LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Vía libre para ir de tiendas

Con todo el país al menos en fase 2, los grandes comercios abren sus puertas solo con límites de aforo y con fuertes medidas de higiene y distancia

Madrid / San Sebastián de los Reyes - 08 jun 2020 - 22:30 UTC
Clientes en el centro comercial La Vaguada, en Madrid.
Clientes en el centro comercial La Vaguada, en Madrid.Luis Sevillano

María, de 76 años, ha esperado durante meses para comprar unos pendientes a su hija como regalo de un cumpleaños que no pudo celebrar. También quería algunos obsequios para sus nietos, a los que ha visto poco en las últimas semanas, vividas en confinamiento. Entre los aplausos de los empleados, María fue este lunes la encargada de cortar la cinta de la reapertura oficial de El Corte Inglés de Castellana, uno de los más emblemáticos de la cadena de grandes almacenes, tras más de dos meses cerrado por la pandemia y dos semanas convertido en una tienda de 400 metros cuadrados. Con la entrada de Madrid, Barcelona y zonas de Castilla y León a la fase 2 de la desescalada este lunes, el comercio puede abrir ya sin más limitaciones que un 40% de aforo y horarios preferentes para mayores de 65 años.

El centro de Castellana tiene un aforo de 20.915 personas, pero hasta que Madrid no entre en la fase 3, si todo va bien, en dos semanas, tendrá que conformarse con el 40% de esa cifra, 8.366 como máximo. Con los de Madrid, Cataluña y Castilla y León, este lunes terminaron de abrir al completo los últimos 31 de los 92 grandes almacenes que tiene El Corte Inglés en España. A estos tradicionales gigantes comerciales se unieron los grandes espacios de venta de enseñas como Ikea, MediaMarkt, Decathlon y Leroy Merlin, entre otros, ya sin las zonas acotadas de 400 metros con los que algunos habían funcionado en las últimas semanas. Y, merced a lo visto este lunes, había ganas, tanto por parte de los empleados como de los compradores.

Laura y su nuera, Sara, lo confirmaban mientras cargaban hasta los topes el maletero de su coche de paquetes de la tienda Ikea de San Sebastián de los Reyes. “Ganas y prisas, porque quedaban solo dos cunas y no queríamos quedarnos sin ella”, explicaba Laura señalando a su nuera, embarazada. A las diez de la mañana, habían hecho cola a la entrada de la tienda, donde se han dispuesto vallas azules para dirigir el flujo hacia la puerta de entrada. Antes era giratoria, ahora está abierta de par en par para absorber más rápido los aproximadamente 1.900 clientes que puede acumular en esta fase. Personal de seguridad cuenta las personas que entran, todas con mascarilla, y salen, ya por otra puerta.

Un poco más allá, tras cruzar un parking atestado a media mañana, Vicente Fernández, director de la tienda Leroy Merlin, también celebraba que “todo empieza a coger ritmo”. Varias decenas de personas esperaban en la línea de cajas, “más de lo habitual para un lunes por la mañana”. Según Fernández, lo más demandado estos días son los productos de “jardinería, climatización y ventiladores”, junto con remiendos varios para el hogar. “El confinamiento ha supuesto un desgaste extra para las casas y también una visualización clara de lo que se necesita”, explica. Desde el 26 de mayo, los 250 empleados de su tienda y el resto de la plantilla de toda España están desafectados del ERTE presentado por la empresa a mediados de marzo. Aunque estaba abierta para profesionales, para particulares apenas podía contar con esos 400 metros. “Era como una ferretería normal, pero con un almacén enorme”, contaba tras su mascarilla. También estaba abierta parcialmente la tienda MediaMarkt del centro comercial Castellana 200. Durante el confinamiento, solo podía vender productos relacionados con el teletrabajo (ordenadores, smartphones y software), pero desde este lunes los clientes pueden hacerse con cualquier artículo navegando entre botes de gel y carteles para mantener la distancia.

Las mascarillas y los geles desinfectantes eran una constante a la entrada de cada tienda y dentro de ellas, como las mamparas y la omnipresente cartelería para mantener la distancia —El Corte Inglés asegura haber colocado 323.409 vinilos indicadores y 14.532 carteles de distintos tipos—. Hasta en las escaleras mecánicas de acceso al centro comercial Plaza Norte 2, en el mismo complejo, recordaban que son aconsejables cuatro escalones de separación. Dentro, las pantallas de los paneles indicativos táctiles permanecen intocables bajo grandes pegatinas.

Montse Gómez, de 55 años, empleada de El Corte Inglés de Castellana, explicaba que hace 15 días que ella y sus compañeros se han estado preparando para la reapertura “con mucho trabajo, con mucha limpieza y, sobre todo, con muchos mimos, pensando en los clientes que llegarían hoy [por el lunes]”. En el Decathlon del centro comercial Allegra de San Sebastián de los Reyes el personal de limpieza repasaba cada poco las máquinas de hacer ejercicio. “Son aparatos que están expuestos a que los toque mucha gente y hay que tener un cuidado extra”, explicaba Adrián Hervella, director de la segunda tienda de deportes más grande de España, 10.000 metros cuadrados, con aforo para 1.380 personas en esta fase. “Es difícil que haya ese número de personas a la vez”, señalaba, pero aun así, guardias de seguridad controlaban el aforo y señalaban a los clientes el gel hidroalcohólico y los guantes recomendados a la entrada.

En el Plaza Norte 2 no hacía demasiada falta, pero es probable que sea necesario durante el fin de semana. El complejo abrió este lunes tras casi tres meses y habrá que controlar la afluencia general al centro y, dentro de él, a cada una de las tiendas. Este lunes en sus pasillos no había aglomeraciones y apenas había cola para pagar en la tienda Zara. En todo caso, el tráfico era notable, “más el de un viernes que el de un lunes”, según Alba Rivera, dependienta de la tienda Levi’s del centro. En la tienda Zara del paseo de la Castellana, una de las tiendas insignia del grupo Inditex, se ha dispuesto casi en su totalidad de la primera planta para redistribuir el paso de los clientes. Los estantes de ropa y maniquíes han sido reemplazados por postes de metal con listones negros que hacen que la entrada parezca un laberinto hacia la primera zona reabierta de la tienda.

“Hacía falta esta reapertura, porque después de estar tanto tiempo encerrados hay gente que lo está pasando muy mal todavía psicológica y económicamente”, decía a las puertas de El Corte Inglés Luis Guirado, de 52 años, contrario al severo confinamiento vivido. Como ejemplo, unas puertas más arriba de la calle Raimundo Fernández Villaverde la pequeña boutique femenina de Amparo Gómez ofrece sus últimas ofertas antes del cierre. Gómez, de 54 años, intenta vender con descuentos toda la ropa de invierno que adquirió antes de la pandemia. “La gente viene con miedo, hay mucha gente en el paro y muchas personas lo último que quieren es comprar ropa. Yo lo tengo ya decidido, voy a cerrar este mes” cuenta. Como ella, muchos negocios pequeños se debaten entre abrir con aforos limitados o esperar a que el cambio de fase les permita empezar al 100% y tratar de recuperarse económicamente de la pandemia.

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