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Mi profesor de Matemáticas también es ‘youtuber’

El vídeo gana terreno como herramienta educativa. Los docentes comienzan incluso a abrir sus propios canales de YouTube como fórmula para innovar en el aula

Los profesores Mark Polko y Antonio Pérez y los 'youtubers' Andrea Izquierdo (Andreo Rowling) y José Luis Crespo (Quantum Fracture).
Los profesores Mark Polko y Antonio Pérez y los 'youtubers' Andrea Izquierdo (Andreo Rowling) y José Luis Crespo (Quantum Fracture).

Durante el último año, Antonio Pérez se ha pasado 20 horas cada semana delante de la cámara. No es ni presentador de televisión ni actor. Es profesor. Y también youtuber. Da clase de Física y Química a sus alumnos del instituto Sierra Luna, en Los Barrios (Cádiz). Y, al mismo tiempo, a los más de 4.000 suscriptores de Antonio Profe, el canal que tiene abierto en la mayor plataforma de vídeos de Internet. Como él, cada vez más docentes se atreven a abrir las puertas de sus aulas a YouTube, que quiere despojarse de la etiqueta de elemento de distracción para los alumnos y convertirse en una herramienta educativa en manos de los docentes.

“Haz la cuenta: ¿cuántos institutos puede haber en una ciudad? ¿Y móviles? El aula hoy es el salón, una cama, un bar o un parque. Puede ser cualquier sitio porque el aula es un móvil”, sintetiza Antonio García Villarán. Doctor en Bellas Artes, ha impartido clases de dibujo y pintura al uso en su propia academia, en la universidad e incluso en la cárcel. Hoy tiene 10.000 alumnos en la plataforma de cursos online Udemy y más de medio millón de seguidores en su canal de YouTube, dedicado a la divulgación del arte. Y eso que hace solo cuatro años, cuando empezó, no tenía ni idea de cómo encender una cámara. “Me da muchísima más libertad de cátedra”, asegura. “Explico lo que quiero y como quiero y si la gente ve que es bueno, se apunta”.

Dedicado casi por completo a lo online y a lo audiovisual, su caso está en un extremo del fenómeno de YouTube como herramienta educativa. En el otro lado, más terrenal, se ubican esos profesores que desde hace un tiempo han empezado a incorporar los vídeos de esta gigante plataforma —casi 2.000 millones de usuarios en todo el mundo— como un material más en el aula.

Mark Polko, docente y responsable de tecnologías en el colegio privado San Francisco de Paula, en Sevilla, lo utiliza en todas sus clases. Recopila material de aquí y de allá con el que crea un “camino de aprendizaje” para sus alumnos. La herramienta, dice, le permite diversificar y llegar de formas diferentes a cada uno de los 24 estudiantes que tiene de media en clase. Algo que, con la clásica lección magistral, asegura que es imposible. “El rol del profesor ha cambiado por completo”, señala. “No se trata solamente de explicar la materia, sino de guiar a los alumnos. Ser su apoyo y, si se desvían, ayudarles a encontrar el camino”.

El 75% de la generación Z utiliza YouTube, su tercera red social preferida por detrás de Instagram y WhatsApp, según el penúltimo estudio anual de redes sociales de IAB. Y los contenidos educativos ganan enteros. Tanto por parte de aquellos profesores que se graban para nutrir con sus explicaciones sus canales como por el lado de los edutubers, los youtubers especializados en educación y divulgación, que no paran de crecer. Los contenidos relacionados con el aprendizaje generan 1.000 millones de visitas al día y el año pasado los canales de divulgación crecieron en España un 50%, según datos de la plataforma, propiedad de Google. El propio YouTube ha visto el filón. En octubre anunció una inversión de 20 millones de dólares para fomentar este tipo de contenidos y la semana pasada organizó en Madrid el primer encuentro entre youtubers y profesores en España para tratar de encauzar todo este movimiento.

“Es una fórmula muy buena para enriquecer a nuestros alumnos, para que vean diferentes fuentes. Los profesores no tenemos la verdad absoluta”, señala Laura Cuesta, profesora de estrategia digital y social media de la Universidad Camilo José Cela (UCJC). La experta señala que es en las asignaturas STEM —ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas, por sus siglas en inglés— donde más se ha popularizado el uso de YouTube. “Son las más difíciles de explicar y las que más pueden frustrar a profesores y alumnos. Al grabar este tipo de contenidos conseguimos que todos los estudiantes, aventajados y rezagados, tengan las mismas oportunidades: pueden ponérselo tantas veces como quieran, parar donde no entienden... ”.

Para enseñarles a recopilar información en Internet, para practicar la expresión oral grabándose en vídeo, para ofrecerles material de repaso... Hay casi tantas aplicaciones como profesores. Pero mientras que docentes como Mark Polko utilizan material producido por otros, algunos han dado un paso más allá y se atreven a ponerse delante de la cámara. Graban sus propias explicaciones para que sus alumnos las puedan ver en casa. Es aquí donde YouTube se perfila como una herramienta muy útil para aplicar la llamada clase invertida o flipped classroom, una metodología innovadora que consiste en que los estudiantes se preparan la teoría en casa mientras que el tiempo en el aula se dedica a la práctica y a un trabajo más personalizado.

Eso es precisamente lo que hace Miguel Pérez Luque, profesor de Matemáticas del instituto Sierra de Mijas, en Mijas (Málaga). Se arrancó con un vídeo sobre cómo realizar una tabla de frecuencias, se lo enseñó a sus alumnos y como les gustó, comenzó a publicar en su canal, JaqueEnMates, con 11.000 suscriptores. Pero ni lo utiliza siempre ni vale para todo, dice. “Es un complemento al profesor, nunca un sustituto. Algo que es mecánico lo pueden aprender en el vídeo, pero en clase tú les ayudas en el desarrollo del razonamiento, les preguntas: ‘Eso que sale en el vídeo, ¿por qué crees que es así?’. Y ahí el profesor es insustituible”. En su vídeo más visto enseña a dividir por dos cifras y acumula 357.000 visualizaciones.

Para Antonio Pérez, del instituto Sierra Luna, su vídeo más popular es una explicación sobre cómo pasar gramos a moles, moléculas y átomos (49.000 visitas). Las 20 horas semanales que ha invertido en YouTube este año las ha dedicado a grabar todo el temario de Física y Química desde 2º de ESO hasta 2º de Bachillerato. Lo usa en sus clases y sabe incluso de otros profesores que también lo utilizan. Antes había abierto otro canal, Ciencia Solidaria, en el que hay almacenados más de 500 experimentos de ciencias realizados por sus alumnos. Los pocos ingresos que han conseguido generar los donan a Acnur, para enseñar a los chavales que la codiciada visita o el dichoso me gusta pueden tener una utilidad mucho mejor que inflar el propio ego.

“El principal logro es motivarles. Pero hasta niveles que yo no podía ni imaginarme. Tengo alumnas de 2º de ESO grabando experimentos con un nivel de 2º de Bachillerato”, asegura Pérez. A sus estudiantes les motiva elegir experimentos, grabarse poniéndolos en práctica con compañeros e incluso con sus padres y abuelos, verse en Internet, repasar las clases en el móvil… Y en los resultados se nota, dice. Uno de sus grupos, en 3º de ESO, tiene de media un 75% de suspensos, pero en su asignatura los aprobados han llegado al 90%. “Es una herramienta con la que están tan familiarizados que si entras y ofreces tus clases en su mundo, en su paradigma, ya has llegado. Generas una motivación intrínseca en ellos”, apoya Polko.

Esta ventana casi infinita al mundo tiene sus riesgos. El excesivo tiempo de pantallas que ya de por sí acumulan los niños y adolescentes, la privacidad si son ellos mismos los que graban sus vídeos, la dispersión de la atención que generan las herramientas digitales… y, sobre todo, el hecho de que todos, familias y profesores, pierden el control sobre los contenidos que consumen los alumnos.

Se trata, dicen los defensores de esta herramienta, de educar en el uso. “Tenemos que enseñarles a diferenciar las fuentes fiables de las que no lo son”, apunta Laura Cuesta, de la UCJC. “Nos toca a nosotros, profesores y familias, tener esa visión de seguimiento y supervisión, de sentarnos con ellos y enseñarles”. También, apuntan algunos docentes, hace falta sistematizar todo esto en unos contenidos obligatorios de ética digital que ayuden a los alumnos a moverse en este mundo hiperconectado en el que la etiqueta que se les pone de nativos digitales apuntala la creencia de que ya lo saben todo. “No es cierto. Están acostumbrados a lo intuitivo y al todo hecho, a que no les hace falta pensar”, apunta Polko.

Un esfuerzo personal

Grabar un solo vídeo educativo puede llevar a un profesor unas tres horas. Primero hay que elaborar el guion para después filmar, repetir las veces que haga falta y editar. Tiempo que sacan de su tiempo libre. “He pensado en cambiar el nombre del canal, de Antonio Profe a Adiós, vida social”, bromea Antonio Pérez, profesor de ciencias en el instituto Sierra Luna, en Los Barrios (Cádiz).

Pérez, que acaba de ganar un premio de la asociación Mejora tu escuela pública por el uso que hace de YouTube en el aula, cuenta que ha empezado también a formar a profesores. “Les encanta lo que les cuento… hasta que llego al final y les digo las horas y el trabajo que lleva. Hace falta más apoyo, o de la administración o de YouTube”.

El papel de las familias resulta fundamental. En el instituto Sierra Luna, Antonio Pérez recuerda cómo una madre apareció por el centro preguntando si era cierto que “un señor con barba” daba clases allí y subía vídeos a YouTube. Su hijo se pasaba horas delante de la pantalla con esa excusa y ella no se fiaba del todo. A unos cuantos kilómetros de allí, en el colegio público San Juan de la Cadena, en Pamplona, el profesor Andrés Rico hace su propia valoración: “YouTube da miedo. Desde la perspectiva de los padres, como ocurre con todas la tecnologías, primero hay un rechazo, luego una asignación y por último una aceptación”.

Rico, que da clase de alemán e inglés y es responsable de nuevas tecnologías en su centro, quiso hacer una reflexión sobre el papel YouTube en el aula, pero se encontró con que apenas había bibliografía. Por eso decidió hacer una inmersión a fondo y convertirse en youtuber con su canal Todo Educación. “Si usas esta herramienta como docente, te tienes que documentar bien. No somos profesores que solo damos materia, también tenemos que educar en las nuevas tecnologías. Parece que no va con nosotros, pero es nuestro alumnado el que está consumiendo este tipo de contenidos”, recuerda.

Para ello, Rico se empapó de referentes educativos, como el profesor youtuber David Calle, nominado en 2017 al premio Global Teacher Prize. Pero también de referentes del universo YouTube, como El Rubius. Con bastantes más horas de vuelo, ¿hay algo que los docentes puedan aprender de los youtubers? “Nosotros hemos encontrado fórmulas para que la gente vea por propia voluntad contenido que en principio podría parecer muy técnico. Los vídeos pueden servir para introducir temas y la clave está en que damos un contexto de lo que explicamos. Pero la figura del profesor es algo inquebrantable, no hay tecnología que pueda sustituirlo”, señala José Luis Crespo, responsable de Quantum Fracture, el primer canal de divulgación científica que ha conseguido superar en España el millón de suscriptores.

Y si la ciencia reina, las letras y la literatura llevan un tiempo sumando lectores a través de YouTube gracias a la divulgación que realizan los booktubers. “Muchas veces se ha visto a la comunidad de YouTube como la alternativa al típico profesor malo que no sabe explicar. Pero en general no es así”, asegura Andrea Izquierdo, del canal Andreo Rowling, con 163.000 suscriptores. “Es un complemento muy interesante porque para el alumno el profesor es referente, pero también quiere seguir aprendiendo cuando llega a casa”.

Tras un año delante de la cámara, Antonio Pérez ha completado el temario de Física y Química de Bachillerato y ahora tiene la mirada puesta en el de la universidad. Mark Polko está pensando en empezar a grabar contenido propio, en lugar de utilizar solo el de otros profesores. Miguel Pérez Luque, que hasta ahora explicaba Matemáticas sobre la imagen de una pizarra y con su voz en off, ha hecho caso a sus alumnos y ya sale en sus vídeos. Y Andrés Rico ha publicado sus reflexiones sobre YouTube como herramienta educativa en un libro, Un youtuber en educación. “Es una realidad que está ahí”, afirma. “Hay que investigar y experimentar. Estamos muy huérfanos de bibliografía sobre la competencia digital. Siempre se habla de los peligros y de lo que me puede perjudicar en mi práctica educativa, pero no de las virtudes y de en qué me puede favorecer”.

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