.000 centros públicos para contratar a 97.000 profesores o comprar 2,4 millones de nuevos pupitres.

Las medidas de seguridad y los protocolos en caso de contagios están ya claros. La red de escuelas italiana estará conectada con el Departamento de Prevención de Sanidad, que decidirá caso por caso cómo afrontar la posible transmisión del virus. Cuando se detecte un positivo, antes de llegar al cierre de una escuela, señalan fuentes del mismo ministerio, “se tomarán muchas medidas” para evitar la clausura.

La prevención obligará a llevar mascarilla en la clase si los pupitres están a menos de un metro y no hay, como mínimo, dos metros de distancia con el profesor. Se usará también para los desplazamientos por el centro educativo, para ir al baño y al entrar y salir de la escuela. Lo mismo sucederá en el transporte escolar, donde los autobuses se desplazarán con las ventanillas bajadas también en invierno. Su capacidad se reducirá al 80% y los estudiantes entrarán de manera ordenada: solo se podrá acceder al vehículo cuando todo el mundo esté sentado.

Los profesores de Portugal denuncian falta de recursos

Los estudiantes portugueses también regresan a las aulas la próxima semana y los ministerios de Sanidad y Educación han fijado una serie de directrices muy generales —distanciamiento social, uso de mascarilla para alumnos de 12 años o más, entre otras— que cada colegio debe adaptar a sus propias circunstancias. La mayor preocupación en la comunidad educativa es que no hay capacidad logística ni recursos para que los alumnos guarden la distancia recomendada de un metro entre ellos.

La semana pasada las autoridades publicaron el protocolo que se debe seguir cuando se compruebe que uno o varios alumnos de un colegio están contagiados y solo en casos extremos serán cerradas instituciones enteras. Lo que aún no se sabe es qué va a pasar con los profesores que pidan la baja médica por pertenecer a un grupo de riesgo, ya que según la legislación vigente dejarían de recibir su salario después del primer mes de ausencia y el Gobierno no quiere que teletrabajen.

Docenas de rebrotes en el Reino Unido

Los centros escolares del Reino Unido comenzaron a reabrir sus puertas a partir del 2 de septiembre, con la excepción de Escocia, que decretó el regreso a las aulas a mediados de agosto. El Gobierno de Boris Johnson, que se había fijado como objetivo prioritario la recuperación de la normalidad en las aulas, ha cantado victoria al anunciar una presencia del 90% de alumnos en todo el país.

Sin embargo, no han pasado muchos días antes de que surgieran docenas de rebrotes y tuvieran que cerrarse varios centros. Las autoridades sanitarias británicas consideran rebrote la existencia de dos casos positivos en un plazo de 14 días, pero también la ausencia de un número sin determinar de alumnos que hayan informado de su contagio.

A pesar de las recomendaciones generales publicadas por el Ministerio de Educación, los colegios han preservado mucha autonomía a la hora de establecer sus medidas de seguridad, con lo que se han observado divergencias notables. En algunos centros se ha obligado al uso de mascarillas en zonas comunes, mientras otros lo dejan a la libertad de padres y alumnos.

Tranquilidad en Alemania

En Alemania, los alumnos volvieron a las aulas desde principios de agosto, de manera escalonada por todo el país como cada año. Reiniciar el curso escolar con la mayor normalidad posible y a tiempo completo es una prioridad para el Gobierno alemán. Cada uno de los 16 Estados federados decide las medidas higiénicas que rigen en sus escuelas. En la mayoría, los alumnos llevan mascarilla en las zonas comunes como el pasillo o los cuartos de baño, pero no en las aulas.

El arranque ha transcurrido de momento sin grandes sobresaltos en Alemania, donde la llamada segunda ola es menor que en otros países del entorno. La cifra diaria de contagios reportada este domingo fue de 948 en un país de 83 millones de habitantes.

Las cifras de contagios en las escuelas varían según los Estados federados y no hay un recuento unificado. Fuentes de la ciudad-Estado de Berlín indican a este diario que en 25 escuelas de un total de 692 y de 360.000 alumnos ha habido al menos un caso positivo. Como regla general, las personas contagiadas deben cumplir una cuarentena de 14 días, aunque también “pueden cerrarse grupos enteros”, añaden.

Francia y los catarros traicioneros

10 días después del inicio del curso en Francia, en muchas escuelas la principal causa de agitación no es el coronavirus, sino los catarros. Los profesores los confunden a veces con síntomas de covid-19 o son previsores y prefieren no correr riesgos. Los menores deben regresar a casa y no pueden volver al centro sin un certificado. Algunas consultas médicas están desbordadas.

“Hay un flujo de llamadas a los padres para que vengan a buscar a los niños porque piensan que tienen los síntomas”, dice Hanane Moughamir, inspectora del Ministerio de Educación Nacional en la circunscripción de Moissy, al sur de París. “Esto resulta un poco complicado de gestionar para las familias”, añade.

En toda Francia, han cerrado 32 centros, un 0,05% del total de los más de 60.000, y 524 clases de un total de 150.000, según explicó el jueves el ministro-portavoz del Gobierno, Gabriel Attal, en la cadena BFMTV.

El Gobierno ofrece una amplia discrecionalidad a las escuelas para mantenerse abiertas o cerrar en el caso de que se detecten niños, profesores o empleados del centro con la enfermedad. En colaboración con la Agencia Regional de Sanidad, se establece la lista de contactos que deben quedarse en casa, hacerse el test y cumplir la cuarentena de 14 días.

Sin cifras en Rusia

En Rusia, en la mayoría de las regiones, se ha vuelto a las aulas casi como antes de la pandemia. El organismo de protección de la salud sí ha emitido una serie de pautas: tomar la temperatura a los alumnos a la entrada, que no acudan a clase al más mínimo síntoma y también extremar la higiene y la limpieza de las instalaciones. Además, se ha pedido a los colegios que hagan una programación para que los alumnos de distintas clases y cursos no coincidan durante las pausas ni en los recreos, periodo en que las aulas y las zonas comunes volverán a desinfectarse, según el departamento de Salud.

No se han dispuesto medidas de separación específicas entre pupitres y las mascarillas no son obligatorias, pero el Ministerio de Educación ha dejado a criterio de cada escuela establecer medidas adicionales. También deben intentar que haya más actividades al aire libre. En algunas zonas de regiones como Transbaikalia y Sverdlovsk varias escuelas han tenido que volver a modo remoto de nuevo al detectar casos de la covid-19 aunque no hay cifras oficiales.

Israel clausura casi 200 escuelas tras registrar 1.800 positivos en los centros

Pasada una semana del inicio del curso en Israel el pasado día 1, el Ministerio de Educación contabilizó el martes pasado más de 1.800 casos positivos por coronavirus entre alumnos, profesores y personal no docente. Los contagios en la comunidad escolar –que han puesto bajo cuarentena domiciliaria a cerca de 25.000 personas– han obligado a cerrar al menos 42 centros de educación y 150 jardines de infancia en todo el país.

Pero estas cifras oficiales no incluyen datos de las 40 ciudades y distritos, en su mayoría árabes y ultraortodoxos judíos, que desde el miércoles se encuentran bajo toque de queda parcial y donde se ha suspendido durante una semana la enseñanza presencial. Tampoco comprenden información sobre los centros que solo han clausurado las aulas donde se han registrado casos positivos por covid-19.

Las autoridades educativas consideran que la tasa de infecciones en las escuelas es cuatro veces más baja que la de la población en general. Sin embargo, poco ha durado la vuelta a las aulas en Israel. Ante la virulencia de la segunda ola que vive el país, con unas cifras más de 4.000 contagios diarios en un país de nueve millones de habitantes, el Gobierno ha ordenado en la tarde de este domingo un reconfinamiento general de la población que incluye el cierre de los colegios. Las nuevas restricciones empezarán el próximo viernes, 18, y durarán como mínimo tres semanas.


Con información de Macarena Vidal Liy (Pekín), Juan Carlos Sanz (Jerusalén), Ana Carbajosa (Berlín), Marc Bassets (París), Rafa de Miguel (Londres), María R. Sahuquillo (Moscú), Daniel Verdú (Roma) y Felipe Sánchez (Lisboa)

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