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Carstens se despide del Banco de México con una advertencia sobre la incertidumbre en torno al TLC

El instituto emisor mantiene los tipos de interés a la espera de los próximos pasos de la Reserva Federal

Ignacio Fariza

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Carstens, a finales de octubre.
Carstens, a finales de octubre.A. E. (AFP)

La llegada de Donald Trump a la presidencia de la primera potencia mundial no ha sido, al menos por ahora, la "película de terror" que pronosticó Agustín Carstens poco después de la victoria del magnate republicano. Era diciembre de 2016 y todas las alarmas se dispararon a la vez en México. Once meses después, la economía mexicana crece a buen ritmo, mucho mejor de lo que cabría esperar en el lúgubre final de 2016 e inicio de 2017, y la inflación da señales de haber tocado techo. Pero en el horizonte todavía dibuja importantes retos y el gobernador del Banco de México ha aprovechado su última decisión de tipos de interés al frente del instituto emisor para alertar de los "riesgos" sobre la segunda mayor economía de América Latina. A saber: la "incertidumbre" asociada a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), que atraviesa una de sus fases más críticas y que "mantiene en niveles deprimidos la inversión y que posiblemente es una de las causas de la desaceleración del consumo"; y la "volatilidad" aparejada a la reforma fiscal anunciada a bombo y platillo por Trump.

Un año después del jarro de agua fría que supuso el resultado electoral estadounidense, México sigue muy pendiente de los próximos pasos de Washington. Pero no solo. "Ante el complejo entorno que la economía mexicana está enfrentando, continúa siendo especialmente relevante que las autoridades perseveren en mantener la solidez de los fundamentos macroeconómicos del país", subraya la junta de gobierno del banco central mexicano, capitaneada por Carstens hasta su marcha al Banco de Pagos Internacionales (BIS) el próximo 30 de noviembre, en una suerte de aviso a navegantes tanto a su sucesor como al Gobierno, al que llama a ceñirse a las metas fiscales. El titular del instituto emisor mexicano aún no tiene relevo al frente de una institución clave en el manejo de la política económica, aunque se da prácticamente por descartado que el nombre saldrá de entre alguno de sus subgobernadores —en una lucha en la que Alejandro Díaz de León lleva un cuerpo de ventaja al resto— y el secretario de Hacienda, máximo favorito pero también en la carrera por convertirse en candidato del PRI a la presidencia de la República.

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En su reunión de este jueves, el Banco de México cumplió las previsiones, manteniendo los tipos de interés en el 7%, su nivel más alto en más de ocho años. Y dejó la puerta abierta a una nueva vuelta de tuerca en el endurecimiento de la política monetaria en su próxima reunión, en diciembre, la primera sin Carstens. Todo depende del rumbo que tomen los precios —México se ha convertido en una rareza en un mundo occidental, donde los países que siguen una pauta inflacionista son la excepción a la regla— y lo que haga la Reserva Federal en el tramo final del año. Si EE UU opta por subir tipos, todo apunta a que México seguirá sus pasos en una suerte de marcaje al hombre. "La junta de gobierno seguirá muy de cerca la evolución de todos los determinantes de la inflación (...) en especial, considerando el balance de riesgos antes descrito, de cambios futuros en la posición monetaria relativa entre México y Estados Unidos", subraya Banxico.

Inflación y salario mínimo

Tras una primera mitad del año marcada por una alta inflación, que llegó a tocar el 6,7% en agosto —su máximo en 16 años—, en septiembre la gratuidad de algunos servicios tras los terremotos atemperó el aumento de precios. En octubre, según la cifra dada a conocer este jueves por la oficina estadística mexicana (Inegi), éste se quedó en el 6,4%. "En todo caso, ante los diversos riesgos que siguen presentes, la junta estará vigilante para asegurar que se mantenga una postura monetaria prudente, de manera que se fortalezca el anclaje de las expectativas de inflación de mediano y largo plazo y se logre la convergencia de esta a su objetivo".

El instituto emisor prevé que los precios cierren el año con un incremento del 6,25%, centésima arriba o abajo, lejos del objetivo de entre el 2% y el 4%. Esta "tendencia a la baja" debería acentuarse, según sus cálculos, durante 2018 hasta el converger con la meta del 3%. Los riesgos son, de nuevo, una "evolución desfavorable del proceso de negociación del TLC" que arrastre consigo a la moneda nacional, el peso, y una reacción adversa de los mercados al proceso de normalización de la política monetaria en su vecino del norte.

El Banco de México no observa presiones salariales "significativas" que pudieran presionar la inflación al alza, pero sí advierte de los efectos que tendría un incremento del salario mínimo "desproporcionado respecto de la evolución de la productividad". Gobierno, empresarios y sindicatos han acordado elevar el suelo salarial mexicano —el tercero más bajo de América Latina, pese a ser uno de los países más avanzados de la región—, pero todavía no han cuantificado este incremento. La retribución mínima mexicana está hoy en 80 pesos diarios (menos de cuatro euros), una cantidad a todas luces insuficiente para hacer frente a las necesidades más básicas del día a día. La mayoría de académicos insiste en desligar una subida moderada en esta variable del incremento de los precios, pero Carstens y su equipo reiteran los avisos.

Sobre la firma

Ignacio Fariza
Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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