Hacer la compra ya es más caro: “Hay productos que están subiendo y claro que se nota”

La inflación persistente se traslada a los alimentos, impulsados por el coste récord de la energía. El aumento de los costes aboca a los supermercados a afrontar aumentos de precios este año

Una mujer se dispone a hacer la compra en un supermercado de Madrid.
Una mujer se dispone a hacer la compra en un supermercado de Madrid.Víctor Sainz

Cuando los precios suben, el buen consumidor se da cuenta. Es el caso de Carmen, que presume de saberse prácticamente de memoria cuánto vale lo que mete en el carrito de la compra. “Comparo mucho, voy a algunos sitios para comprar productos que sé que ahí encuentro más baratos y dejo de adquirir los que suben mucho”, explica sentada al sol en un parque de Chamberí (Madrid) junto a dos amigas, Mercedes y Victoria, que llevan casi 80 años —”toda nuestra vida”— viviendo en el barrio. “Menudos estudios de mercado hago”, bromea, “y, sí, hay productos que están subiendo mucho y claro que se nota, una barbaridad”. Cada vez más compradores se fijan en los precios. “Siete de cada diez controlan lo que cuestan sus productos habituales”, afirma Alberto Iglesias, experto de la consultora Nielsen IQ. Sus investigaciones han detectado que el 61% de los consumidores perciben subidas en las tiendas de alimentación respecto al verano pasado.

Las estadísticas oficiales les dan la razón. Los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas se incrementaron en enero un 4,8% respecto a igual mes del año pasado, según el Instituto Nacional de Estadística. Se trata del segundo mayor incremento desde 2008, solo superado en el último mes de 2021, cuando el alza llegó al 5%, tras un 3,3% en noviembre y un 1,7% en octubre. Sin embargo, los incrementos están todavía por debajo del IPC general (un 6,5% en diciembre y un 6,1% en enero), en parte porque los supermercados están conteniendo los aumentos a costa de sus márgenes para evitar perder clientes en un mercado con una competencia feroz. “En el último trimestre del año, el comercio ha absorbido de media 2,5 puntos del IPC general y más de 5 puntos del aumento de precios de la industria alimentaria”, aseguran en Anged, asociación que representa a las grandes empresas de distribución.

La cuestión es con qué intensidad y hasta cuándo se pueden contener las subidas en los lineales. El encarecimiento sin precedentes de la energía añade cada vez más tensión y aboca al sector a un año 2022 en el que será difícil mantener los precios para salvar márgenes. “Las estrategias no son uniformes: algunos supermercados subirán los precios y otros sacrificarán márgenes para mantenerlos”, afirma Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Este grupo detectó en un estudio realizado en diciembre un encarecimiento de la cesta de la compra respecto a seis meses antes: de los 23 productos analizados, 13 habían subido. Además, la cuantía de las subidas era mucho mayor que la de las bajadas.

Una pareja mira las ofertas en la entrada de un supermercado en Madrid.
Una pareja mira las ofertas en la entrada de un supermercado en Madrid.Víctor Sainz

Los datos oficiales de enero recogidos por el INE lo confirman: en el detalle de los datos de inflación ya se ven subidas llamativas en el último año, como es el caso del aceite de oliva (30%), las pastas (20%), las harinas (10%) y la carne de ovino (12,6%). La fruta también ha subido de forma significativa (un 9%), aunque lo cierto es que el precio fue a la baja en 2020 y ahora se está recuperando. De las 55 categorías de alimentación y bebidas no alcohólicas, solo dos se han abaratado. “Creemos que va a ser un año con muchas tensiones, sobre todo en los alimentos frescos”, vaticina Enrique García.

Los supermercados han tratado, al menos hasta ahora, de asumir parte de las subidas, principalmente porque el mercado español presume de ser competitivo (los precios están de media de cinco puntos por debajo de la UE, según Eurostat) y cada punto en la cuota de mercado es muy valioso. “Estamos haciendo un gran esfuerzo de contención para que esta coyuntura tenga el menor impacto posible en el consumidor: trasladando esa subida lo menos y más tarde posible”, explican fuentes de Lidl, la tercera cadena con mayor cuota de mercado (casi un 7%), tras Mercadona (25%) y Carrefour (9%).

En una línea similar, Dia admitió en un comunicado reciente que prevé que los factores detrás de estas subidas perduren durante este año: “El contexto inflacionario que hemos vivido en 2021, marcado por el alza de los precios de la energía eléctrica, los carburantes y las materias primas, y que se prevé que se extienda durante gran parte del año 2022, está generando tensiones inflacionistas en el sector”.

Las patronales que representan a las empresas se muestran cautas. Hacer previsiones es complicado porque hay mucha incertidumbre en torno a la evolución de la inflación y la energía, además de los problemas en la cadena de suministro. El director general de Asedas (agrupa a Mercadona, Dia, Lidl y Froiz), Ignacio García Magarzo, reconoce: “Es cierto que, en estos momentos, nos estamos enfrentando a una enorme presión de los costes a nivel mundial que tiene que ver, fundamentalmente, con los costes de la energía. Pero hay muchos operadores trabajando para que el impacto en los precios al consumo sea el menor posible, porque el mercado de la alimentación en España es uno de los más competitivos de Europa”.

Ir al detalle de cómo la escalada de la inflación se refleja en las tiendas es complicado, porque algunos consumidores que ven cara la carne de ovino, se pasan al cerdo, por ejemplo (el precio se mantuvo congelado en enero en términos interanuales, según el INE). O compran menos cantidad. “Si veo que las gambas están muy caras, no las compro; mi impresión es que han subido bastante la carne y la fruta”, pone a modo de ejemplo Carmen. “Si tienes tiempo, puedes comprar en cada sitio lo que está mejor de precio, se nota la diferencia”, añade su amiga Victoria.

Hay reacciones diferentes al actual contexto inflacionista. La más habitual, según los datos de AECOC (asociación de fabricantes y distribuidores), es buscar ofertas y promociones a la hora de hacer la compra. El 61% opta por esta vía para ajustar el presupuesto. “Encontramos compradores que están siendo más infieles y que cambian de marcas para encontrar mejores ofertas o han aumentado su compra de productos de la marca de la distribución”, explica su gerente de estrategia comercial, Rosario Pedrosa. “También hay una minoría que, o bien ha disminuido su volumen de compra, o bien lo ha mantenido y ahora gasta algo más”, añade.

Detrás de las subidas está principalmente la energía, que supone, tras los salarios y el factor inmobiliario, el principal coste de explotación para los supermercados. Según datos de ACES, que representa a Auchan Retail, Carrefour, Eroski y Supercor, las instalaciones de frío alimentario suponen más del 50% del consumo energético. La otra mitad del gasto en energía se divide entre la climatización (más del 20%), la iluminación, hornos, cajas, entre otros. “Tres cuartas partes del coste energético de la estructura operativa de las tiendas y los almacenes se dirige al mantenimiento de los equipos de frío”, explica Aurelio del Pino, presidente de la organización. El precio récord de los carburantes también ha encarecido el transporte. La energía es la principal preocupación, como advierte García Magarzo, de Asedas. “Los costes energéticos que hoy soporta nuestro sector ponen en riesgo la sostenibilidad de las empresas”, advierte.

Puesto de verdura en un supermercado de Madrid.
Puesto de verdura en un supermercado de Madrid.Víctor Sainz

El golpe energético ni siquiera está claro que vaya a remitir. Los contratos con precios fijos que mantienen muchas empresas con las comercializadoras eléctricas están revisándose ahora, y el impacto puede ir a más. Lo mismo pasa con muchos contratos con los fabricantes. “En el último trimestre del año se suelen renegociar muchos contratos, y eso se va reflejando a finales del ejercicio y en el mes de enero, por eso prevemos más subidas de precios en el primer trimestre del año”, dice Carlos Cotos, experto en paneles de consumo de la firma de datos y consultoría Kantar. Es todavía pronto para adelantar qué puede ocurrir más allá de marzo.

La presión sobre los precios coincide con un momento en el que se estaba volviendo a pautas de consumo previas a la pandemia. El año con más restricciones, 2020, fue positivo para las tiendas de alimentación porque, salvo los costes generados por los cambios en la seguridad por la covid, vieron crecer sus ventas porque se incrementó el consumo en el hogar, tanto por el cierre de bares y restaurantes, como por la generalización del teletrabajo. El año pasado fue más regular, pero todavía perduraron muchos de las rutinas de la pandemia.

Está por ver qué pasará este año. “En las pastas y los aceites ha habido una subida real, pero por ejemplo los productos de limpieza desinfectantes, que tuvieron muchas ventas en 2020, están a la baja”, explica Alberto Iglesias, de Nielsen IQ. “Todos los indicadores muestran que los consumidores están recuperando sus hábitos”, destaca Rosario Pedrosa, de AECOC. “El mismo Índice de Confianza del Consumidor ha vuelto a recuperarse tras la caída que sufrió a finales de 2021 con la aparición de la variante ómicron, lo que nos da a entender que la evolución del consumo está más condicionada por la situación sanitaria que por el actual contexto inflacionista”. Además, entre un 20% y un 30% de los consumidores han recuperado el gasto que tenían antes de la crisis sanitaria en ocio, restauración y viajes.

Sobre la firma

Cristina Galindo

Es periodista de la sección de Economía. Ha trabajado anteriormente en Internacional y los suplementos Domingo e Ideas.

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