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Un tamiz con el que beber agua del grifo

La catalana Tapp Water diseña y comercializa dispositivos de filtrado, y ha vendido más de 48.000 desde 2017

Equipo de Tapp Water, con Alexander Schwarz, (en la segunda fila, el quinto desde la izquierda) y Rocío Alcocer (delante de él, con camiseta blanca).
Equipo de Tapp Water, con Alexander Schwarz, (en la segunda fila, el quinto desde la izquierda) y Rocío Alcocer (delante de él, con camiseta blanca).

El 99,5% del agua española es potable y cumple con los estándares europeos de calidad, pero aún así el 40% de los hogares bebe agua embotellada, lo que además supone una actitud poco sostenible por el uso de botellas de plástico. La razón más importante para que casi la mitad de la población no beba agua del grifo es sencilla: el sabor. Un aspecto bien conocido en muchas zonas de este país, sobre todo en las costeras, donde el líquido elemento es poco apetecible por su mayor cantidad de cloro y cal. Una situación que provoca que en el área mediterránea, el agua embotellada llegue a más del 50% de los hogares, según un estudio de la empresa Tapp Water.

En 2014 el alemán Alex Schwarz y el sueco Magnus Jern, fundadores de la empresa, pasaban temporadas en Barcelona donde se encontraron con el problema del sabor del agua. “No querían beberla en botella, las jarras de filtrado tenían una capacidad limitada y los filtros que se colocan en las tuberías necesitan una instalación profesional y un mantenimiento”, explica Rocío Alcocer, directora general de Tapp Water. En este punto, la solución no se hizo esperar. Decidieron comprar más de 40 productos distintos de filtrado y probarlos. De todos, seleccionaron uno que se fabricaba en Taiwan y que empezaron a importar y a vender. “Lo adaptamos y tras testarlo, lo lanzamos en 2017 con el nombre de Tapp 1. Aunque el producto no era de diseño propio, sí que innovamos en el modelo de negocio. Creamos una suscripción anual que incluía el dispositivo y la reposición del cartucho cada tres meses por 60 euros al año”, apunta Alcocer.

Su siguiente objetivo fue crear un producto nuevo y más sostenible, que se lanzó en 2018, tras más de un año de investigación y desarrollo. Así nacía Tapp 2 que incorpora un cartucho biodegradable (se puede tirar en el contenedor de desechos orgánicos) y la posibilidad de controlarlo por bluetooth (a través de una aplicación te informa de la vida útil del cartucho, del ahorro de agua…. ). “El precio de la suscripción está en 79 euros el primer año y 60 los siguientes para la opción manual. Con bluetooth el precio sube a 89 euros el primer año y 60 los siguientes”, comenta Alcocer.

También es posible adquirirlo de forma individual en plataformas de comercio online o en su web. “Sobre todo está pensado para casas en las que no se vive todo el año”, señala.

Tanto el Tapp 1 como el 2 tienen un sistema de filtrado de carbón activado que elimina el cloro, metales pesados, pesticidas…. pueden usarse en el grifo de la cocina, del baño o en la ducha, se instalan sin necesidad de un profesional y son compatibles con casi la totalidad de los grifos.

Para desarrollar el negocio, Alcocer explica que ha sido necesario un importante respaldo económico que les ha llegado desde varios frentes. En 2017 invirtieron unos 30.000 euros de fondos propios para lanzar el Tap 1. En ese mismo año, captaron 300.000 entre inversores privados y 80.000 más de ENISA, que destinaron en su totalidad al desarrollo del Tapp 2. Durante el pasado año, levantaron otros 700.000 euros que llegaron desde el fondo alemán Yabeo y el sueco Bluewater, con los que han sufragado la internacionalización de la empresa.

También en 2018 captaron una subvención de la Unión Europea dentro del programa Horizon 2020 que les ha supuesto una inyección de 1,2 millones de euros y que dedicarán a su nuevo proyecto: el Tapp 3. Un dispositivo que sumará complementos como sensores para comprobar la calidad del agua, medir el caudal y el consumo o actualizar la aplicación.

Para este año su intención es recaudar 2,5 millones más, que esperan tener en caja antes de acabar 2019, para lo que están en conversaciones con inversores privados. Los cuatro empleados con los que comenzó la empresa se han convertido en 23 que atienden a más de 15.000 clientes activos a los que han vendido más de 48.000 unidades. El 50% de su cuota de mercado está en España, sobre todo en la costa mediterránea y en Cataluña, donde la provincia de Barcelona asume el 46% del total.

Han exportado su modelo a otros países como Italia, —su principal centro de ventas después de España—, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. En 2018 facturaron 800.000 euros que esperan convertir en 2,2 millones este año. “Pese a esto, los beneficios todavía se hacen esperar”, concluye Alcocer.

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