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España pasa el farolillo rojo a Italia

La cuestión del déficit afronta ahora un horizonte más cualitativo: no solo si conviene gastar más, sino cómo invertir mejor

El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici.
El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. EFE

El desacople o la divergencia entre Italia y España aumenta, rotundamente en favor de esta.
España abandona tras 10 años el brazo correctivo del procedimiento de déficit excesivo. Era el farolillo rojo de las finanzas públicas europeas: pero sus deberes no acaban, deberá afrontar ajustes muy potentes.

Y cede simultáneamente el puesto a Italia, aunque el estigma tardará en concretarse. Y es posible que se libre, si Roma pragmatiza sus planes de menor ingreso y mayor gasto.

Será difícil porque el programa del dueto de populismos inversos es agua y aceite. La Liga ultra de Matteo Salvini acelera en su pretensión de reducir impuestos, aplanando el IRPF a un tipo único del 15%; el presunto izquierdismo de Luigi Di Maio enfatiza el alza del gasto social y en infraestructuras.
El espacio fiscal en que pueden moverse es bastante exiguo: la deuda ascenderá desde el 132,2% del PIB de 2018 al 135,2% en 2020, según Bruselas. Mientras que España la reducirá levemente, del 97,1%, al 95,7%.

Eso significa en el caso de Italia, por ejemplo, que los intereses de la deuda pública devoran una cantidad similar al gasto educativo total.

Los dirigentes italianos siguen empecinados, aunque parece que con menor dureza, en su campaña contra la supuesta política de austeridad fiscal, que hace años ya no rige en la UE, sino que es simplemente de moderado expansionismo.

Además, Bruselas ha sido muy generosa con Italia: de 2015 a 2018 ha flexibilizado las metas de déficit en un total de 30.000 millones (un 1,8% del PIB), por el peso de la inmigración, las catástrofes o las amenazas terroristas. Y el BCE ha dedicado a comprar bonos de deuda italiana un 15% de la cantidad total; por un 11% de la española y un 25% de la alemana.

La cuestión del déficit afronta ahora un horizonte más cualitativo: no solo si conviene gastar más, sino cómo invertir mejor. En 60 años de emplear fondos europeos, Italia no ha levantado a su sur de la pobreza.

En España es al revés. Y ahora empieza con la Airef un sustancial ejercicio de revisión del gasto (spending review), que el Gobierno, en la nueva edición de su plan de estabilidad, promete incorporar. Solo se legitimará más gasto social si se purgan las subvenciones dilapidadas.

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