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Estrógenos SA: el gran negocio en torno a la menopausia

La menopausia, hasta ahora muy desatendida, está conformando un negocio millonario. Solo el mercado de medicamentos tiene el potencial de alcanzar los 230.000 millones de dólares a escala mundial

Negocios menopausia
Cristina Estanislao
Sandra López Letón

Durante demasiado tiempo, la menopausia ha sido un asunto incómodo, vergonzoso y silenciado. Este proceso fisiológico normal, que la mayoría de las mujeres experimentan en torno a los 51 años y que es fruto del envejecimiento biológico, ha sido un gigantesco tabú, casi una cárcel, durante siglos. Su señalamiento viene de muy lejos. El estigma no ha desaparecido por completo, pero empieza a darse una cierta normalización social. Y en torno a ella, una oportunidad de negocio inmensa.

Millones de mujeres hoy tienen menopausia —la fase posterior a 12 meses consecutivos sin la menstruación o la inducida por tratamientos oncológicos— o perimenopausia —la etapa previa en la que empiezan los desajustes hormonales y que va de los 40 a los 50 años—. Sin embargo, el 85% de las mujeres en el mundo que están pasando por esos procesos no están tratadas. La estadística se replica en España, donde “solo el 16,7% de las que tienen síntomas asegura utilizar algún tratamiento”, revela Sonia Sánchez, ginecóloga especialista en menopausia y tesorera de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).

Esta etapa de la vida de la mujer, en la que se produce la pérdida de la función folicular de los ovarios y la disminución de los niveles de estrógenos y progesterona en la sangre, es casi tan larga y trascendental como la pubertad y, sin embargo, ha sido desatendida. Y eso que tiene un impacto negativo en la salud, el bienestar y la longevidad de la mujer. “Es un tema de salud importante, pero poco estudiado, que afecta a millones de mujeres en todo el mundo cada año”, aseveran en la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pero suenan tambores de cambio. Y, aunque queda mucho camino por recorrer, estamos en un lugar distinto. “El mundo está despertando poco a poco a la menopausia. Por fin. La próxima generación tendrá una experiencia totalmente diferente”, señala Loretta Dignam, consejera delegada y fundadora de The Menopause Hub, centro de atención integral a la menopausia con sede en Dublín. Su cruzada nace de su propia experiencia: “Me pareció solitaria, desafiante y muy difícil de navegar”. Pero se muestra entusiasmada: “Por fin ha comenzado la revolución de la menopausia”.

Una revolución que también es económica. La consultora McKinsey cifra el potencial del mercado mundial de medicamentos con receta (hormonales y no hormonales) entre los 120.000 y 230.000 millones de dólares (entre 111.814 y 214.310 millones de euros al tipo de cambio actual). Las farmacéuticas Astellas y Bayer se han situado en los primeros puestos en el sector de tratamientos no hormonales, que los expertos prevén que crezca con intensidad. La menopausia se encuentra entre las afecciones de salud femenina menos atendidas y satisfechas, por lo que el potencial es enorme, sobre todo respecto a la investigación con fármacos innovadores. “Las empresas biotecnológicas y farmacéuticas están ahora más abiertas que antes a tratar específicamente los problemas de la menopausia. Existen terapias hormonales y fármacos en el mercado y en fase de desarrollo para tratar síntomas específicos”, indican en la consultora Frost & Sullivan.

Pero hay mucho más. Hay una repentina avalancha de productos y servicios centrados en los síntomas que provoca la retirada de la menstruación. Hablamos de suplementos naturales y productos farmacéuticos de venta libre (vitaminas, isoflavonas de soja, lúpulo, extracto de polen…), productos para el cuidado personal (champús y cremas para la sequedad de la piel) y el bienestar sexual (lubricantes), aparatos para ejercitar el suelo pélvico, así como dispositivos médicos para aliviar los sofocos, parches, bálsamos y bandas refrescantes. Las biofarmacéuticas están desarrollando nuevas terapias que buscan la longevidad ovárica y están surgiendo cada vez más empresas que ofrecen atención virtual para conectar a los pacientes con especialistas. Sin olvidar el negocio aledaño en torno a gimnasios, nutricionistas, psicólogos… También la industria de la moda mueve (una pequeña) ficha: la cadena irlandesa Primark presentó en 2022 una colección que ayuda a regular la temperatura corporal. Y si las variables que entran en juego son la carga sanitaria adicional y la pérdida de productividad laboral, el impacto alcanzaría los 810.000 millones de dólares (754.745 millones de euros), de acuerdo con el análisis de Frost & Sullivan.

Presión demográfica

Hay varios factores que explican el despertar de la economía de la menopausia. El demográfico es apabullante. La pirámide poblacional global está evolucionando hacia una sociedad cada vez más longeva. La mayor esperanza de vida ganada ha puesto el foco en esta etapa vital. “Antes no se hablaba de menopausia porque las mujeres morían antes de cumplir los 50 años”, recuerda Juan José Vidal, fundador y director de la Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional desde 1991. En 2030 “habrá 1.100 millones de mujeres con menopausia en el mundo, es decir, el 12,5% de la población mundial. Y cada año, 47 millones de mujeres entrarán en esta fase. Es una cifra asombrosa”, cuenta Dignam. Hay pocos segmentos de la población tan grandes y, a la vez, tan ignorados durante tanto tiempo. Desde Frost & Sullivan afirman que “la cifra es superior a la prevalencia de la mayoría de las enfermedades crónicas”.

En España hay algo más de nueve millones de mujeres que están en fase de transición menopáusica, según el INE. Es una etapa que suele ir de los 40 a los 65 años (abarca desde la perimenopausia hasta la posmenopausia). Todas estas mujeres están expuestas a más de 40 síntomas, desde leves hasta graves y debilitantes. El 90% sufre alguno, de acuerdo con AEEM. Y “entre el 25% y el 50% padecen síntomas severos”, apunta Sánchez. De media, estas afecciones suelen durar entre siete y diez años. En la asociación creen que es importante “desvincular la menopausia de la enfermedad”, porque no lo es, pero admiten que “es una condición que en algunos casos puede provocar la pérdida de salud y requiere atención medica”, indica Sánchez.

Los temidos sofocos, la sequedad vaginal y la falta de deseo sexual son los efectos más habituales. También insomnio, desánimo, incontinencia urinaria, aumento de peso, niebla cerebral y dificultad de concentración. Además, una de cada tres mujeres experimentará cambios psicológicos significativos durante la perimenopausia. Y, a medio plazo, estarán más expuestas a tener fracturas óseas, accidentes cerebrovasculares e incluso tumores. “Dada la disminución de estrógenos, corren un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiacas, osteoporosis y enfermedades cognitivas (demencia y alzhéimer)”, comenta Dignam. Si tenemos en cuenta que la esperanza de vida media de las mujeres en España se va a situar pronto (en 2030) en los 86 años, el riesgo de padecer estos males es alto.

Poder adquisitivo

Es una espada de Damocles sobre la cabeza de millones de mujeres. Mujeres maduras. Y aquí entra en juego otro factor que explica que la industria empiece a ganar peso. En general, la madurez de la mujer suele coincidir con una etapa vital en la que es independiente, está integrada en el mundo laboral y dispone de mayor poder adquisitivo. “Ante el malestar que provoca la transición menopáusica está dispuesta a invertir en soluciones que le proporcionen un mayor bienestar y le permitan mantenerse activa y sana”, expresa Eduardo Salvo, socio de Antai Ventures, grupo que invierte en empresas emergentes en España. Se trata de uno de los segmentos de población que más gasta en salud y bienestar, unos 520 euros al año, un 30% más que las mujeres en la etapa fértil, prosigue Salvo.

Se está desabrochando el corsé de una nueva y enorme oportunidad de negocio a la que empieza a dirigir su mirada el capital riesgo, que hasta hace muy poco no había tenido ningún interés por la menopausia. Las start-ups o compañías creadas en los últimos años relacionadas con la salud femenina (las denominadas femtechs) se han enfocado sobre todo en la fertilidad, un nicho donde existe gran competencia y cuyo mercado está saturado. De hecho, solo el 5% de las empresas de salud femenina está focalizada en este sector.

Entre 2015 y el primer trimestre de 2023, las firmas de capital riesgo apenas han invertido 530 millones de dólares en la creación de nuevas start-ups dedicadas a esta fase vital de la mujer (sobre todo en biofarmacia y atención clínica), según los datos de PitchBook y Crunchbase, que excluye a las empresas que ofrecen atención a la menopausia como parte de un conjunto de servicios. Sin embargo, el año pasado ya se notó un mayor apetito inversor. “Solo en 2023 la inversión de venture capital global en el espacio menopausia representó 230 millones de dólares, lo que significa un incremento del 22% respecto al año anterior”, expone el socio de Antai Ventures.

Más capital significa más emprendedores, compañías e innovación en el mercado y, en consecuencia, una mayor disponibilidad de productos y servicios diseñados para el bienestar físico, mental, emocional y social de las mujeres. La firma de capital riesgo SJF Ventures ha identificado 50 empresas categorizadas en biofarmacéutica, bienes de consumo, tecnología digital, dispositivos médicos y atención virtual e híbrida que ofrecen todo tipo de soluciones terapéuticas, como alargar la salud ovárica (Oviva Therapeutics) o crear células ováricas reprogramadas (Gameto), así como dispositivos que se colocan a modo de reloj y refrescan con solo tocar un botón cuando empiezan los sofocos (Embr Labs), de venta por 280 euros. Al ser un mercado poco explotado, ha habido escasas operaciones de compra y ninguna salida a Bolsa.

La actriz Halle Berry pide en un acto celebrado en Washington el 2  de mayo más fondos públicos para la menopausia. 
La actriz Halle Berry pide en un acto celebrado en Washington el 2 de mayo más fondos públicos para la menopausia.  Tom Williams (GETTY IMAGES)

Los servicios de suscripción serán cada vez más habituales. La start-up Evernow, nacida en 2019 de la mano de las actrices Gwyneth Paltrow, Cameron Diaz y Drew Barrymore, y otras celebridades que inyectaron 28,5 millones de dólares, ofrece desde San Francisco planes de atención integral a la menopausia desde 29 dólares al mes (con acceso a expertos, terapia hormonal y no hormonal…). Más famosas han visto el filón. La actriz Naomi Watts ha lanzado su propia marca de belleza y bienestar centrada en la menopausia, llamada Stripes, en asociación con la empresa de biotecnología Amyris. También la actriz Judy Greer es socia fundadora de la start-up Wile y Halle Berry ha creado Respin, una plataforma digital para mujeres que están experimentando los primeros síntomas.

Telemedicina

En Estados Unidos, país pionero en el desarrollo de este mercado, la menopausia ya es una industria millonaria liderada por mujeres emprendedoras. Un buen ejemplo es Maven Clinic, start-up de telemedicina centrada en la salud de la mujer que alcanzó en 2021 la categoría de unicornio al lograr una valoración superior a 1.000 millones de dólares y cuya consejera delegada y fundadora es Kate Ryder. Son rotundos: “Ha llegado la fiebre del oro de la menopausia”.

La clínica, que ofrece sus servicios a empresas y seguros de salud, lanzó en 2022 un programa dedicado a la menopausia, con el que se accede de forma virtual a todo tipo de proveedores, desde ginecólogos hasta nutricionistas. “Desde entonces, se ha convertido en nuestro programa de más rápido crecimiento hasta la fecha: en poco más de un año, hemos tenido más de 350 empresas que han adoptado nuestro programa de menopausia, que abarca 3,5 millones de vidas”, dicen desde Maven. Entre ellas están Amazon, Microsoft, Bumble y British Standards Institution. La plataforma, que tiene entre sus inversores a General Catalyst, Oak HC/FT, Sequoia, Dragoneer Investment Group y Lux Capital, está disponible en más de 175 países, incluido España. “Es uno de nuestros mayores mercados fuera de Estados Unidos”, afirman, aunque no desvelan el nombre de las compañías.

En España la industria está gestándose aún, aunque cada vez ocupa más espacios. Aseguradoras como Asisa han creado un programa integral de menopausia y cada vez más empresas dedicadas a los complementos vitamínicos introducen en su cartera productos para aliviar los síntomas. Un ejemplo es Domma, start-up que las emprendedoras barcelonesas Mireia Roca y Cristina Martínez fundaron en 2021. El pasado año facturó 500.000 euros, y este año la previsión es llegar a 1,3 millones y lograr beneficios por primera vez. “Nos fue complicado llegar a inversores y sigue siendo complicado por el mero hecho de que normalmente son hombres y es algo muy desconocido”, comenta Roca. En febrero captó 950.000 euros en una ronda de financiación liderada por Secways y que contó con la participación de Antai Ventures, incubadora e inversora que ya había respaldado a la empresa. “Hemos visto un pequeño cambio a nivel de negocio, pero a nivel de sociedad nos queda muchísimo por hacer”, sostiene Martínez.

La empresa comercializa productos naturales y de elaboración propia para reducir los principales síntomas de la menopausia (vitaminas, suplementos, sérum…). “Todos nuestros tratamientos son de base científica, aunque sean naturales. Con laboratorios externos estamos testando estos productos y tenemos una efectividad media superior al 85% en la mejora de los síntomas”, dicen las emprendedoras. El tique medio es de 50 euros por dos productos. También ofrecen un servicio de acompañamiento individualizado y seguimiento del estado físico y mental, así como actividades de divulgación. Ya cuentan con una comunidad de más de 130.000 mujeres.

Que al mercado estén llegando productos y servicios para combatir la sintomatología es una buena noticia, pero no todos son igual de eficaces ni están probados mediante ensayos clínicos. “Muchas empresas se están subiendo al carro de la menopausia. Y hay mucho menowashing, como el greenwashing. Hay aspectos positivos y negativos. Lo positivo es que ayuda a normalizar la menopausia y la perimenopausia. Lo negativo es que, una vez más, se está explotando a las mujeres, lo cual está mal”, opina Dignam.

Una de las opciones de tratamiento es la terapia hormonal sustitutiva (THS), que implica la administración de estrógenos sintéticos (en forma de pastillas, parches, geles…) para reemplazar los niveles hormonales agotados de la mujer. La mayoría de estos tratamientos están financiados en España por el Sistema Nacional de Salud, aunque la mayoría de farmacéuticas suelen tener variantes que no se subvencionan.

El aumento de la prevalencia de los síntomas y la mayor conciencia sobre las dificultades posmenopáusicas son dos factores importantes que impulsarán este negocio, en el que juegan compañías como Bayer, Novo Nordisk o Pfizer. Se estima que el mercado de reemplazo de estrógenos crecerá a una tasa compuesta anual del 5,7% durante el periodo 2022-2027, hasta alcanzar los 13.200 millones de dólares, de acuerdo con IndustryARC. Aunque la consultora cree que el temor a los efectos secundarios podría obstaculizar dicho crecimiento.

El consumo de terapia hormonal cayó en picado en 2002 tras la publicación de los resultados del estudio WHI (Women’s Health Initiative), que concluyó que la THS causaba cáncer de mama, coágulos y derrames cerebrales. “De la noche a la mañana, las mujeres dejaron de pedir THS y los médicos dejaron de recetarla. Las tasas cayeron del 36% en Estados Unidos al 6%”, señala Dignam. Entonces, hubo un repunte de medicamentos homeopáticos.

Años después, los autores de la investigación han pedido disculpas, ya que sus resultados nunca fueron revisados por pares y se sacaron de contexto. Recientemente, 21 sociedades científicas y médicas de todo el mundo han consensuado un documento recomendando la terapia hormonal en la menopausia. Pero la sombra de aquel informe sigue siendo larga. En España solo un 4% de las mujeres con síntomas menopáusicos y un 2,3% de las que están en la perimenopausia utilizan la terapia hormonal, una cifra que contrasta con el 20% de las mujeres que recurrían a ella hace 20 años, según datos de la AEEM. De acuerdo con la asociación, una de cada cinco mujeres españolas de más de 50 años —alrededor de 1,6 millones— tiene ahora peor calidad de vida que las generaciones anteriores. El 5,2% usa compuestos naturales y el 5,3%, tratamientos no hormonales. “Sigue ocurriendo, aunque cada vez menos, que hago recetas de terapia hormonal a una paciente y luego su médico no se lo receta”, dice Vidal, también jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Ruber Internacional. Por esto, la OMS incide en la necesidad de informar a las mujeres de las distintas opciones de tratamiento disponibles para que tengan la libertad de decidir: “Es fundamental garantizar que se escuche a las mujeres, que se tomen en serio sus experiencias y que estén mejor preparadas para lo que les espera en esta inevitable etapa de la vida”.

En paralelo, se investiga y avanza en los tratamientos farmacológicos no hormonales, sobre todo para mujeres que no pueden ser tratadas con hormonas por estar contraindicado (supervivientes de cáncer…). Aquí también están en juego miles de millones.

Productos para el tratamiento de diferentes síntomas de la menopausia, en la Farmacia Corona de Valencia.
Productos para el tratamiento de diferentes síntomas de la menopausia, en la Farmacia Corona de Valencia.Mònica Torres

Veoza, de la farmacéutica japonesa Astellas Pharma, es el primer fármaco no hormonal destinado a reducir los síntomas vasomotores (sofocos) asociados a la menopausia. Ha sido aprobado en EE UU y también en Europa y el Reino Unido. Fezolinetant es una molécula capaz de bloquear el receptor de neuroquinina-3, una pieza fundamental del sistema de comunicación con el lugar del cerebro desde el que se regula la temperatura, en el hipotálamo. Desde mayo se comercializa en España a un precio de 74 euros —con receta médica, pero no subvencionado—. “La reducción media en las usuarias es de un 67% en la frecuencia de los sofocos”, según Antonio Cano, catedrático del Departamento de Pediatría, Obstetricia y Ginecología de la Universitat de València y coordinador del Grupo de Investigación en Salud de la Mujer en el Instituto de Investigación Sanitaria Incliva. “Al comparar con placebo es un 40%, pues los sofocos tienen un gran efecto placebo en todos los estudios”, añade Cano, que ha participado en la investigación internacional publicada en la revista The Lancet sobre este nuevo fármaco. Astellas ha informado que fezolinetant podría generar ventas de entre 2.200 y 3.400 millones de dólares en su punto máximo.

La farmacéutica alemana Bayer también se ha situado de manera muy competitiva al estar desarrollando una alternativa a las hormonas para las mujeres que experimentan sofocos. “Elinzanetant es un primer antagonista dual del receptor de neuroquinina-1,3 (NK-1,3) para el tratamiento no hormonal de síntomas vasomotores asociado con la menopausia”, cuentan en la compañía. Bayer ha anunciado resultados positivos del estudio de fase III Oasis 3, demostrando una reducción significativa de los síntomas vasomotores severos. “Ello nos lleva a iniciar el proceso de autorización de elinzanetant por parte de las principales autoridades sanitarias”, indican. El nuevo fármaco podría generar un potencial de ventas de más de 1.000 millones de euros en todo el mundo.

Así es como poco a poco la menopausia transita del ostracismo al cortejo. A las mujeres se les ha hecho creer durante mucho tiempo que sus problemas no tenían solución o no valía la pena resolverlos. Se había normalizado que la transición no debe ser digna y que cambiarse de camiseta cada hora por las noches o meter la cabeza en el congelador era algo por lo que había que pasar. El director médico de Maven, Neel Shah, publicó en octubre de 2023 en la revista Time un artículo de opinión en el que recuerda cómo la menopausia era a menudo el blanco de una broma de mal gusto. Rememora un anuncio de 2009 de Jack in the Box, franquicia de restaurantes de comida rápida, en el que se decía a las mujeres menopáusicas que bebieran batidos durante los sofocos para no “volverse locas como ratas callejeras”.

Han sido incluso subestimadas por muchos profesionales de la medicina, que no siempre reciben una formación específica haciendo que la mujer tenga muy poca información y realice pocas actividades de prevención durante el climaterio. En EE UU, por ejemplo, “menos de uno de cada cinco ginecólogos recibe formación sobre la menopausia. A las mujeres rara vez se les pregunta por sus síntomas en el entorno clínico y se pierden muchas oportunidades de ayudarlas”, sostiene Shah. “Si los hombres experimentaran la menopausia sería un asunto completamente diferente”, sustenta Dignam.

Por suerte, cada vez son más las que dejan de esconderse y avergonzarse, de hablar en voz muy bajita de los cambios que experimenta su cuerpo, muchas veces animadas por el ejemplo de caras conocidas, como la ex primera dama de EE UU Michelle Obama, la empresaria y presentadora Oprah Winfrey o la cantante Shania Twain.

Un enorme desafío para las empresas

Las mujeres constituyen una gran parte de la fuerza laboral mundial. En 2020, 657 millones de mujeres tenían entre 45 y 59 años y casi la mitad trabajaba, según datos de la Sociedad Europea de Menopausia y Andropausia (EMAS). Muchas de ellas experimentan síntomas vasomotores asociados con la menopausia, como sofocos y sudores nocturnos, que afectan negativamente a su calidad del sueño y, por ende, a su rendimiento laboral.

Que haya mujeres con síntomas incompatibles con una buena calidad de vida contribuye a la pérdida de productividad laboral, según Frost & Sullivan, que cifra la carga en “más de 150.000 millones de dólares (139.557 millones de euros) a nivel mundial”. La consultora aporta, además, otro dato: “La carga sanitaria adicional es de aproximadamente 660.000 millones de dólares (614.050 millones de euros) en todo el mundo”. Solo en Estados Unidos y de acuerdo con un estudio de la clínica Mayo, la economía del país está perdiendo cada año 1.800 millones de dólares en horas de trabajo y 26.600 millones anuales si se incluyen los gastos médicos.

La mayoría de las investigaciones sugieren que algunas mujeres perciben que los síntomas de la menopausia tienen un impacto negativo en el trabajo. El estudio realizado por The Menopause Hub, la única clínica de Irlanda dedicada a esta cuestión, entre septiembre y octubre de 2023 y entre 3.044 mujeres, desvela que el 84% afirmó tener síntomas como la niebla cerebral, la pérdida de memoria, la fatiga, la sensación de agobio, la ansiedad y la pérdida de confianza que afectan negativamente a su rendimiento en el trabajo. El 37% dijo que había faltado a su puesto debido a los síntomas, y el 18% faltó más de tres días. El 77% no se sentía cómoda comunicando a su empleador la verdadera razón de su baja laboral. Un tercio de las mujeres se planteó dejar de trabajar y un 7% terminó renunciando. Siete de cada diez de las encuestadas dijeron querer formación sobre lo que supone esta etapa vital para todos los compañeros.

La menopausia en el ámbito laboral sigue siendo invisible en gran medida y pocas veces las trabajadoras se sienten apoyadas. Hay voces —incluso el debate ha llegado hasta el Parlamento Europeo— que creen que limitar la menopausia a las esferas médica y privada genera discriminación y la salida prematura de las mujeres del mercado laboral, lo que contribuye a la pérdida de conocimientos, competencias y experiencia y genera grandes pérdidas económicas.

Aunque en este terreno también suenan tambores de cambio. Algunas empresas, conscientes del impacto, han adoptado planes de apoyo a sus trabajadoras. Loretta Dignam, fundadora de The Menopause Hub, cita Lidl en Irlanda, Bank of Ireland, Channel 4, Unilever Reino Unido e Irlanda, Accenture y HSBC. “Cada vez más empresarios se dan cuenta de que la menopausia es un riesgo por la disminución del rendimiento, el presentismo, el absentismo, la retención y la contratación”, comenta Dignam.

La EMAS ha elaborado un listado de recomendaciones para abordar la menopausia en el lugar de trabajo. Entre ellas están que la salud y el bienestar de las mujeres durante esta etapa vital sea una prioridad para las empresas y que no sean discriminadas, marginadas o descartadas debido a los síntomas que padecen. Entre los cambios que propone están el poder regular la calefacción, horarios flexibles, acceso al baño y el uso de ropa confortable.

Sin embargo, en la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia no son partidarios de hablar del impacto en el trabajo por miedo a que el debate se pueda convertir en un arma de doble filo. “Que no se vea como un factor que puede hacer que las mujeres dejen de trabajar por la menopausia, nos ha costado mucho llegar hasta aquí y no se debería dar el mensaje de que la menopausia resta capacidades en el mundo laboral”, dice Sonia Sánchez, ginecóloga especialista en menopausia y tesorera de AEEM.

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Gráficos: Patricia San Juan Flores
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