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La OCDE mejora su perspectiva de crecimiento para México en 2018 y 2019

El ‘think tank’ de las economías avanzadas cree que la segunda mayor economía de América Latina crecerá un 2,5% este año y un 2,8% el próximo

Ángel Gurría y el secretario mexicano de Hacienda, José Antonio González Anaya, el lunes en la Ciudad de México.
Ángel Gurría y el secretario mexicano de Hacienda, José Antonio González Anaya, el lunes en la Ciudad de México.

Si a Estados Unidos le va bien a México también le va bien bajo el actual esquema de enorme interrelación económica. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) ha revisado este martes al alza su previsión de crecimiento para este año y el próximo en el país latinoamericano hasta el 2,5% y el 2,8% respectivamente. Estas cifras son notablemente mejores de lo que pronosticaba el think tank de los países avanzados hasta ahora (2,2% en 2018 y 2,3% en 2019) y tienen mucho que ver con la también destacable revisión al alza para la economía estadounidense, por mucho el primer socio comercial e inversor de México, que rozará el 3% de crecimiento este año después de sendas alzas de cuatro y siete décimas.

La economía mexicana sigue navegando en un mar de incertidumbre, con dos tormentas al acecho -la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), que Donald Trump amenaza recurrentemente con hacer trizas si México y Canadá no aceptan sus exigencias y las elecciones presidenciales de julio- y una expansión por debajo de su potencial. Sin embargo, el crecimiento sigue batiendo previsiones revisión tras revisión, bien sean del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional (FMI) o de la propia OCDE.

La victoria de Trump en los comicios estadounidenses de noviembre de 2016 desató los peores augurios: una de las mayores relaciones económicas bilaterales del mundo pasaba a estar automáticamente en tela de juicio y la incertidumbre se cernía sobre la segunda mayor potencia de América Latina. Casi un año y medio después las dudas permanecen, pero la película de terror que el entonces gobernador del banco central mexicano, Agustín Carstens, llegó a prever está lejos de ser rodada: la capacidad de resistencia de la economía mexicana es aún mayor de lo que los más optimistas podían pronosticar. De hecho, la única gran medida de la agenda económica de Trump, la reforma fiscal que ha supuesto la mayor bajada de impuestos en tres décadas, no solo no perjudica a México sino que lo beneficia: aumenta el consumo privado de los estadounidenses y, en consecuencia, aumenta las exportaciones del país latinoamericano, donde la cuarta parte del PIB depende directamente de EE UU.

Más reformas estructurales

2017 echó el telón en México con una expansión del PIB del 2,3% con cifras desestacionalizadas -2,1% sin desestacionalizar- y, según los pronósticos de la OCDE, 2018 debería cerrar el año en curso con un crecimiento dos décimas superior. Esos números siguen lejos de lo que cabría esperar para un país emergente con una pirámide demográfica tan sana como la mexicana, pero permiten al organismo internacional situar al país norteamericano en el ramillete de países -junto con EE UU, Alemania, Francia, Turquía y Sudáfrica- en el que el crecimiento aumenta “de forma más robusta de lo anticipado”. “En México las políticas monetarias y fiscales son relativamente estrictas”, subrayan los economistas de la OCDE en referencia a la reciente subida de los tipos de interés, que ya están en el 7,5%, para contener la inflación, y a la contención del gasto público en los últimos años para poder cumplir con los objetivos de déficit. “Pero el fuerte crecimiento de la demanda global, la resiliencia del consumo privado y el gasto para la reconstrucción [tras los potentes sismos que asolaron el centro y sur del país norteamericano en septiembre del año pasado] apoyarán el crecimiento económico en 2018 y 2019”.

A futuro, la OCDE ve margen para una relajación de la política monetaria -con bajadas de tipos de interés o, cuanto menos, con un frenazo en la drástica subida de los dos últimos años, en los que el Banco de México ha decretado hasta 12 incrementos en el precio del dinero- a medida que la actual presión inflacionista vaya aflojando. Los precios cerraron 2017 con un incremento cercano al 7%, cifra que ha caído hasta poco más del 5% en los primeros compases de este año.

Las cifras son mejores de lo augurado, pero México tiene aún mucho camino por recorrer. En ese sentido, el secretario general de la OCDE y ex secretario de Hacienda y ex canciller mexicano, Ángel Gurría, pidió el lunes al Gobierno que salga de las urnas en julio una segunda ronda de reformas estructurales centradas en el fortalecimiento de las instituciones, el Estado de derecho y la lucha contra la corrupción y la inseguridad que complementen la pléyade de cambios puestos en marcha en los cinco últimos años en ámbitos como la energía, las telecomunicaciones o la fiscalidad.