Verdades y mentiras sobre un desabastecimiento en España

La crisis de suministros está provocando una escasez puntual de determinados productos, pero las empresas dicen estar preparadas para la campaña navideña

Varias personas miran móviles en una tienda Fnac de Madrid.
Varias personas miran móviles en una tienda Fnac de Madrid.Samuel Sánchez

La lista de productos afectados por la crisis de suministro es variada. Incluye desde ginebras como Seagram’s, videoconsolas como la PlayStation 5, bicicletas, coches o diversos artículos del gigante sueco de los muebles Ikea. Las carencias han llevado a un primer plano los problemas de las empresas para proporcionar a sus clientes los bienes que antes de la pandemia ofrecían sin problemas. Y plantea una serie de preguntas.

¿Hay o habrá desabastecimiento en España?

Hay escasez de ciertos productos, por meros retrasos de unas semanas en la entrega, pero las patronales de grandes almacenes, supermercados, juguetes o bebidas alcohólicas creen que no se puede hablar de un concepto tan drástico como el de desabastecimiento, que evoca estanterías vacías, dado que debido a la alta competencia hay mercancía de sobra para sustituir a aquellas que queden fuera del mercado por un tiempo. Aseguran que están listas para el auge de demanda de las próximas semanas, cuando el black friday y la Navidad dispararán las compras, porque llevan meses preparándose para este periodo. Eso no es incompatible con hablar de una crisis de suministro que está provocando retrasos, encarecimientos y más de un dolor de cabeza a los responsables de logística de las empresas de sectores tan variados como la construcción, la tecnología, el papel, los juguetes, las bebidas, los envases de vidrio o los coches, donde la espera para recibir un vehículo nuevo puede prolongarse durante meses.

¿Debo adelantar las compras para los Reyes Magos?

En el sector juguetero explican que debido a los problemas de suministro, este año están recibiendo ciertos productos algo más tarde, y probablemente tengan más problemas en reponer aquellos que sean más vendidos, por lo que recomiendan a los que tengan un interés especial en hacerse con un producto que no lo dejen para el final. Eso no quiere decir que haya que hacer ahora todas las compras navideñas. Hay jugueterías que han detectado que algunos clientes, sugestionados por el exceso de alarmismo de ciertas noticias, han acudido a sus locales para evitar que sus hijos se queden sin regalos de Reyes, algo que la industria juguetera descarta que vaya a suceder.

¿Qué responsabilidad tiene el Gobierno?

Los problemas de suministro son una cuestión global de los que prácticamente ningún país se ha librado. En un sistema globalizado como el actual, donde para ensamblar una simple lavadora se requieren componentes de más de una decena de países, cualquier dificultad genera retrasos. Como señaló a este diario el presidente de la patronal de electrodomésticos, Fernando Gil, “la manada va siempre al ritmo del búfalo más lento”. Lo que quiere decir básicamente que si se dispone de todos los componentes, pero falta por llegar un solo chip de Taiwán, el producto no puede salir al mercado. El papel de los gobiernos es por tanto marginal, aunque medidas como las tomadas en EE UU por parte del presidente Joe Biden, que ha obligado a los puertos y empresas de reparto a trabajar 24 horas al día los siete días de la semana, pueden contribuir a aliviar la situación.

¿Pero por qué hay roturas de stock?

El origen está en la pandemia. Al paralizarse la actividad con los confinamientos, las fábricas dejaron de producir al mismo ritmo. Y cuando las restricciones se relajaron, el ahorro generado en esos meses en que cientos de millones de personas dejaron de ir a cenar a restaurantes, ver películas de cine o viajar en vacaciones, sumado a las ayudas que entregaron los Estados, se ha enfocado en compras de bienes, muchas de ellas para mejorar el hogar, en el que se pasa más tiempo debido, entre otros factores, al aumento del teletrabajo. Cuando una fábrica para, retomar el ritmo no es instantáneo, y ante el inesperado aluvión de compras, cada vez más por comercio electrónico, la capacidad de los contenedores y de los barcos que los transportan se ha llenado, y sus precios han subido.

En paralelo, las fábricas asiáticas han sufrido parones por contagios puntuales y apagones de energía. Los fabricantes de chips no han sido capaces de proveer suficiente material a la industria del automóvil y de los productos electrónicos. Los almacenes tenían poco inventario porque durante la pandemia las empresas evitaron hacer acopio por la incertidumbre. Y los puertos siguen colapsados por los contenedores varados ante la falta de camioneros para recoger las mercancías. Al no regresar en sus plazos normales los contenedores vacíos para volver a ser llenados de nuevas compras, las entregas acumulan nuevas demoras, algunos puertos se han quedado sin espacio y se han formado filas de barcos que llegan a esperar más de una semana para desembarcar. Los retrasos, de este modo, están golpeando a la cadena de producción formando un monumental atasco del que unos culpan a las navieras, las grandes beneficiadas, y estas lo achacan a la brutal subida de la demanda.

¿Dañará la recuperación económica? ¿Durará mucho?

Los resultados de las grandes compañías y las previsiones económicas de los principales organismos internacionales ya incluyen los problemas en las cadenas de suministro como uno de los factores que están desacelerando la actividad. Apple, por ejemplo, culpa a esta crisis de haber perdido 6.000 millones de dólares en ingresos. Aun así, la temporada de resultados de las empresas está reflejando una fuerte mejora respecto al débil ejercicio pandémico, y los países siguen creciendo, aunque parte de la recuperación podría trasladarse a 2022, cuando se espera que el problema se alivie, si bien la fecha en que quedará definitivamente solucionado se presenta todavía incierta.

Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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