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Nueva York acusa a los ejecutivos de Volkswagen de tapar el escándalo

La compañía se plantea abandonar el diésel en EE UU para reposicionar la marca

Un vehículo de la marca Volkswagen en un concesionario
Un vehículo de la marca Volkswagen en un concesionario EFE

Tras nueve meses de investigación, y con más de un millón de documentos internos como prueba, el fiscal general de Estado de Nueva York mueve ficha contra Volkswagen por trucar sus coches diésel para evitar los límites a las emisiones. La demanda de Eric Schneiderman acusa directamente a los ejecutivos de la compañía alemana de haber tapado el fraude durante una década.

La acusación incluye al actual consejero delegado, Matthias Müller, y a su predecesor, Martin Winterkorn. Ambos eran ejecutivos de Audi cuando los ingenieros plantearon en julio de 2006 el problema técnico que llevó a desarrollar un sistema que activaba los controles cuando los vehículos pasaban las pruebas oficiales de polución. El sistema se instaló en 11 millones de vehículos.

Winterkorn aseguró al dimitir como consejero delegado del grupo que no estaba al corriente del fraude. Pese a ello, los investigadores tratan de determinar su responsabilidad. La demanda, que se suma a la acción penal del Departamento de Justicia, identifica por primera vez a decenas de empleados conocían que los coches incumplían los límites en condiciones normales de conducción.

La documentación que maneja el fiscal revela también ocho empleados del departamento de ingeniería borraron el pasado agosto datos que incriminaban a la compañía, cuando se supo que había una investigación en curso por los reguladores en EE UU. El equipo del fiscal logró recuperar parte de esos archivos, que ahora utiliza para apoyar su causa contra Volkswagen.

Nueva York no actúa en solitario. También presentaron demandas similares Maryland y Massachusetts. Los tres fiscales buscan una compensación multimillonaria por haberse violado la legislación medioambiental. Volkswagen reconoció en septiembre que instaló el dispositivo electrónico de manera intencionada y desde entonces negocia una solución con los reguladores.

El segundo fabricante mundial de coches puso a parte 16.200 millones de euros para hacer frente a los costes del escándalo. La acción legal de los tres Estados, sin embargo, puede trastocar aún más todo el proceso. California ya ha dicho que no acepta la solución planteada por Volkswagen para los propietarios de los coches afectados. A todo esto se le suma el daño a la reputación de la marca.

El impacto del DieselGate se está sintiendo en las ventas de Volkswagen en EE UU, que siguen suspendidas desde septiembre. Esto está llevando a los directivos de la marca alemana a considerar dejar de vender vehículos con motores diésel en este mercado para poder reposicionar así la marca. Durante la última década ofreció el "diésel verde" como una alternativa eficiente.