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Emprendimiento
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Dinámica empresarial y productividad

Hay que prestar atención a las regulaciones que afectan a la creación de una compañía o a su disolución

Ilustración Negocios

Una economía sana requiere un sector empresarial dinámico, con entrada de nuevas empresas, preferiblemente muy innovadoras, así como el crecimiento y declive de las empresas existentes, y el fracaso y salida de algunas de ellas. El dinamismo empresarial es importante porque favorece la competencia, estimula la innovación y apoya el crecimiento de la productividad. Además, las empresas jóvenes son fundamentales para la creación de empleo, responsabilizándose de más de la mitad del empleo creado en muchos países de la OCDE. En España —pese a representar solo el 6% del total de empresas y el 11% del empleo— generaron el 80% de los nuevos empleos entre 2014 y 2017. En la actualidad, en los países de la OCDE, incluida España, el sector empresarial es menos dinámico de lo que era. Investigaciones recientes apuntan a su progresiva disminución, con un número relativamente menor de nuevas empresas, una reasignación más lenta de empleos dentro de la economía, y una creciente concentración en muchos sectores. Los últimos datos publicados por el INE ofrecen resultados mixtos para España: elevado dinamismo en la creación de nuevas empresas, a una tasa del 15,4% anual —la más elevada desde 2013—, junto a la reducción del número de empresas disueltas.

La reducción del dinamismo empresarial está relacionada con factores que son en parte estructurales, como el crecimiento de la economía digital y el envejecimiento de la población. También se ve afectada por medidas de política económica como las regulaciones a la entrada, el crecimiento y la salida de empresas; la financiación de las start-ups, y la política de innovación. La reciente crisis de la covid también le ha afectado. La entrada de nuevas empresas cayó drásticamente al comienzo de la crisis, especialmente en 2020, seguida de su recuperación a partir de 2021. En EE UU y el Reino Unido la recuperación fue rápida —en algunos casos ya en 2020— y, desde entonces, el rápido crecimiento de las start-ups ha compensado la pérdida de empresas que se produjo al comienzo de la crisis. En otros países, entre ellos España, la recuperación de las start-ups está siendo más lenta.

Además, durante la crisis, el número de quiebras empresariales cayó drásticamente en casi todos los países de la OCDE. Esto se debió a que muchos gobiernos tomaron acertadamente medidas para apoyar y prevenir así posibles quiebras. En consecuencia, el número de quiebras en la mayoría de los países de la OCDE se mantuvo muy por debajo de los niveles anteriores.

La disminución del dinamismo empresarial tiene consecuencias en el crecimiento de la productividad. Menos empresas de rápido crecimiento implica menos innovación, lo que reduce la competencia y aumenta el poder de mercado de las empresas existentes. Además, la disminución de las quiebras, combinada con el apoyo financiero público tras la crisis de la covid, ha podido favorecer el aumento del número de empresas zombis improductivas que ya no son económicamente viables, lo que también tiene consecuencias negativas para el crecimiento de la productividad.

Apoyar la competencia, la innovación, la productividad y el crecimiento del empleo requiere apoyar también el dinamismo empresarial. Para ello se puede utilizar diversos instrumentos. El primero es mejorar el acceso a la financiación, en particular para las start-ups que enfrentan circunstancias particularmente difíciles ya que su crecimiento se basa, en la gran mayoría de los casos, en activos intangibles que son más difíciles de utilizar como garantía colateral.

El segundo es la innovación. Es importante facilitar la difusión de conocimientos y tecnología a las empresas jóvenes de alto crecimiento, pero también a las pequeñas y medianas, ya que contribuirá a reducir la brecha en el crecimiento de la productividad entre las empresas grandes y pequeñas.

El tercero es el fomento de la competencia. La disminución del dinamismo empresarial, la creciente brecha en el crecimiento de la productividad entre líderes y seguidores, y los crecientes niveles de concentración industrial sugieren que se están produciendo cambios estructurales en la economía global. Estos parecen estar relacionados, al menos en parte, con la digitalización y la importancia de los activos intangibles. Los responsables de las políticas de competencia tendrán que seguir de cerca estos acontecimientos y analizar si son necesarios ajustes en las políticas existentes.

Por último, también debe prestarse atención a las regulaciones que afectan a la creación de una empresa, su entrada en el mercado, su expansión y, si es necesario, su salida mediante una legislación de quiebras que no la obstaculice.

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