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Las energías renovables, una fuente de sostenibilidad y desarrollo profesional

La progresiva transición a fuentes de energía limpia, impulsada por diferentes compromisos internacionales, conlleva la demanda de profesionales especializados en muchos sectores

Una instalación de energía solar fotovoltaica.
Una instalación de energía solar fotovoltaica.

En el ámbito de las renovables y el desarrollo sostenible, no hay un futuro prometedor, sino muchos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU y la estrategia de la Comisión Europea para conseguir una economía climáticamente neutra en 2050 son algunas de las acciones impulsadas por la urgente necesidad de frenar los efectos del calentamiento global, y que en España se concretarán en una ley de cambio climático cuya tramitación está en su fase final. Iniciativas que reducirán la huella de carbono y que tendrán un impacto altamente positivo en la huella del empleo, generando oportunidades laborales en numerosos sectores productivos que van desde la propia generación e instalación hasta el desarrollo de proyectos de sostenibilidad urbana.

De acuerdo con la nueva norma, para 2030 España deberá reducir la emisión de gases de efecto invernadero un 23 % con respecto a los niveles de 1990, mientras que el 74 % de la electricidad producida deberá provenir de fuentes renovables (un 100 % en 2050). Si se incluyen el transporte y los procesos industriales, el consumo final de energía limpia tendrá que ser entonces de al menos el 42 %. Unos objetivos tibios para algunos, pero que suponen un verdadero reto: “Tenemos que pensar que sectores como el transporte consumen un 98 % de energía procedente de fuentes fósiles, y por lo tanto hablamos también de electrificar en un tiempo récord una gran parte del parque móvil español”, afirma Nacho Bautista, CEO de Fundeen, empresa especializada en crowdfunding de proyectos renovables.

“Las principales economías del mundo, que representan el 70 % del PIB mundial, ya se han comprometido a alcanzar emisiones netas nulas a mediados de siglo. Pero los expertos de la ONU advierten que, con las políticas actuales, la reducción de emisiones prevista a 2030 es más de 40 puntos inferior a la necesaria para lograr la neutralidad de emisiones en 2050”, advierte Javier Azorín, responsable de desarrollo, selección y formación en Iberdrola España. El futuro, añade, pasa por una combinación de fuentes renovables ya maduras (la eólica, la solar o la hidráulica, por ejemplo) y el desarrollo de nuevas tecnologías “como son el hidrógeno verde [producido con los excedentes de las renovables], el almacenamiento y la eólica marina flotante, que consolidarán este proceso y nos permitirán completar la descarbonización en sectores todavía difíciles de electrificar, como la industria y el transporte pesado”.

¿Cuáles son los perfiles más demandados?

La Ingeniería es, sin duda, una de las grandes beneficiadas por el auge de las energías renovables, pero no la única, ya que este sector atrae a profesionales procedentes tanto de la universidad como de distintos grados superiores de Formación Profesional. “Principalmente ingenieros industriales de la rama eléctrica, mecánica, de electrónica de potencia, ingenieros e ingenieras de caminos e incluso procedentes de formaciones más especializadas como Ingeniería de la Energía”, explica Rosa Botas, directora de personal en Norvento. Además, los ciclos superiores de Formación Profesional aportan también perfiles técnicos que son y serán interesantes dentro de este campo, como por ejemplo los de la rama de Electricidad y Electrónica, de Energía y de Mantenimiento e Instalaciones, enfocados en la eficiencia energética y en las nuevas tecnologías que la hacen posible.

Para Alberto Garrido, vicerrector de Calidad y Eficiencia de la Universidad Politécnica de Madrid, “los futuros profesionales necesitan un grado en Ingeniería o en Fundamentos de la Arquitectura y un máster. Para las profesiones reguladas, un ingeniero debe cursar un máster habilitante, pero también puede hacer un grado que le habilite para la profesión de ingeniero técnico y luego un posgrado que le permita alcanzar una determinada especialización”. La combinación con conocimientos de digitalización y programación y una buena formación en habilidades blandas tienen además una demanda elevada. Iberdrola, por su parte, demanda profesionales formados no solo en Ingeniería, sino también en el área comercial y en los ámbitos de las matemáticas, la informática y las soluciones digitales, con un alto nivel de idiomas.

También tendrán un hueco importante los expertos en transformación digital, como por ejemplo en el sector de la energía solar: “Uno de los inputs negativos del mercado es habitualmente la experiencia del cliente. Por eso, queremos digitalizar el proceso, simplificando el cambio de combustibles fósiles a la energía solar. Y para ello, necesitaremos ingenieros de software y diseñadores de UX, así como ingenieros de aprendizaje automático para construir las plataformas de energía limpia del mañana para los propietarios de las viviendas”, esgrime Wouter Draijer, CEO de SolarMente. “Aunque no hay demanda a día de hoy, esperamos que esta aumente progresivamente”, añade.

En cualquier caso, la huella de empleo va más allá de estos perfiles específicos: hablamos de un ecosistema asentado sobre la ingeniería pero que requerirá profesionales de todas las áreas, y que incluso impulsará puestos de trabajo que aún no existen, como los enfocados en el reciclaje de instalaciones renovables. “No podemos olvidar a los proveedores de equipos y la industria, los servicios de consultoría y de asesoría legal... A nivel local, las empresas instaladoras, mantenedoras y constructoras encontrarán muchas oportunidades y, además, el impacto se notará especialmente en las regiones españolas más afectadas por la despoblación”, cuenta Bautista. A través de sus iniciativas de crowdfunding, Fundeen ha hecho además posible la participación de pequeños inversores (a partir de 500 €) en proyectos de energías renovables como la planta fotovoltaica de Partaloa, en Almería (de 1,3 MW), recaudando cerca de un millón de euros de inversión en poco más de un mes.

Innovación y desafíos de futuro

Para Azorín, España cuenta con una cadena de valor de referencia en las tecnologías renovables maduras, y tiene el potencial de convertirse en punta de lanza de otras tecnologías de futuro: “La apuesta por la innovación contribuirá a la mejora de la eficiencia y la productividad de las energías renovables ya existentes, y a un impulso definitivo a la competitividad de las más incipientes”. En ese sentido, una de las áreas que mayor crecimiento va a experimentar es sin duda la del almacenamiento energético, ya que permite tener un mayor control y disponibilidad de estas fuentes, almacenando energía cuando se produce más y liberándola cuando está menos disponible. “Si bien la industria ha avanzado mucho en este campo, en parte por el auge del coche eléctrico y de la telefonía móvil, aún existe una gran oportunidad de mejora en el almacenamiento a escala industrial”, afirma Botas.

Otras áreas que adquirirán relevancia en el futuro son las soluciones inteligentes y las microrredes, que básicamente son “una manera de garantizar el abastecimiento eléctrico renovable incluso donde la red eléctrica no llega; son sistemas autónomos diseñados para operar desconectados de la red”, esgrime Botas. En su opinión, se trata de un área que experimentará un crecimiento importante en el futuro y para la que “seguramente cueste encontrar profesionales altamente cualificados”. Por ello, se antoja especialmente importante fomentar la creatividad y la innovación, porque el talento está en todas partes: Èric Santiago y Miguel Murillo, dos alumnos de Grado Medio de FP en Salesians Sarrià, recibieron el mes pasado el premio Don Bosco 2021 al mejor trabajo de investigación en Ingeniería por el diseño de un aparcamiento inteligente para recargar patinetes eléctricos usando la energía solar y la eólica.

En lo que respecta al parque automovilístico, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima establece que los turismos y vehículos comerciales ligeros nuevos, excluidos los matriculados como vehículos históricos, no destinados a usos comerciales, reduzcan paulatinamente sus emisiones, de modo que no más tarde de 2040 sean vehículos con emisiones de 0g CO2/km. “Por tanto, después de esta fecha coexistirán vehículos con motores térmicos y los de cero emisiones. España tiene que hacer un esfuerzo importante para alcanzar estas metas”, recuerda Garrido.

Por otra parte, los expertos consultados coinciden en destacar el papel que las administraciones públicas pueden tener para garantizar el desarrollo de las energías renovables en todo su potencial, reduciendo, por ejemplo, los trámites exigidos a la hora de instalar un autoconsumo, como sucede en Holanda: “Allí puedes instalar sin esperar ningún permiso y conectar fácilmente tu instalación a la red. Las subvenciones también se otorgan a escala nacional y no cambian según las diferentes administraciones autonómicas o municipales”, dice Draijer. Pero también “marcos regulatorios predecibles y suficientemente atractivos para movilizar las cuantiosas inversiones necesarias; una fiscalidad alineada con el principio de “quien contamina, paga”; que la asignación de fondos de recuperación se vincule a métricas medioambientales y que se fomente la innovación y las alianzas público-privadas”, afirma Azorín.

Un barrio sostenible

Conseguir que las ciudades crezcan sin por ello renunciar a los principios de sostenibilidad, economía circular y eficiencia energética es ya una realidad que se abre paso en cada vez más ciudades del mundo. Proyectos que dan la espalda al urbanismo actual para dar paso a entornos más accesibles que prioricen la accesibilidad y un uso inteligente de los recursos, como es el caso de La Pinada, un ecobarrio de 24 hectáreas que dará cabida a 1.000 nuevas viviendas en Paterna (Valencia). Nacido en 2017, La Pinada es un ejercicio de cocreación “colaborativo, inclusivo, diverso y socialmente cohesionado” en el que ya han participado 400 futuros vecinos y más de 20 expertos de distintas áreas, definiendo juntos aspectos como el protagonismo de los espacios verdes, la gestión de recursos o el bienestar de sus vecinos en más de 30 encuentros a lo largo de estos años.

“Hacer un barrio sostenible energéticamente es posible mediante acciones en tres grandes áreas: reducción de la demanda y eficiencia en el consumo (con edificios mejor aislados y con una protección solar adecuada, y sistemas de climatización eficientes), generación en proximidad mediante fuentes renovables y gestión del consumo, mediante la acumulación de excedentes que puedan ser usados a distintas horas”, explica Iker Marcaide, ingeniero industrial creador de Zubi Labs e impulsor del proyecto.

Desarrollar un barrio como La Pinada implica, además, la participación de un equipo multidisciplinar que abarca dimensiones vitales que van desde lo personal a lo laboral, pasando por la definición del hábitat, la educación (con un centro educativo Montessori) o el estilo de vida. Así, incluyen programadores informáticos, para la configuración de los sistemas smart city o domóticos; ingenieros industriales con amplios conocimientos sobre energías renovables; arquitectos con capacidades de diseño bioclimático; ingenieros agrícolas, paisajistas y de montes; ingenieros de caminos o de materiales; y también economistas, sociólogos, abogados e incluso periodistas.

“Tradicionalmente, hubiera sido un proyecto hecho con arquitectos, pero el presente complejo y cambiante que vivimos exige una aproximación desde la sociología, la biología (aportando una visión científica sobre la fisiología y el comportamiento humano), la fisioterapia (con pautas sobre hábitos saludables que permitan diseñar espacios abiertos o rutinas vitales), la economía, la ingeniería, la educación y, por supuesto, la arquitectura”, explica Marcaide.

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