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Los bancos centrales reclaman reformas estructurales y políticas fiscales para prevenir otra crisis

El Banco de Pagos Internacionales constata que el margen de acción de la política monetaria es ahora “más y más limitado”

bancos centrales
Sede del Banco de Pagos Internacionales en Basilea (Suiza), el pasado marzo.

“Era quizás demasiado buena para ser verdad”. Así describe el Banco de Pagos Internacionales la coyuntura económica de 2017. Pero desde entonces las cosas han cambiado mucho. El coordinador de los bancos centrales alerta del incremento de riesgos desde la segunda mitad de 2018 en un informe desembargado este domingo. Y da recetas para evitar que estos acaben en una nueva crisis: reformas estructurales que estimulen el crecimiento, más acción de las políticas fiscales en los países con margen —es decir, aquellos con cuentas saneadas—. Además, constata que la política monetaria ya no puede hacer mucho más.

Cada mes de junio, el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) alerta en su Informe Económico Anual de las amenazas que divisa para la economía mundial. Si en 2016 avisaba del riesgo del surgimiento de burbujas, y en 2017 insistía en su preocupación por el alto endeudamiento, este año centra su mensaje en la necesidad de adecuar todas las políticas económicas y buscar un mejor equilibrio entre las medidas fiscales y monetarias, así como el impulso por parte de los Gobiernos a las reformas estructurales y a medidas para asegurar la estabilidad del sector financiero, como los requerimientos de capital o las pruebas de resistencia a la banca.

El BIS no cree que los bancos centrales hayan agotado ya todo su arsenal. Pero sí admite un margen mucho menor, así como una efectividad “más y más limitada”. “¿Qué mayor nivel de estímulos vas a obtener si reduces los tipos de interés otro 0,25%? Es difícil ver que esto pueda generar un gran efecto”, aseguraba a este periódico Agustín Carstens, director general del BIS, en una teleconferencia.

Carstens, antiguo secretario de Hacienda y gobernador del Banco de México, aboga también por preservar las medidas extraordinarias de los bancos centrales como una especie de salvaguarda, por si las cosas empeoran mucho más. Lo preferible sería pues dejar por ahora la acción a otro tipo de políticas. El BIS alerta, además, de los peligros de una sobreactuación de la política monetaria. “Es posible que las acciones que dejan claros beneficios en el corto plazo puedan acabar ocasionando costes a largo”, asegura el informe. “La política monetaria no puede ser el motor de crecimiento para el futuro”, añade.

Con este mensaje, el organismo con sede en Basilea (Suiza) se aproxima al flanco más ortodoxo de los banqueros centrales. Y llama la atención especialmente en un momento en el que Mario Draghi, presidente del BCE, está en una posición muy compleja tras insinuar que, a la vista de los pobres datos de crecimiento e inflación, podría estar preparando futuros recortes de tipos de interés o retomar el programa de compra de deuda que abandonó el año pasado. Al otro lado del Atlántico, la Reserva Federal de EE UU también se prepara para desandar parte del camino andado en el proceso de normalización monetaria. Los analistas ven cada vez más cerca una rebaja de tipos por parte de la Fed.

¿Qué países pueden permitirse acelerar sus políticas de gasto para asegurar el crecimiento y cuáles no? Allí donde la sostenibilidad de las cuentas esté en peligro, el objetivo debería ser controlar las finanzas públicas, limitando así los riesgos para el sistema financiero, en opinión del organismo. “Pero donde haya espacio fiscal, debería ser usado juiciosamente para sostener el crecimiento y si es necesario impulsar la demanda agregada”, recomienda el ente conocido como banco de los bancos centrales. Entre las propuestas, un sistema impositivo más proclive al crecimiento y gastos públicos más volcados en la inversión en infraestructuras.

Alerta por el alto endeudamiento

Otro de los grandes riegos para la economía, un clásico ya en los informes del BIS, es el alto nivel de endeudamiento. “La deuda de los hogares ha alcanzado un nuevo pico histórico en varias economías que no fueron las más afectadas por la gran crisis financiera. Y el precio de la vivienda se ha estancado en muchos casos”, avisa. También preocupa la deuda de las empresas, que, pese a haber retrocedido en algunos casos, continúa cerca de los récords históricos. En EE UU, asegura el documento, la ratio de deuda respecto a las ganancias en las compañías cotizadas ya supera el anterior pico de principios de la década de 2000. “Solo se conseguirá un mayor crecimiento reduciendo la dependencia en la deuda y mejorando la productividad”, concluye.

Otra de las preocupaciones del BIS es la situación de los bancos. Y las noticias no son buenas. “Por desgracia, la rentabilidad de las entidades financieras ha sido deslucida”, resume el informe. Según sus estadísticas, la rentabilidad media en un gran número de economías avanzadas es ahora “sustancialmente menor” que a principios de la década de 2000. Y nada de echar la culpa a estos malos resultados a la regulación. “Ha sido buena para los bancos. La regulación no es la causa de la baja rentabilidad”, concluye Carstens.

Para mejorar sus márgenes, el BIS pide a las entidades que adapten sus planes de negocios a planteamientos realistas. Y alerta de que los bancos se enfrentan a una creciente competencia por parte de agentes no tradicionales, como las grandes tecnológicas, “que se están aprovechando de la innovación digital”. Otro problema que perdura es la sobrecapacidad que aún acumulan las entidades.

Carstens aconseja “prudencia” a España

España es, según Agustín Carstens, un buen ejemplo del mensaje que el Banco de Pagos Internacionales quiere lanzar: la necesidad de buscar un mejor equilibrio en las políticas económicas, dando primacía a las reformas estructurales. “España ha tenido una recuperación estelar, mejor que la media de los países de la eurozona. Lo ha hecho muy bien. Es un buen ejemplo de que si impulsas reformas estructurales importantes puedes obtener un mayor crecimiento”, asegura en una teleconferencia el director general del BIS.

Pero esto no quiere decir que España esté entre los países a los que el coordinador de los bancos centrales reclame un impulso más importante en sus políticas fiscales. Más bien al contrario. Carstens admite que el incremento de la deuda desde el inicio de la crisis financiera ha sido en España especialmente grave. “No abogaría demasiado por aumentar la deuda en España. Sería prudente sobre esto”, asegura. ¿Quiere decir esto que el Gobierno está condenado a dejar intacta la política fiscal? “No es que no haya cierto margen. Pero sería muy cuidadoso con ello”, responde el mexicano.

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