El gas duplica su precio en un mes y complica la temporada de llenado de depósitos en Europa

La amenaza de huelga en Noruega y los menores envíos desde EE UU disparan la cotización hasta el entorno de los 160 euros por megavatio hora, frente a los 80 de principios de junio

Una estación de compresión del gasoducto Yamal, que enlaza Rusia con Europa.
Una estación de compresión del gasoducto Yamal, que enlaza Rusia con Europa.KACPER PEMPEL (REUTERS)

Las crecientes dudas sobre el suministro de gas a partir del otoño siguen haciendo estragos en los mercados energéticos europeos en un momento crítico: en plena temporada de llenado de los depósitos para el invierno, aprovechando el menor consumo estacional y los —habitualmente— menores precios. A pesar de la relativa reactivación de los flujos de gas natural a través de los ductos que conectan Rusia con la UE —que siguen, no obstante, muy lejos de sus niveles habituales—, el gas natural marca este lunes su precio más alto en cuatro meses, duplicando su cotización en menos de un mes y complicando las ya de por sí intrincadas previsiones de inflación para lo que resta de año.

El precio del gas en el mercado TTF holandés, el que se utiliza como referencia para el Viejo Continente, ronda este lunes los 160 euros por megavatio hora (MWh), frente a los 80 de principios de junio, aunque todavía lejos del récord de 200 euros del pasado 7 de marzo, poco después del inicio de la guerra. La última razón de este enésimo repunte radica en las huelgas previstas para los próximos meses en Noruega, uno de los mayores y más fiables socios de los Veintisiete para abastecerse de este combustible. También contribuye el descenso en las importaciones de gas estadounidense tras el accidente en la planta de Freeport (Texas), que ha reducido los envíos a mínimos de varios meses. “No hay duda de que hemos entrado en una fase de destrucción de demanda. Algo que, eventualmente, puede ayudar a estabilizar el mercado”, apunta el jefe de materias primas del Saxo Bank, Ole Hansen, en declaraciones a Bloomberg.

El gran telón de fondo, sin embargo, sigue siendo el mismo que en los últimos meses: el presidente ruso, Vladímir Putin, tiene el control pleno de la llave de su gas hacia Europa. Y eso, con las relaciones bilaterales en su peor momento en décadas, es sinónimo de altísimo riesgo. De dar el paso y cerrar totalmente el grifo del gas hacia el oeste, Europa tendría claros riesgos de suministro en invierno: si hoy rozan el 60% de llenado —y el 80% que el Ejecutivo comunitario ha fijado como objetivo para noviembre—, los tanques de almacenamiento llegarían prácticamente vacíos al tramo final de la temporada de frío. Esa escasez sería particularmente dura para la industria alemana, que consume más de la tercera parte del gas que importa el país más poblado de la eurozona y candidata clara a sufrir cortes para preservar el suministro a los hogares.

Las ramificaciones de esta combinación de altos precios y dudas sobre el suministro futuro, sin embargo, son múltiples. La más clara es la del mercado eléctrico: los futuros para los próximos meses apuntan a precios disparatados en los principales países europeos. La coyuntura es especialmente grave en Francia, en la que este nuevo encarecimiento se suma a la caída en picado en la generación nuclear: casi la mitad de los reactores de parque atómico están parados por motivos técnicos. Esta situación está obligando a la segunda mayor economía del bloque a quemar más gas —a precios estratosféricos: para poner en contexto la cifra basta decir que hace un año el MWh cotizaba a 20 euros— y a recurrir a la importación de electricidad de sus países vecinos (Alemania, Francia, Italia y España) para poder atender su demanda.

En el caso español, la reciente puesta en marcha de un límite de precio sobre el gas que se utiliza para generar electricidad ha permitido desligar parcialmente su rumbo del resto de países vecinos. Pero esa herramienta de urgencia, que hizo posible la llamada excepción ibérica, no es ni mucho menos infalible: los propios consumidores finales tienen que compensar por el tope a las centrales de ciclo combinado. Y cuando más alto sea su precio, mayor es también la compensación. De ahí que la efectividad de este cortafuegos sea menor con el gas en máximos.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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