La escalada de la electricidad sitúa a España en los puestos de cabeza de la inflación en la zona euro

La crisis energética tiene un mayor impacto en el IPC español, que supera al de las grandes economías de la moneda única

Rebajas en una tienda de iluminación de Zaragoza.
Rebajas en una tienda de iluminación de Zaragoza.JAVIER BELVER (EFE)

Los inquilinos que tengan que afrontar en las próximas semanas una revisión de la renta según la inflación encajarán un considerable revés: el mayor nivel de IPC en tres décadas. Por encima de sus vecinos franceses, italianos y alemanes. Una escalada interanual del 6,5% al cierre de diciembre (un 6,6% el índice armonizado, comparable con el resto de la UE), la mayor desde mayo de 1992, coloca a España en los puestos de cabeza de la zona euro y en el primer lugar entre sus grandes economías. El elevado precio de la electricidad es el principal responsable de ese diferencial de precios. La crisis energética afecta a todos los países, y muchas de sus causas son globales, pero ¿por qué en España el golpe en la inflación es mayor? Una de las claves está en el mecanismo empleado para fijar la tarifa regulada (a la que están suscritos el 40% de los consumidores españoles), un sistema poco habitual en la UE que traslada al cliente final la variabilidad del mercado mayorista, donde se compran y venden kilovatios hora a diario como si de una lonja de pescado se tratara.

El dato de inflación español de cierre de 2021 choca con el de Alemania (que acabó el año con una tasa interanual del 5,7%, tres décimas más moderada que la de noviembre), el de Francia (3,4%, igual que la de un mes antes) o el de Italia (que aunque creció tres décimas respecto a la tasa interanual de noviembre, se situaba en el 4,2%, dos puntos y medio por debajo de la de España). Esta comparativa es la última publicada por Eurostat, la oficina estadística comunitaria, que apuntaba una inflación del 5% para toda la zona euro —son datos adelantados, que pueden variar ligeramente—. Según sus cálculos, España se situó entre los países con una inflación más elevada en diciembre, solo por debajo de Estonia (12%), Lituania (10,7%) o Letonia (7,7%). Además es la tercera economía de la eurozona con una mayor escalada en el último mes de 2021 (con una tasa interanual en diciembre un punto superior a la de noviembre), únicamente por detrás de Estonia y Lituania. El Banco Central Europeo confía en que los precios hayan tocado techo. “Pero es probable que sea un problema menos transitorio de lo que se pensaba”, advierte el economista Raymond Torres, director de Coyuntura en Funcas. “De momento, no están subiendo los salarios en España, algo que podría generar una verdadera espiral inflacionista”, añade.

La inflación, alimentada entre otras cosas por la recuperación económica, los estímulos monetarios y las crisis de suministro, es una amenaza generalizada ahora y afecta a casi todos los países. Pero el encarecimiento de la energía (por una combinación de subida de precios del gas y de los costes de los derechos de emisión de CO₂, entre otras causas) está pasando mayor factura al IPC en España que a otros socios del euro. Nunca en Europa se ha pagado tanto por la electricidad en los mercados mayoristas como en 2021, con subidas superiores al 200% en Alemania, España y Francia. Según Bloomberg, el megavatio hora ha registrado un precio medio de 96 euros en Alemania, 109 en Francia y 112 en España. Y el efecto en el IPC español ha sido mayor. “A grandes rasgos, el precio de la energía ha sido el gran causante del diferencial del IPC en España con la zona euro en 2021″, explica Ángel Talavera, jefe de Economía europea de Oxford Economics.

Una factura muy volátil

Entre los principales factores que explican que, con un problema energético similar, los precios de la electricidad tengan un mayor efecto en el índice de precios al consumo están los mecanismos que emplea cada país para trasladar los costes mayoristas al consumidor. En el caso español, el 40% de los clientes están en el mercado regulado, que utiliza un sistema que refleja, en cada factura mensual, las oscilaciones diarias de los precios mayoristas. Así, las subidas desorbitadas como las que se han visto en los últimos meses quedan recogidas de inmediato en las estadísticas del IPC.

En otros países, en cambio, los precios que llegan a la factura de la luz se establecen en una subasta cada tres meses, seis meses o un año, con lo que el impacto se retrasa en el tiempo y, al tener en cuenta para el cálculo un periodo mayor de tiempo, puede ser menos brusco. Es significativo el caso de Portugal, que comparte el precio del mercado mayorista (pool) de España pero apenas ha subido la factura, porque es el Gobierno quien regula en enero los precios de todo el año y las subidas aún no se han trasladado. “En España, una gran proporción de consumidores tiene contratos que reaccionan de forma bastante directa a los precios mayoristas, mientras en otros países el riesgo de ese mercado se deja a las empresas comercializadoras, y algunas han quebrado en Alemania y el Reino Unido, por ejemplo”, explica Georg Zachmann, experto del centro de análisis Bruegel.

En Francia la revisión de la tarifa final se hace dos veces al año. Con vistas a la previsible subida en la primera corrección en febrero, París ha anunciado que la luz no se encarecerá más del 4% poniendo en marcha una serie de medidas, incluida que la eléctrica pública EDF suministre energía a un precio máximo a las comercializadoras, aunque sea por debajo el precio de mercado. “Sin estas intervenciones, seguramente subiría más la inflación en Francia, pero estas medidas tienen un coste”, destaca Talavera. En conjunto, unos 20.000 millones este año para el Estado francés. El Gobierno español también ha intervenido para abaratar la luz con rebajas de impuestos sobre la energía hasta abril con un coste para las arcas públicas de 6.000 millones.

Cuando el mercado ha estado generalmente estable, el sistema español, vigente desde 2014, ha resultado casi todos los años en precios medios para los clientes con tarifa regulada más bajos que los del mercado libre. “En el IPC de noviembre la electricidad subió un 47% en España respecto al 18% de la zona euro, pero por ejemplo en abril de 2020, cuando los precios mayoristas se desplomaron durante los meses más duros de la pandemia, cayó un 20%, mientras la caída fue menos brusca en Italia (-10%)”, explica Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano Partners. En el caso de los combustibles, la subida se refleja más al conjunto de la UE que en España.

Estadísticas parciales

Otro elemento para entender el mayor impacto del precio de la electricidad en la inflación española está en cómo el Instituto Nacional de Estadística (INE) elabora los datos. El organismo incluye solo la tarifa del mercado regulado, pero deja fuera los contratos libres, que se suelen pactar entre el cliente y la eléctrica con una tarifa fija para todo el año, y que tarda más en recoger las subidas (y las bajadas). A este sistema están acogidos el 60% de los clientes en España. Estas últimas mostrarían ahora un precio de la electricidad más contenido y en principio equilibrarían el IPC. Se ha barajado la posibilidad de que se cambie el mecanismo para incluir las tarifas del mercado libre en la cesta de la compra, pero se puede dar la circunstancia de que el cambio no tenga ahora mucho efecto dado que con el paso de los meses se van revisando los contratos fijos y, a la vista de los precios mayoristas, lo lógico es que tiendan a negociarse al alza.

En cualquier caso, la mayor inflación de España respecto a la zona euro siempre acarrea una pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos y pone en apuros la competitividad de las empresas. Los expertos apuntan a que la situación no es de momento alarmante. “La energía es importante para explicar el diferencial pero hay que tener en cuenta que, hasta marzo de 2021, el IPC español estuvo durante tiempo por debajo de la eurozona, y ahora se están recuperando y vemos en parte ese efecto”, explica Gonzalo Gómez Bengoechea, profesor de Economía de Comillas ICADE. Desde 2007, España ha tenido cinco años con precios medios en negativo, cuatro ejercicios con la inflación por debajo del 2% (objetivo del BCE) y seis años con niveles iguales o superiores. Aunque los salarios han quedado atrás, con un crecimiento medio del 10,2% durante ese periodo. “Los precios deberían relajarse a lo largo de 2022, pero es cierto que hay mucha incertidumbre: la pandemia, el conflicto entre Rusia y Ucrania, los problemas de suministro...”, pronostica el experto, que añade que “la pérdida de poder adquisitivo ya se está notando”.

Sobre la firma

Cristina Galindo

Es periodista de la sección de Economía. Ha trabajado anteriormente en Internacional y los suplementos Domingo e Ideas.

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