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Caixa Guissona, la pequeña caja que no quiere vender televisores

La entidad catalana reivindica su modelo de banca y salpica sus memorias anuales de dardos a los grandes del sector

Fachada de la oficina de Caixa Guissona en Barcelona.
Fachada de la oficina de Caixa Guissona en Barcelona.

En 2017 daban un “sí contundente” al hecho de que aquel había sido el mejor ejercicio de su historia y, lejos de repetir la fórmula, en 2018 optaron por utilizar el “hasta el infinito y más allá” que hizo famoso el personaje Buzz Lightyear en Toy Story. Caixa Guissona se siente una entidad “especial” en el sector financiero, sobre todo desde que sorteó la crisis inmobiliaria porque había rechazado financiar promociones durante los años de la burbuja. Ese sentimiento se traduce en unas memorias anuales cargadas de ironía y de algún que otro dardo a sus competidores.

Los resultados de la pequeña entidad catalana, que tiene cuatro oficinas —solo una de ellas en Barcelona— y una plantilla de 34 empleados, también abonan ese sentimiento de singularidad si se compara con un sector algo deprimido por los bajos tipos de interés y el escaso aumento de actividad. La cooperativa de crédito, vinculada al grupo cárnico BonÀrea, ha logrado en solo dos años aumentar los préstamos sobre clientes un 63,2% (hasta 277,2 millones de euros) y aumentar los depósitos un 25,6%, hasta 777,8 millones de euros.

Caixa Guissona fue, junto a Caja de Ingenieros, la única entidad de crédito catalana que mantuvo su sede en la comunidad autónoma mientras miles de compañías —con CaixaBank y Banco Sabadell al frente— trasladaban su domicilio social a otras ciudades de España durante la crisis posterior al referéndum ilegal de independencia del 1 de octubre de 2017. El enfado de algunos clientes de las dos tradicionales bancas catalanas ayudó desde entonces a la Caja de Ingenieros a captar más usuarios. Algo similar le ocurrió a Caixa Guissona. Ganó 4.600 personas en 2017, año en el que su memoria afirmó: “Nos sentimos especialmente satisfechos cuando observamos el casi nulo impacto que el conflicto ha tenido [en las cuentas]”. El pasado año, la entidad calculaba que sus clientes habían crecido un 13%, pero sin concretar el número definitivo.

Con una redacción descarada para lo que se estila en este tipo de documentos, las memorias de Caixa Guissona no tienen problemas en desafiar algunas pautas de la gran banca. Pese a los problemas que comporta la política monetaria del Banco Central Europeo, la entidad se enorgullece de haber impulsado el crédito y de haber conseguido con ello compensar la caída del precio del dinero, algo que ha mermado las cuentas de la banca en general. El crédito, aseguran en el balance anual, se ha convertido en la principal partida de su activo, tras crecer un 34,5% en 2018 y superar lo invertido en deuda pública y en saldos cedidos a otras entidades financieras.

Y defienden esa política comercial frente a la de sus competidores: “Preferimos vender crédito antes que móviles y televisores”, ironizan en una memoria en la que admiten que “son malos tiempos, y no hablamos de rock‘n‘roll, sino de banca. Trabajamos en una profesión con una pésima reputación”. Pese a ese aumento de la actividad crediticia, la entidad ha logrado reducir su morosidad, que el año pasado continuó en senda descendente y se situó en el 0,72%, cinco puntos por debajo de la media del sector.

Pese a todos esos buenos números, Caixa Guissona no obtuvo sus mejores resultados en 2018. Sus ganancias se quedaron en los 4,3 millones de euros, un 7,6% menos que el ejercicio anterior y alejados de los 5,1 millones que obtuvieron en 2016, su mejor año en beneficios, aunque no en valoración global.

Cuatro contratos en 2018

La entidad asegura que el pasado fue un ejercicio “complicado”. El motivo es que resultaba difícil lucirse para compañías como la suya o, dicho de otra manera, “a aquellas entidades que aún nos dedicamos a la antigua profesión de transformar ahorro en crédito”. En el último año, el 75% del ahorro captado fue directo a crédito.

La cooperativa presidida por Joan Domingo Majoral saca pecho también de su política laboral, que contrasta con los planes anunciados por gigantes del sector, como Santander o CaixaBank, que prevén recortar sus plantillas para ganar eficiencia: “Mientras nuestra competencia se repliega y anuncia cierres y miles de despidos, Caixa Guissona contrató cuatro nuevas personas en 2018. Parece que nos guste llevar la contraria”, afirma.

Pero en su informe anual también rompe otro tópico contemporáneo, el de la relevancia de la actividad a través de canales electrónicos o teléfonos móviles: “Ir a la oficina suena a antiguo, sin duda, pero dejarlo todo en manos de los móviles no es —todavía— una opción por la forma en la que entendemos nuestro negocio. Necesitamos empatizar, sentir cómo se sienten, pensar lo que piensan, entender lo que preocupa a nuestros clientes”. Otro recadito más a los grandes del sector, empeñados en la digitalización.

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