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EP Firmas BLOGS Coordinado por Daniel Leguina

Quién te iba a decir

Estrella Galán, patrona de Alternativas y secretaria general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, reflexiona a través de la poesía sobre la pandemia del Covid-19

Dos sanitarias se abrazan durante una pausa en el exterior de Urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid).  L. SEVILLANO
Dos sanitarias se abrazan durante una pausa en el exterior de Urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid). / L. SEVILLANO

Quién te iba a decir hace unos días que ibas a parar. A ti, que eras capaz de estar en tres sitios a la vez, de atender el teléfono mientras hacías la compra, gestionabas tres reuniones y reservabas un vuelo para tus próximas vacaciones en cualquier rincón del mundo.

Quién te iba a decir hace unos días que el balcón de tu casa se iba a convertir en un paraíso donde salir a compartir emociones con tus vecinas y vecinos, esos con los que te cruzabas día tras día, cuando ibas corriendo de un lado a otro, y apenas saludabas por falta de tiempo, haciendo un pequeño gesto con tu cabeza.

Esos con los que ahora estás deseando verte cada día a las ocho de la tarde, y que recuentas ventana a ventana, para ver que nadie falta, que todos seguimos a salvo.

Quién te iba a decir hace unos días que tu casa se iba a convertir en tu guarida. En ese lugar donde los privilegiados podemos ponernos a salvo, como ese refugio que muchas personas que huyen quieren encontrar. Ese lugar seguro que nunca imaginarías, íbamos a necesitar. Quién te iba a decir que las nuevas fronteras son los muros de nuestras casas.

Cuánto tiempo perdido enviando mensajes, vendiendo nuestra ‘maravillosa’ vida por Instagram, mostrando lo felices que éramos, cuando podíamos vernos y tocarnos. Y ahora que no podemos añoramos su presencia, su aroma, su estar, su ser, volver a las cosas sencillas, sin postureos ni apariencias tras la pantalla.

Quién te iba a decir hace unos días que el mensaje de WhatsApp ya no alimenta el alma. Que estás deseando mirar a los ojos, oler a tu hermana, tocar a tu madre, abrazar al amigo, despedir a tus padres, reír con los tuyos, llorar también con ellos.

Quién te iba a decir que un día, como si de un mal sueño se tratase, las personas nos íbamos a convertir en amenazas para las demás personas, para los más vulnerables, para los ancianos, para los enfermos, para los más débiles. ¿Qué querrá decirnos la metáfora?

Quién te iba a decir que un día las calles iban a estar desiertas, que los hospitales iban a estar repletos, que las casas no iban a estar vacías, que los héroes de los cuentos iban a ser médicos, enfermeras, enfermeros, sanitarios y personas que se dejan la vida por los demás sin tener miedo a nada, y que la sanidad pública, tan despreciada, iba a ser nuestra esperanza de salvación.

¿Y si todo esto fuese un experimento social programado para hacernos parar? ¿Para hacernos reflexionar sobre lo importante, lo de verdad?

Bofetada del destino que nos ha hecho parar.

Parar para valorar. Parar para pensar.

Parar para mirarnos, para reconocernos.

Parar para querernos de una vez por todas, sin filtros ni app.

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