Las lecciones de liderazgo del jefe de los masáis que pasó la prueba de aguantar el fuego en sus brazos: “La comunidad observa a los jóvenes para seleccionar al jefe. Se valora la valentía y la inteligencia”
William Kikanae trabaja para construir una sociedad de progreso en medio de la sabana. Su gestión se centra en tres ejes: educación, mujer y empleo

William Kikanae Ole Pere es un líder comprometido. Renunció a una beca que le concedió Michael Jordan en Estados Unidos para centrarse en su comunidad. Se encuentra estos días en España para promocionar sus proyectos para la subsistencia del millón de masáis que habita en Tanzania y Kenia, donde está la reserva Masái Mara. Para ello, ha cerrado su participación en encuentros de formación en liderazgo con distintas compañías y directivos. A la cita, en un hotel madrileño, llega con paso tranquilo y una sonrisa. Una túnica y un sinfín de collares, pulseras y brazaletes, componen su alegre vestimenta. Una estampa que “busca transmitir la felicidad con la que vivimos. Somos pobres, pero damos mucho valor a lo que tenemos: agua, comida, educación, carreteras y hospitales”, sostiene.
En la década de los cincuenta (en su comunidad la edad se mide por décadas en lugar de por años), continúa luchando en tres frentes clave para el desarrollo de su clan. El primero es la educación infantil, “esencial para nuestro futuro” e impulsada con la creación de la escuela-residencia Mara Visión School. El segundo ámbito es el empoderamiento laboral de la mujer, que le ha convertido en auténtico referente para la sociedad africana. El tercero pasa por dignificar la figura del guerrero masái. Una labor que canaliza a través del proyecto Sawa Mara, que integra el Masai Ecolodge (alojamiento turístico sostenible) y la organización de safaris. En este entorno ejerce, además, de guía turístico, tarea de la que han sido testigos visitantes como Barak Obama o Hillary Clinton.
Los tres proyectos se articulan bajo el paraguas de la ONG Adcam, que fundó en 2005 junto a la emprendedora española Rosa Escandell, que define como su ángel de la guarda. “Rosa trabajaba en cooperación internacional y llevaba en Washington una campaña mundial de microcréditos. Buscaba un proyecto con foco en la mujer africana. Le hablaron de un masái que llevaba ocho años recorriendo una y otra vez el largo camino hasta Nairobi, con su proyecto empresarial para la mujer bajo el brazo, sin éxito. Me escuchó. Creyó en mí y ahí comenzó todo”.
El milagro M-Pesa
El dirigente masái considera que el secreto para guiar con éxito un grupo, en entornos especialmente desfavorables, reside “en el respeto y la confianza que generes, la pasión que pongas y en tu capacidad para resolver. Es algo que te tienes que ganar”, señala. Como fue lo suyo con el liderazgo que hoy ejerce. “La comunidad observa a los jóvenes para seleccionar al futuro jefe. Se valora la valentía (muestra las pequeñas cicatrices tras aguantar el fuego en sus brazos) y la inteligencia. Pero también ser capaz de encontrar soluciones a los problemas y estar muy atento a las necesidades de la comunidad”. Un aspecto con el que se ha visto impulsado al disponer de la solución de telefonía M-Pesa (M de móvil; Pesa, dinero en suajili), pionera en Kenia. Este sistema, desarrollado por el mayor operador del país, Safaricom (71% de cuota de mercado), ofrece una plataforma de pagos móviles, sin cuenta bancaria y con solo una tarjeta SIM.
“Actúa como un bizum: transfiere fondos con los terminales. Para nosotros ha sido crucial”. Y ejemplifica: “Si una persona se pone enferma, toda la comunidad contribuye aunque no la conozcan”. Algo especialmente importante en el entorno del Masai Mara, que supera los 1.500 kilómetros cuadrados de extensión. Esta reserva, cuyos títulos de propiedad pertenecen a la tribu, es precisamente uno de los caballos de batalla en la gestión de Kikanae. Y es así porque, de las 11 áreas de conservación que la componen, en tan sólo en una, la de Lemek, la gestión continúa en sus manos y es la única que revierte sus ganancias al poblado.
Renegociar rentas
“El resto se hallan arrendadas a blancos en condiciones que tratamos de mejorar”. Su alquiler, de hecho, es uno de los puntos más calientes. “Ayudo a los propietarios de esas tierras a renegociar adecuadamente las condiciones de los contratos (a 25 años) para mantener su identidad. Rentas baratas y a 100 años les hacen perder su control e hipotecar el futuro de sus hijos, como ha ocurrido”. Y añade: “Es muy tentador obtener ingresos a corto plazo, pero hay que pensar más allá”.
Kikanae trabaja además para dignificar al guerrero masái que esté interesado en buscar alternativas laborales al pastoreo. “Las posiciones que les ofrecen no pasan de portero, aparcacoches e incluso figura decorativa a la puerta de los más de 800 hoteles ubicados en el Masai Mara”. Reconoce que necesitan formación. Y, como representante del poblado, se ha movido para desarrollar un programa de formación profesional en turismo “para que se instruyan en hostelería”. Y ha conseguido que su Ecolodge sea un hotel que ofrezca prácticas para las escuelas de turismo africanas. “Hacemos cartas de recomendación para adjuntar al currículo. Sin ellas es imposible acceder a un empleo”. Kikanae cuenta orgulloso que, de los alumnos, ya hay quienes se han colocado. “Una mujer masái del poblado, formada en gastronomía sostenible, es ahora chef del Ecolodge y otro compañero, que entró de lavaplatos, ejerce de encargado”.
El dirigente masái es, además, un líder visionario. Desde hace más de 20 años y en una sociedad patriarcal, defiende los derechos de la mujer y su entrada al mercado laboral. Con Rosa Escandell a su derecha, han sacado adelante el Women Project. Hoy da empleo a más de 1.400 mujeres de la tribu con proyectos de artesanía local y pequeños negocios. Ambos financiados con fondos que ellas obtienen de microcréditos. “Cambiar la mentalidad del hombre, por su condición de guerrero, ha sido un proceso complejo. Se opusieron incluso algunos militares. Finalmente, vieron que era bueno para la comunidad, porque la mujer, sin dejar de traer agua y leña y cuidar de los niños, era capaz de generar sus propios ingresos”. Antes de despedirse para su intervención en la empresa Cyberlideria, Kikanae insiste en invitar a todo el que le escuche a su poblado. “Queremos recibir a personas para que nos conozcan. Somos mucho más que simples fotos de un safari”.
Gestión del talento
Si se le pide al número uno de los masái que defina un buen liderazgo, asegura que “siempre será bueno, con independencia de donde se ejerza, el que sitúa en el centro a las personas, pero de verdad”. Su fórmula reside en contar con los mejores. “Atraer al mejor talento para ayudarte y no para competir”. Frente al ruido de la gran ciudad, aconseja al directivo que “no piense globalmente en todo lo que tiene encima. Priorice. Asuma uno a uno los problemas y resuelva. No todo es cuestión de vida o muerte”, dice. A Kikanae le preocupan mucho las nuevas generaciones, a las que recomienda “viajar y conocer otras culturas”. Y al hombre blanco, “que no valora todo lo que tiene y se ha hecho excesivamente individualista”, le recuerda “el valor de la unidad”.
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