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La Comisión Europea exige recortes de unos 5.000 millones al nuevo Gobierno italiano

Bruselas reclama un ajuste equivalente al 0,3% del PIB para este año

Sergio Mattarella, presidente de Italia
Sergio Mattarella, presidente de Italia REUTERS

Bruselas y Roma siguen separadas por un abismo. El nuevo Gobierno italiano está cada día más cerca de tomar posesión con unos planes de futuro que incluyen un fuerte incremento del gasto público, con una renta básica universal y una importante bajada de impuestos entre sus promesas más celebradas entre su electorado, y más preocupantes para las cancillerías europeas y los mercados. Mientras, la Comisión Europea opta de momento por ignorar el banquete que prepara la naciente coalición antiestablishment, y a la espera de un improbable giro prágmatico del próximo inquilino del palacio Chigi, solo reaccionará ante hechos consumados, no ante palabras. Este miércoles presentó unas recomendaciones específicas por países que dejan pocas dudas sobre lo que esperan del nuevo Ejecutivo. Cifra en tres décimas de PIB el ajuste fiscal que Italia debe acometer este mismo año —5.000 millones más o menos—, y en el doble el de 2019. Un tijeretazo de unos 15.000 millones de euros en dos años lejos del agrado del Movimiento 5 Estrellas y la Liga.

La Comisión Europea no ve margen para demasiadas alegrías. Con una deuda pública del 131,8% del PIB a cierre de 2017 que nadie consigue embridar, el mensaje que Bruselas ha trasladado este miércoles ha sido claro: "Italia necesita seguir reduciendo su deuda pública, que es la segunda mayor de la UE tras la de Grecia", ha afirmado el vicepresidente Valdis Dombrovskis. Las predicciones de ejercicios venideros apuntan a una tímida reducción de esa pesada carga, pero esos escenarios solo se harían realidad si no hay cambios en política económica. No contemplan la irrupción del populismo y su intención de poner patas arriba el orden liberal.

El cóctel italiano suma a su elevada deuda pública uno de los ratios de gasto en pensiones más altos —suponen el 15% de su PIB— y la tasa de crecimiento más baja de la UE para este año —el 1,5%—. "La elevada deuda pública implica que muchos recursos se utilizan para pagar los intereses en detrimento de sectores que promueven el crecimiento como la educación, la innovación o las infraestructuras", advierte el documento publicado este miércoles por la Comisión. "La deuda italiana es una cuestión importante para el futuro de Italia. Necesita una respuesta creíble", insistió Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos.

La reacción de Bruselas ha ido acompañada en las últimas jornadas de un varapalo en los mercados. Ante las incertidumbres que rodean a la tercera economía de la eurozona, la moneda única llegó a bajar de 1,17 dólares este miércoles por primera vez en lo que va de año, y las Bolsas europeas caían más de un 1% poco antes del cierre de los parqués.

Europa es un mercado de vasos comunicantes. De ahí viene su fortaleza cuando, por ejemplo, responde unida al proteccionismo de Donald Trump. También su debilidad. Si la copa de Italia rebosa, las primeras en recoger ese líquido sobrante son  Portugal y España, también periféricos y sureños con vulnerabilidades en sus economías. La prima de riesgo, ese termómetro que mide la confianza que los inversores otorgan a las deudas soberanas, castigó el incierto rumbo político tomado por Roma con nuevos máximos anuales para Italia. Su diferencial con el bono alemán se aproximó a los 200 puntos básicos, mientras que el portugués superó los 140, y el español se acercó a los 100 puntos.

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