El Gobierno de Argentina congela los precios de 1.500 productos de consumo masivo para frenar la inflación

La medida encuentra resistencia entre los sectores empresariales. El encarecimiento este año alcanzará 48,2%, según el Banco Central

Un supermercado en Buenos Aires, el pasado lunes 18 de octubre.
Un supermercado en Buenos Aires, el pasado lunes 18 de octubre.Victor R. Caivano (AP)

La inflación, una vez más, le quita el sueño a los argentinos. Este año rondará el 50%, uno de los porcentajes más altos del mundo y muy por encima del 29% que se había fijado el Gobierno en sus presupuestos. Para aplacar lo que ya es una inercia indetenible, el Ejecutivo de Alberto Fernández anunció el martes el congelamiento por 90 días de los precios de unos 1.500 productos. La medida, aplicada con escaso éxito en el pasado, encontró la resistencia de los empresarios, sobre todo los vinculados a la alimentación. Tras una semana de negociaciones fallidas, el congelamiento salió finalmente por decreto.

“Tengo mucha confianza y apelo a la responsabilidad empresaria, no es un esfuerzo tan grande, no vamos a producir un quiebre en sus planes de negocios”, dijo el secretario de Comercio Interior de Argentina, Roberto Feletti, en una rueda de prensa tras una reunión con las cámaras que agrupan a los empresarios que terminó sin acuerdo. Antes del anuncio, la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios advirtió en un comunicado que “no están garantizadas las condiciones para conciliar las posibilidades de los sectores frente al pedido de estabilización de precios”.

Felletti lleva menos de diez días en el cargo. Su llegada a la Secretaria de Comercio Interior fue la respuesta del presidente Alberto Fernández a los reclamos de mano dura de los sectores más radicalizados del kirchnerismo. El argumento de esas fuerzas es que los empresarios especulan con los precios y los suben sin razón. Y por ello necesitan el ojo avizor del Estado, bajo amenaza de multas.

La economía Argentina crecerá este año en torno al 7%, según distintas proyecciones públicas y privadas, pero la inflación seguirá desbocada. Fernández recibió el gobierno en diciembre de 2019 con un IPC anual de 53,8%, la más alta en casi 30 años. Prometió entonces bajarla poco a poco. Para este año, la proyección era del 29%, pero en septiembre ya había acumulado 37%, un punto por encima del 36% acumulado en todo 2020. Las alarmas oficiales se encendieron con el último dato del 3,5% de inflación en septiembre, que confirmó que la tendencia a la baja iniciada en marzo había llegado a su fin. El congelamiento de precios, que retrotrae los valores al 1 de octubre pasado, es una medida de emergencia.

Las causas de la inflación argentina son objeto de múltiples estudios. El único consenso es que el origen es multicausal y se explica tanto por cuestiones técnicas (déficit fiscal crónico, emisión desmedida), como sociológicas (los argentinos no creen en su moneda). En el fondo está la pérdida constante del valor del peso. Desde la convertibilidad de los noventa, la moneda argentina no ha dejado de caer frente a otras divisas. Si 100 pesos equivalían a 100 dólares en diciembre de 2001, 20 años después apenas alcanzan para comprar 0,96 centavos de dólar en el mercado oficial y 0,53% en el mercado paralelo o “blue”. Sin posibilidades de atacar las cuestiones de fondo, el Gobierno ha apelado, como ya lo hicieron otros en el pasado, al control de precios.

El congelamiento alcanza a productos de la canasta básica, que son los que más han empujado la inflación de los últimos meses. Son también los que afectan a los más pobres. Felletti intentó durante una semana acordar una lista con las empresas, hasta que finalmente decidió armarla por la fuerza. Serán los gobernadores y alcaldes quienes tendrán a su cargo el control de precios, con inspecciones en supermercados y comercios. Desde las empresas rechazaron la decisión unilateral de congelar precios y advirtieron que faltarán productos en las estanterías. “Va a haber desabastecimiento, no tenga ninguna duda”, dijo el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), Mario Grinman. “”Si yo soy un productor y tengo un producto que no me da rentabilidad no lo voy a fabricar porque no lo puedo volver a hacer. ¿Le voy a comprar al proveedor más caro de lo que puedo vender? No existe”, dijo.

Los problemas económicos de Argentina coinciden con la campaña electoral por las Legislativas del 14 de noviembre. Las primarias celebradas el 12 de septiembre y los sondeos anticipan una dura derrota para el Gobierno, que puede incluso perder el control del Senado y perder la primera minoría de Diputados a manos de la oposición. En un intento por revertir las previsiones, el Gobierno ha acelerado el reparto de dinero a través de planes de ayuda social entre los más pobres y créditos blandos y cambios en el impuesto a la renta entre la clase media. La inflación atenta contra la efectividad de la estrategia.

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Federico Rivas Molina

Es corresponsal de EL PAÍS en Argentina desde 2016. Fue editor de la edición América. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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