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EE UU registra el déficit comercial más alto con México en cinco años

El repunte del dólar y la debilidad económica internacional provocan que las exportaciones caígan más rápido que las importaciones

Un productor mexicano de aguacates
Un productor mexicano de aguacates EFE

El debate sobre las consecuencias de las políticas de Donald Trump en el ámbito del comercio internacional escala de tono y el indicador que sirve para medir los intercambios de Estados Unidos pone en evidencia la dificultad que va a tener el nuevo inquilino en la Casa Blanca para llevar la balanza a una situación de equilibrio. El ejercicio se cerró con un déficit de 502.300 millones de dólares, el más alto desde 2012. En el caso de México marcó el máximo en cinco años.

El déficit global de EE UU registró un ligero incremento que rondó el 0,5% cuando se compara con el desfase de 2015 pese a la moderación en el último mes del ejercicio. Pero es suficiente para alimentar la retórica proteccionista que aupó a Trump a la presidencia. La brecha comercial se explica porque las exportaciones cayeron más rápido que las importaciones, por el efecto de la apreciación del dólar estadounidense y de la debilidad económica mundial. La apreciación de la divisa resta competitividad a los productos estadounidenses.

Respecto al mes de diciembre, el déficit comercial se redujo un 3,2%, hasta los 44.300 millones. Wall Street anticipaba que habría una moderación. La mejora se explica porque las exportaciones se vieron impulsadas por las entregas de aviones mientras que las importaciones desaceleraron el paso porque entraron menos productos electrónicos tras el tirón en noviembre por las compras navideñas. Un déficit menor indica que el crecimiento a final de año será mejor del anticipado.

Por países, el déficit comercial anual con México ascendió a 63.200 millones. En su caso es el nivel más alto desde 2011, tras registrar un incremento del 4,2% en un año. Donald Trump amenaza con imponer un elevado arancel a los productos importados desde México por firmas estadounidenses, como automóviles. También quiere revisar los términos del acuerdo de libre cambio NAFTA, para poner freno a la deslocalización de empleo y a prácticas comerciales desleales.

El presidente de EE UU habló la semana pasada de añadir una F a la sigla que da nombre al tratado, que correspondería a comercio justo –fair- y no solo libre –free. Y en su primer día ya en activo, firmó un decreto para descolgarse del acuerdo de asociación del Transpacífico que negoció su predecesor Barack Obama. El dato del Departamento de Comercio muestra, sin embargo, que la brecha comercial con China se redujo un 5,5% en el año.

Barras comerciales

Es su principal socio comercial, con intercambios por valor de 347.000 millones. Goldman Sachs publicó esta semana una nota advirtiendo a la administración que preside Donald Trump sobre los riesgos de tensar demasiado la cuerda. En los mismos términos se pronunció el fundador de Alibaba, Jack Ma. “Si el comercio se para, empieza la guerra”, alerta. El empresario chino se reunió con el presidente en Nueva York antes de la toma de posesión.

Peter Navarro, el asesor directo de Donald Trump en materia de comercio, propone un arancel de hasta el 45% para productos fabricados en China como el acero y maquinaria. Washington espera con esta retórica que Pekín mueva ficha y adopte medidas que permitan allanar el terreno de juego. Si no hay una reacción positiva al otro lado del Pacífico, amenaza con imponer la tarifa a todos los productos importados chicos. Ahí el temor es una respuesta con penalizaciones similares.

La última vez que la balanza comercial de EE UU estuvo en superávit fue durante la presidencia de Gerald Ford, hace cuatro décadas y media. Los economistas comparten el principio de que el republicano quiera elevar las exportaciones. El efecto lastre del déficit comercial se vio en el dato de crecimiento económico en el cuatro trimestre. Pero no comparten el método que plantea Trump, porque es contradictorio con el principio sobre el que sustenta su plan económico.

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