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En busca del Google ‘made in Spain’

Swanlaab Venture Factory, firma de capital riesgo, rastrea compañías españolas tecnológicas para invertir en ellas

Yuval Avni y Mark Kavelaans, gestores de Swanlaab Venture Factory.
Yuval Avni y Mark Kavelaans, gestores de Swanlaab Venture Factory.

En el año 2015 se creó Swanlaab Venture Factory, un grupo de capital riesgo cuyo objetivo es invertir en empresas tecnológicas durante sus primeros años de vida. Se trata de un proyecto hispano-israelí que surge de la colaboración entre International Venture Consultants (IVC) y Giza Venture Capital. Desde que el proyecto echó a andar hasta ahora han analizado más de 1.000 start-ups y han logrado levantar un fondo de 40 millones de euros. Este vehículo, al que han aportado dinero desde grandes fortunas locales hasta inversores privados, pasando por el capital público (CDTI e ICO), ya tiene 5 compañías en cartera y aspira a entrar en el accionariado de otras 10 más en los próximos dos años.

“El mercado está madurando muy rápido y hay bastante dinero disponible. Por tanto, lo que más demandan los emprendedores es un socio que no solo les aporte dinero, sino que también les ofrezca capacidad de desarrollo empresarial y contactos para que en siguientes rondas de financiación pueda captar nuevos inversores o, directamente, vender la empresa”, señala Mark Kavelaars, consejero delegado de Swanlaab Venture Factory.

Este profesional, que ha dedicado parte de su carrera a sacar adelante incipientes proyectos empresariales vinculados a la tecnología con IVC, empezó a detectar a partir de 2012 que en el sector español empezaban a surgir cada vez más proyectos interesantes. Sin embargo, los fondos de venture capital que había no eran capaces de ofrecer ayuda a los emprendedores en temas como la gestión y la internacionalización. Esa experiencia, en cambio, sí la tenía el grupo israelí Giza, que desde 1992 ha invertido más de 600 millones de dólares y es uno de los fondos internacionales que más compañías ha llevado al Nasdaq, la Bolsa estadounidense para valores tecnológicos.

“Hemos apostado por España porque nos recuerda mucho al ecosistema que había en Israel en la década de los años noventa”, explica Yuval Avni, uno de los gestores de Giza en el proyecto de Swanlaab. “En primer lugar, buscamos mercados en los que nosotros podamos aportar algo. No tendría sentido acudir a Silicon Valley, pero sí a España. En segundo lugar, la economía atraviesa un momento de crecimiento, existe el apoyo del Gobierno a proyectos tecnológicos y hay un capital humano formado y con costes asequibles”, resume Avni.

Retrato robot

La gestora busca empresas con un máximo de dos o tres años de vida y pretenden acompañarlas un máximo de siete años. “Invertimos en fases muy tempranas y de media aportamos unos tres millones por compañía. La idea es que, además, coinviertan con nosotros. En los proyectos donde estamos hemos liderado la operación, pero nos han acompañado instituciones como Banco Sabadell, Sonae, la Fundación Bankinter y familly offices tanto nacionales como extranjeros”, apunta Kavelaars.

Los proyectos que ya han incorporado a la cartera del fondo van de iniciativas vinculadas a las fintech (Unnax y Coowry), proyectos de ciberseguridad (Continuum Security), algoritmos para el sector turístico (Trappit) y bases de datos en la nube (Sales Layer). “Buscamos empresas en una fase de desarrollo que ofrezcan soluciones tecnológicas a grandes y medianas compañías bien para mejorar su eficiencia o para abrir nuevas líneas de negocio”, puntualiza el consejero delegado de Swanlaab Venture Factory. Inteligencia artificial, machine learning, salud digital o el Internet de las cosas son otras áreas que rastrean.

La inversión en proyectos tan incipientes conlleva riesgos y tiene el problema de la iliquidez. Sin embargo, en la gestora creen que pueden lograr una buena rentabilidad para sus inversores. “El venture capital es un negocio donde no todas las apuestas salen bien. En una cartera con 15 compañías suele haber una que tiene éxito, otras que cumplen con las expectativas y algunos fracasos. En el caso de España, dado el potencial del mercado y las buenas valoraciones, aspiramos a doblar el capital invertido”, concluye Avni.