Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Los saberes y disciplinas en la futura ley educativa

Se podrán combinar los saberes disciplinares con las competencias que deben adquirir los estudiantes

Javier Hernández

Toda ley de reforma educativa despierta polémicas y debates en torno a cómo se enfoca el derecho a la educación, qué estructura y ordenación adopta el sistema y cómo ha de ser su modelo curricular. Las leyes básicas no entran a detallar todas y cada una de las asignaturas que forman parte de cada curso y etapa, sino que se concretan posteriormente a través de decretos de desarrollo curricular. Así ha sido en todas las leyes educativas, desde la Ley General de Educación (1970) hasta el actual proyecto de Lomloe (2020).

La excepción fue la Lomce (2013), que introdujo aspectos de detalle sobre asignaturas de curso y etapa utilizando una técnica jurídica excesivamente reglamentista y escasamente operativa para los tiempos inciertos que vivimos.

Que ahora en la Lomloe, próxima a debatirse en el Congreso, no se mencionen las materias en el listado de asignaturas no significa, en modo alguno, que desaparezcan. Los saberes y disciplinas de la futura ley siguen siendo los mismos, aunque incorporando innovaciones necesarias para responder a los nuevos desafíos. La evidencia experta nos dice que el conocimiento escolar del siglo XXI no puede soportarse sobre una parrilla de asignaturas aisladas e inconexas, a modo del eterno trivium y quadrivium.

“Que no se mencionen materias en el listado no significa que desaparezcan”

Todos los agentes de nuestro sistema educativo coinciden en señalar la excesiva extensión del currículo vigente, su falta de flexibilidad y la inconcreción de las competencias transversales. Por eso la Lomloe potencia que los centros y los equipos docentes puedan adoptar el ámbito como forma de organización curricular, más allá de una clasificación estanca de asignaturas, permitiendo un tratamiento interdisciplinar del conocimiento que, trabajado por proyectos, resulte más relevante y profundo para el aprendizaje.

Así se podrán combinar los saberes disciplinares con las competencias que deben adquirir los estudiantes y se les preparará para que ganen y maduren en pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad, la verdadera esencia de la educación. Es decir, para que aprendan a aprender desarrollando las competencias clave que determinarán su futuro y que podrán garantizar un aprendizaje más sustantivo en Bachillerato y en Formación Profesional, con conocimientos y competencias más complejas y especializadas.

Estas medidas se desarrollarán en futuros decretos de currículo para que la estructura clásica de asignaturas pueda convivir y evolucionar con una mayor globalización curricular y ámbitos interdisciplinares. Este enfoque es el que ha adoptado, por ejemplo, Finlandia con un consenso internacional del que nuestro país no puede quedar atrás.

Está universalmente aceptado que el futuro educativo de las matemáticas y las ciencias pasa por su interrelación transversal con las artes y humanidades. Coincidimos en la relevancia de las matemáticas. Están en todas partes y construyen nuestro mundo, nuestra lógica y nuestro pensamiento, pero también las humanidades comparten estas virtudes.

“El futuro de ciencias y matemáticas pasa por interrelacionarse con artes y humanidades”

La Lomloe incorpora un enfoque de orientación educativa y profesional con perspectiva de género para superar la brecha de acceso de las chicas a las vocaciones científicas. Disciplinas tecnológicas, científicas y matemáticas que también forman parte constitutiva de la Formación Profesional, especialmente de las nuevas titulaciones para la industria 4.0. Saber construir drones, gestionar big data y operar en fabricación inteligente, por ejemplo, requiere contenidos matemáticos, científicos y tecnológicos que son imprescindibles y cuyas bases se asentarán en las etapas previas y en la propia Formación Profesional.

A su vez, la educación primaria no puede concebirse sin introducir la robótica y las bases del pensamiento computacional. Nuestros jóvenes requieren alfabetizaciones múltiples para desenvolverse en un futuro impredecible y complejo, en el que será necesario saber formularse preguntas desde una sólida base científica y humanística, superando la actual dualidad.

La presencia de la cultura matemática, científica y tecnológica en el modelo educativo derivado de la Lomloe se va a incrementar y diversificar para mejorar resultados en matemáticas y ciencias, que podrá comprobarse en las futuras pruebas TIMSS y PISA. Una mejora que merece nuestro país por su nivel de desarrollo económico, de inversión educativa y de esfuerzo conjunto del sistema, del profesorado y del alumnado en un marco curricular adecuado para este siglo.

Nuestro sistema educativo será, con la Lomloe, exigente, equitativo y competencial. Inmediatamente después de su aprobación emprenderemos el desarrollo curricular, proceso en el que las sociedades científicas, con las que ya hemos creado un grupo de trabajo, harán sus aportaciones de índole disciplinar e interdisciplinar. Nuestro objetivo es despertar en los jóvenes la curiosidad y la pasión por el conocimiento, clave para el desarrollo de las sociedades.

Isabel Celaá es ministra de Educación y Formación Profesional.

Siga EL PAÍS EDUCACIÓN en Twitter o Facebook.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS