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Los mayores de 50 y los menores de 24 tiran del mercado laboral: “La mayoría de mis amigos trabaja”

Los tramos de edad que más crecieron en número de trabajadores en 2024 fueron los más jóvenes y los sénior. Los expertos aluden a la bonanza económica para explicar el impulso de los primeros y al envejecimiento para el de los segundos

Darío Fernández, en el barrio madrileño de Canillejas el 31 de enero.
Darío Fernández, en el barrio madrileño de Canillejas el 31 de enero.Claudio Álvarez
Emilio Sánchez Hidalgo

Eva Pérez terminó su carrera universitaria en 2023. “Estudié ingeniería química. Al acabar hice una beca de un año en una empresa, que duró hasta julio del año pasado. Una vez pasado el verano de 2024, en octubre, encontré trabajo en otra empresa y ahí sigo desde entonces”, relata esta madrileña de 24 años. Tiene un contrato indefinido en una compañía dedicada a las energías renovables, solo unos pocos meses después de terminar sus estudios. Marlene Sarmiento, de 60 años, también encontró trabajo el año pasado, en su caso en un pueblo de Cáceres: “En mi país, Colombia, trabajé tanto como periodista como en ventas, pero aquí no consigo ese tipo de trabajos. El año pasado empecé en un nuevo empleo cuidando a una señora mayor”, relata.

Estas dos mujeres, con perfiles tan distintos, están en los grupos de población que más crecieron en número de trabajadores en 2024, según los datos a cierre de año de la Encuesta de Población Activa. De los 468.000 empleos creados, 104.000 correspondieron a los menores de 24 años y 328.000 a los mayores de 50. Estas cifras toman aún más relevancia al comparar estos avances con cuántos empleados hay en esas cohortes, como subraya Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco: “Los menores de 24 años representan solo el 6% de la fuerza laboral, pero han aportado el 22% de los nuevos empleos. Los mayores de 50 años representan el 35% pero generan el 70%”.

La preponderancia de estos grupos de edad también se aprecia en los crecimientos porcentuales: el grupo de 16 a 19 años experimenta el mayor impulso relativo, de un 17%, mientras que los de 20 a 24 crecen un 8%; los de 50 a 54 crecen un 5%, casi el doble que el promedio, y de 65 a 69 se da un salto del 12%.

Marcel Jansen, experto en mercado laboral de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), subraya la importancia de la demografía para explicar parte de estos datos: “Si te fijas en los flujos de empleados, los mayores apenas cambian de trabajo. Una parte importante del aumento del empleo entre ellos es simplemente por el envejecimiento, porque hay más personas en esos grupos de edad”. Mesonero lo resume así: “Nuestra pirámide de población es cada vez menos una pirámide [más jóvenes en la base, menos mayores en la cima]. Es una peonza. Y creo que las empresas se han empezado a dar cuenta de que el talento sénior es el más numeroso, que deben aprovecharlo”. Cree que, ante el envejecimiento de la población, “las empresas que no apuesten por los mayores no serán sostenibles en el tiempo”.

Otra variable importante para entender este fenómeno es la tasa de empleo, el cociente entre el total de personas y los que trabajan. En la desagregación por edades se observa que la tasa de los jóvenes y de los mayores ha avanzado mucho en el último año. “Las personas que ahora tienen en torno a 50 años trabajan más que quienes les precedieron. Según van envejeciendo, esto eleva la tasa de empleo de esos grupos de edad”, desarrolla Jansen. Una de las claves de este impulso es la creciente participación de las mujeres en el mercado laboral, una evolución de la que es ejemplo Mariola García: “De los 51 años que tengo, llevo 26 trabajando en unos grandes almacenes. Sí me da la sensación que hay bastante empleo últimamente”, explica esta trabajadora de Molina de Segura (Murcia).

Mariola percibe que entre sus compañeros cada vez hay más jóvenes, un colectivo impulsado por el “momento procíclico de la economía española”, en opinión del secretario confederal de Juventud de CC OO, Adrià Junyent. “Los datos tan positivos se explican porque España es el motor del crecimiento de Europa”, indica este sindicalista. Pero advierte que, aunque en los momentos de bonanza el empleo de los jóvenes mejora con fuerza, a la vez es muy sensible a los periodos recesivos. Por ejemplo, porque son los empleados más baratos de despedir. “Nos preocupa que muchos empleos se vuelvan a destruir si la economía global se ralentiza”, indica Junyent.

Mariola García, en Molina de Segura el 31 de enero.
Mariola García, en Molina de Segura el 31 de enero.Alfonso Durán

Su homólogo en UGT, Eduardo Magaldi, subraya otras circunstancias que impulsan el empleo de los jóvenes: “Creo que la reforma laboral, que pone fin a las contrataciones temporales injustificadas, ayuda a que muchos jóvenes que antes entraban y salían del mercado laboral ahora tengan una carrera más estable. Además, se están creando muchos puestos específicos dirigidos a nuevas titulaciones, que no cubren las personas de más edad”. “Muchos nuevos puestos exigen habilidades digitales que dominan más los jóvenes”, abunda Mesonero, mientras Jansen destaca la pronunciada caída del abandono educativo y el refuerzo de las FP.

Entre las titulaciones con muy buena inserción laboral está la que cursó el madrileño Raúl Julián, de 22 años: “Estudié una Formación Profesional de automatización y robótica industrial. Fue acabar el instituto, con el título en la mano, y encontrar trabajo en una farmacéutica”. Solo presentó su candidatura en dos ofertas de empleo de una plataforma digital. “A los 15 minutos me llamaron de una de ellas para la entrevista”. Indica que amigos que hicieron otras FP están enfrentando más problemas, “obligados a trabajar a través de Empresas de Trabajo Temporal”, pero que los compañeros con su misma formación “han encontrado empleo rápido y con contratos fijos”. “La mayoría de mis amigos están trabajando”, concluye.

Es una impresión parecida a la de Eva, la ingeniera empleada en energías renovables, otro sector pujante. “Siempre se ha dicho que si estudias ingeniería es difícil que te falte trabajo. Y es verdad que no he tenido problemas. Creo que he tenido suerte, porque nunca sabes qué va a ser de ti”. Como Raúl, ve que a la mayoría de sus amigos “no les está costando excesivamente, están encontrando trabajo de lo suyo”.

Eva Pérez, en Madrid el viernes 31 de enero.
Eva Pérez, en Madrid el viernes 31 de enero. Amelia Molina

Pero este no es el panorama de todos los jóvenes: España registra un 25% de paro juvenil (entre menores de 25 años), la tasa más alta de Europa y diez puntos superior al promedio europeo. Ha mejorado mucho respecto a lo peor de la larga crisis que arrancó en 2008, cuando en torno a la mitad estaba en paro, pero aún hay mucho margen de mejora. Así lo ve Darío Fernández, de 22 años, al que no le ha resultado fácil encontrar trabajo a partir de sus estudios universitarios, un grado en dirección y gestión en la empresa en el ámbito digital: “Logré un empleo relacionado con lo que estudié el año pasado. Tanto a mí como a mis compañeros de carrera nos ha costado encontrar prácticas, y trabajo ha sido más complicado aún”. Este madrileño, que antes trabajó en hostelería y como repartidor, asegura que la búsqueda está siendo aún más difícil para conocidos que han estudiado otras carreras: “Tengo amigos que estudiaron periodismo y no encuentran trabajo de ninguna manera. No lo tenemos nada fácil”.

La colombiana Marlene no ha visto ni un resquicio para conseguir un empleo como periodista o cualquier otra ocupación de alta cualificación, para las que está preparada: “Me costó mucho conseguir los papeles, todo en materia de migración es muy difícil en España. Desde que llegué, en 2019, solo he encontrado trabajos de cuidados”. Ese sector, de nuevo por el profundo envejecimiento de la población española, es uno de los que proyecta un mayor crecimiento en los próximos años. “Estoy contenta, me he adaptado muy bien en mi pueblo, Cabezuela, donde los alquileres son mucho más asequibles que en las grandes ciudades. Y aunque estoy contenta, veo imposible cambiar de sector. A las migrantes de mi edad solo nos quieren para estos trabajos”, narra.

Aunque los datos manifiestan un cada vez mayor protagonismo de los migrantes en sectores cualificados, Marlene no yerra al señalar que enfrentan más barreras para acceder a ellos. Sufren más sobrecualificación, peores salarios y menos estabilidad, pese a su importancia en la creación de puestos en 2024: de los 468.000 nuevos empleos, 190.000 corresponden a extranjeros. Es decir, aunque son un 15% de la fuerza laboral, aportan el 41% de los nuevos puestos. Aún más importante es el papel de aquellos con doble nacionalidad, que siendo el 6% agregan el 47% de los nuevos empleos.

Cada colectivo tiene sus problemas particulares, que se acumulan unos encima de otros en función del perfil. Para Marlene, además de las barreras que afronta como mujer migrante, están las consustanciales a su edad, 60 años. “Se habla mucho del desempleo juvenil, pero en esa edad hay margen para reincorporarse. Para los mayores a veces es alarmante, no tiene un empleo al que volver”, señala Junyent, argumenta que apuntala Jansen: “Cuando ves los datos del paro de larga duración, observas que se concentra entre los mayores. En general tienen menos posibilidades de perder el trabajo que los jóvenes, pero tienen menos oportunidades de conseguir otro. Es un gran problema”. Mesonero, desde Adecco, agrega un matiz positivo: observa una mayor propensión de estos desempleados veteranos a cambiar de sector, a ganar habilidades con las que reinventarse.

Es algo en lo que a veces ha pensado Mariola, empleada en comercio a sus 51 años: “Si yo quisiera ser administrativa y trabajar de lunes a viernes”. Otra idea que le ronda la cabeza es la jubilación, la cantidad de años hasta llegar a ella que vislumbra en el horizonte: “Con mis 51 años ya me cuesta mucho llegar al final de mi turno, es muy cansado. Te guste o no, el cuerpo no es el mismo que hace 20 años y eso se nota. No me parece correcto que subieran la edad a 67, en 65 ya estaba bien. Si me apuras, en 63 sería mejor”. El mercado laboral español cada vez se compone de más personas en circunstancias como las que describe esta mujer, con las implicaciones que ello tiene en productividad, incapacidad temporal o mano de obra disponible. Los mayores de 50 ya son el 35% de la fuerza laboral, frente al 19% de principios de siglo.

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Sobre la firma

Emilio Sánchez Hidalgo
Redactor de Economía. Empezó su trayectoria en EL PAÍS en 2016 en Verne y se incorporó a Sociedad con el estallido del coronavirus, en 2020. Ha cubierto la erupción en La Palma y ha participado en la investigación de la pederastia en la Iglesia. Antes trabajó en la Cadena SER, en el diario AS y en medios locales de su ciudad, Alcalá de Henares.
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