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Marianne Thyssen: “La brecha entre ganadores y perdedores se agranda”

La comisaria defiende que la agenda social es imprescindible para suavizar las nuevas formas de desigualdad

Marianne Thyssen, en un encuentro bilateral con el Gobierno belga.
Marianne Thyssen, en un encuentro bilateral con el Gobierno belga. AFP

Bruselas recetó una severa cura de austeridad y varias dosis de reformas laborales a España durante la crisis. Pero la tasa de temporalidad, después de dos reformas en un lustro, está en máximos. La reforma no ha reducido la dualidad: las diferencias entre los trabajadores más protegidos por los contratos fijos y los temporales es sobresaliente. Marianne Thyssen recibe a EL PAÍS en un luminoso despacho de la Comisión Europea y responde al hecho de que la misma institución que prescribía recortes y reformas en la periferia protagonice ahora un giro y regrese a la agenda social. ¿Ese giro no entraña una paradoja? “La dualidad en el mercado de trabajo español no es consecuencia de la reforma laboral que promovió la Comisión, sino de la crisis”. “Gracias a las reformas el crecimiento ha vuelto, el desempleo se reduce, el paro juvenil baja. Las mejoras están ahí”, añade.

La comisaria belga —democristiana y flamenca, para más señas— subraya que el cambio hacia una agenda más social no llegó antes porque el enfermo europeo apenas está saliendo de urgencias. “En medio de la mayor crisis en décadas, los mercados apuntaron a la deuda soberana y teníamos que vigilar los presupuestos, la situación de los bancos y ese tipo de cuestiones macroeconómicas”, señala. “Se puso en marcha la unión bancaria y se reforzó la vigilancia presupuestaria, pero ahora hemos dejado atrás lo peor de la crisis, y es el momento de poner el acento en los valores sociales”, proclama.

“El crecimiento ha vuelto. El paro está bajando. Tenemos 232 millones de empleos, más que antes de la crisis. Pero es hora de preparar el futuro, y en ese sentido la agenda social es imprescindible para suavizar las divergencias que estamos detectando. La brecha entre ganadores y perdedores de los cambios económicos y tecnológicos podrían derivar en nuevas formas de desigualdad, con un persistente riesgo de pobreza que puede conducir a nuevas formas de exclusión. Por eso necesitamos más cohesión social, especialmente en la zona euro: es, simplemente, un imperativo económico para la eurozona, y esencial también desde el punto de vista político”. “Solo con mayor cohesión social, por ejemplo, será posible proponer un seguro de desempleo común”, añade.

Sorprende que Bruselas no haya visto antes que la combinación del sesgo liberal y proglobalización y el olvido o la parálisis de la agenda social explican parte del eurodesencanto y del alza de los populismos. “La campaña de las elecciones francesas demuestra que no hay muchos candidatos que defiendan el proyecto europeo; es importante reflexionar profundamente sobre los próximos pasos del proyecto, especialmente después del Brexit”, cierra Thyssen, que no esconde la relación entre la batería de medidas que lanza este miércoles Bruselas y la necesidad de contener la marea ultra.

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