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El FMI pide más munición para salvar la recuperación económica

Las recesiones de Rusia y Brasil, la desaceleración de China, las dudas sobre Europa y la fortaleza del dólar entorpecen la reactivación económica y exigen nuevas medidas

Christine Lagarde, directora gerente del FMI.
Christine Lagarde, directora gerente del FMI. REUTERS

El Fondo Monetario Internacional (FMI) afronta sus reuniones de primavera, que arrancan mañana en Washington, con un mensaje claro a los Gobiernos: lo hecho hasta ahora no basta para apuntalar la recuperación económica. Las recesiones de Rusia y Brasil han resultado peores de los previsto, la fortaleza del dólar quita brío al crecimiento de Estados Unidos y China se ha frenado. La zona euro sigue lastrada por la baja inversión, el alto desempleo y la miopía política para impulsar la actividad. El FMI reclama que sigan adelante las reformas y más estímulos fiscales para el crecimiento. El tinglado, viene a decir, no puede sostenerse solo por las políticas expansivas de los bancos centrales.

Las cosas no han resultado como el FMI esperaba. Después de una dura crisis de más de un lustro, lleva al menos dos años esperando que la recuperación cuaje, pero esta, lejos de hacerlo, pierde vigor, se llena de dudas. “La crisis aún persiste. Sin embargo, el optimismo está en el aire: la etapa de hielo ha quedado atrás, y el horizonte es más brillante. Mi gran esperanza es que 2014 resulte trascendental de otra forma: que sea el año en que los siete años de debilidad, en términos económicos, se conviertan en siete años de bonanza”, decía la directora gerente, Christine Lagarde, hace casi 30 meses.

La semana pasada, en el tradicional discurso previo a las reuniones de primavera del Fondo, en el aire flotaba algo muy distinto del optimismo. Lagarde dejó entrever que, una vez más, las nuevas previsiones económicas de la institución sufrirán rebajas, añadidas a las de enero, y estas a las de octubre. “El pronóstico global se ha debilitado respecto a los últimos seis meses, agravado por la desaceleración de China, la bajada de precios de las materias primas y la perspectiva de que las condiciones financieras se endurezcan para muchos países”, dijo.

España empeora los malos augurios del Fondo

España llega a las reuniones de primavera de Washington con un desequilibrio presupuestario peor que el que vaticinaba —y contra el que advertía— el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, más de tres meses después de las elecciones generales, con un Gobierno en funciones para dar las explicaciones y con un panorama político complejo.

El Fondo no ha dejado de alertar contra el déficit público de España en los últimos años y, en cada previsión, ha dejado claro que iba a incumplir la meta de reducción del desfase. Lo hizo en las últimas reuniones, las de octubre, celebradas en Perú, cuando lo situó en el 4,4% para 2015 y el 3,2% en 2016. Ahora se sabe que acabó el año pasado en el 5% del PIB, ocho décimas por encima del objetivo fijado por la Comisión Europea.

En verano también el equipo encargado de elaborar el documento anual de análisis y recomendaciones, dentro del llamado Artículo IV, pidió medidas adicionales. "Los directores resaltaron que mantener el ímpetu del crecimiento en el medio plazo requiere consolidación fiscal y reformas firmes", decía la carta del consejo ejecutivo que acompaña el informe.

El jefe de la misión del Fondo para España, Helge Berger, confiaba en la buena marcha del PIB para mejorar el equilibrio. "Con un nivel de deuda pública cercano al 100% del PIB y vulnerable a la volatilidad de las tasas de interés, la consolidación deberá seguir avanzando para encauzar la deuda en una firme trayectoria a la baja. Pero la recuperación facilitará la reducción del déficit", decía en un análisis. No fue así.

En enero, el Fondo recortó sus previsiones para la economía global en dos décimas, hasta dejar el crecimiento de 2016 y 2017 en el 3,4% y el 3,6%, respectivamente. Mantuvo los pronósticos para China, aunque dio dos duros tijeretazos a Rusia y Brasil. A Estados Unidos le restó también 0,2 puntos porcentuales y calculó un avance del 2,6% en ambos años, y la zona euro la mejoró una décima.

Y si hace ya años que el FMI ha puesto el acento en los estímulos al crecimiento por la vía de las política fiscal —en aquellos países con margen para hacerlo, añade siempre de coletilla— y monetaria, en estas reuniones de primavera está pidiendo más madera. El Fondo insiste en que sigan adelante las reformas estructurales —en Europa, más medidas para el empleo, sobre todo entre los jóvenes; para los exportadores de petróleo, más diversificación—, pero también una política fiscal más favorecedora del crecimiento económico.

“La política monetaria no puede seguir siendo el alfa y omega de la recuperación. De hecho, será mucho más efectiva con apoyo de elementos fiscales y estructurales”, recalca Lagarde.

El organismo con sede en Washington apoya que la Reserva Federal estadounidense (Fed) subiera tímidamente los tipos en diciembre, aunque el Banco Central de EE UU ha dejado claro que el proceso va a ser muy gradual.

Aplaude las tasas negativas

El Fondo aplaude las rondas de estímulos sin precedentes impulsadas por el Banco Central Europeo y, en especial, ha querido dar un espaldarazo a la introducción de tasas negativas nominales por parte tanto del BCE como del Banco de Japón, entre otros. En marzo, el eurobanco dejó la tasa de la facilidad de depósito (que es el tipo de interés que aplica a la liquidez que las entidades financieras depositan en el BCE) en el -0,4% (llevaba ya en territorio negativo desde junio de 2014), lo que les encarece aún más el depósito y, por tanto, incentiva a que dediquen el dinero a prestarlo a empresas y familias. Japón lo bajó al -10% el pasado mes de enero.

Ayer, el Fondo publicó un informe que titulaba precisamente Los efectos positivos de los tipos negativos y defendía su papel como combustible adicional a la ya de por sí política monetaria expansiva dominante. Eso sí, insiste también ahí en que las políticas fiscales y las reformas deberían acompañar el proceso.