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ANÁLISIS i

En Bankia nada era normal

El gigante financiero iba camino del desastre, y sucedió, para desgracia de todos

Desde la izquieda, José Luis OIlivas, Rodrigo Rato, y Francisco Verdú.
Desde la izquieda, José Luis OIlivas, Rodrigo Rato, y Francisco Verdú.

El trabajo de los auditores está sujeto a muchas pautas y obligaciones. Pero incluso en este tipo de labores, la relación personal y profesional va marcando el trabajo de ir preparando algo tan complejo como la auditoría de unas cuentas. En el caso de las de BFA-Bankia que Deloitte debía auditar en 2011, cabe recordar que la entidad procedía de la fusión apresurada de siete cajas de ahorros. BFA-Bankia superó los 300.000 millones de activos, rebasó a La Caixa en tamaño, y tenía unos activos inmobiliarios que perdían valor cada trimestre. Un escenario endiablado para afirmar que unas cuentas reflejan fielmente el patrimonio y la situación financiera de una entidad, tal y como debe garantizar una auditoría. Todo eran arenas movedizas.

En cualquier situación, pero quizá más en el caso de Bankia, parece razonable que se fuera preparando la auditoría con los borradores de las cuentas. Si se espera al final, cuando se tienen las partidas cerradas, puede ser difícil cumplir los plazos legales. Y además, en el caso de Bankia, el banco acababa de estrenarse en Bolsa en medio de una tormenta financiera formidable como no se recordaba desde hacía 60 años. Más tensión.

Por lo que se está viendo en el juicio, todos estos bandazos —además de la injerencia política del Gobierno que consideraba que Bankia era capaz de llevar a España al rescate—, hizo que nada en Bankia fuera normal. Las declaraciones de Rodrigo Rato, expresidente; José Luis Olivas, exvicepresidente; Francisco Verdú, ex consejero delegado; Ángel Acebes, expresidente de la comisión de auditoría; y Araceli Mora, exconsejera de Bankia, dibujan un panorama casi corriente: todo iba bien, el Banco de España no encendía las luces rojas, y estaban a la espera de una auditoría sin salvedades. Les tranquilizaron unas notas del auditor enviadas a Rato, escritas en un papel sin membrete. Y eso que el caos en ese momento era tal, que algunos dudaban hasta de si se mantendrían en sus puestos.

Francisco Celma, socio auditor de Deloitte y profesional desde hace 32 años, dibujó este martes el panorama opuesto al de los consejeros. Dijo que envió más de diez correos solicitando información clave que no llegó; pasaban las semanas, los meses... El gigante financiero iba camino del desastre (entregar las cuentas sin auditar), y sucedió, para desgracia de todos. Los acusados pueden mentir para defenderse. Pero hay algo claro que dijo Celma: “Las cuentas las prepara el consejo no el auditor, que no trabaja para los directivos sino para los accionistas. La situación que vivimos era cualquier cosa menos normal”. No firmó las cuentas.

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