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¿Eres ‘mileurista’? Tú también puedes empezar a invertir

El mercado ofrece productos para empezar a construir un patrimonio a partir de un euro

Dinero en la mente de alguien. Ampliar foto
Dinero en la mente de alguien. gettyimages

Un sueldo de poco más de 1.000 euros, los fatídicos 30 que se aproximan y un trabajo más volátil que los mercados internacionales en los últimos tiempos. Mientras, los salarios están a la baja, los tipos están en mínimos y el acceso a la pensión se transfigura cada vez más en un espejismo. No hay que desesperar: el mercado ofrece una infinidad de productos asequibles para cada bolsillo y también los mileuristas le pueden sacar provecho a sus ingresos. Una cantidad tan exigua como un euro podría convertirse el primer ladrillo para construir un pequeño capital.

Lo que debes saber antes de invertir tu dinero

¿Eres ‘mileurista’? Tú también puedes empezar a invertir
  1. Decide cuál es tu horizonte temporal. No es lo mismo inmovilizar el dinero tres meses que cinco años.
  2. Identifica tu tolerancia al riesgo. Aunque solo se trate de 100 euros, esa cantidad representa el 100% de tus ahorros.
  3. Es recomendable mirar la evolución de ciertos productos a lo largo del tiempo, pero no se te olvide que una de las reglas básicas de la economía dice que “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”. Es decir, no apuestes fuerte solo porque determinados activos están dando o dieron excelentes resultados. El desenlace podría ser indeseado.
  4. No metas el dinero que vas a necesitar en productos arriesgados. Una cosa es el colchón que te has creado para la jubilación y otra el presupuesto que tienes ahorrado para irte de vacaciones en dos meses.
  5. No pongas todos los huevos en la misma canasta, la diversificación es esencial a la hora de lanzarse al mundo financiero. Si la cantidad a invertir es muy pequeña, será complicado contratar diferentes productos, pero si tus ahorros empiezan a ser consistentes recuerda que es mejor solo perder una parte de ellos que todo tu capital.

Lo importante es “no tener miedo” frente a una posible inversión, asegura Ricardo Palomo, decano de Ciencias Empresariales de la Universidad CEU San Pablo. “Un sueldo bajo no impide invertir”, garantiza el catedrático. Para todos existe un producto hecho a la medida. Solo hay que revolver una serie de variables en una “coctelera financiera” para averiguar el perfil de cada uno, ejemplifica Carlos García, presidente de ASEAFI y socio de C2 Asesores Patrimoniales EAFI. “Intervienen factores como la edad, los objetivos de inversión, la formación, los conocimientos financieros, la situación económica o la aversión al riesgo”, enumera.

Antonio Gallardo, experto del portal iAhorro, aconseja que, con una renta baja, “el ahorro figure todos los meses como un gasto más. Las cuentas remuneradas son perfectas para ello”. La diferencia entre este producto y la típica cuenta nómina está en que el dinero no se queda dormido, sino genera un pequeño rendimiento. Su principal ventaja: la liquidez, o sea la posibilidad de disponer del capital en cualquier momento. Para elegir el producto más adecuado, hay que fijarse en las comisiones, en si la entidad exige un mínimo de saldo para generar intereses y en el TAE (Tasa Anual Equivalente), es decir el rendimiento efectivo anual. “Hay que tener cuidado. A veces ofrecen el 3%, que en realidad se paga solo los primeros meses y luego baja. Habría que preguntar por el tipo efectivo a un año”, alerta Jesús Palau, profesor de Finanzas de ESADE Business School.

Estos productos, normalmente, no permiten domiciliar nómina ni recibos, pero existen también soluciones que lo admiten o requieren la existencia de otra cuenta corriente a la que vincular la remunerada. Francisco Marín, presidente del Comité de Servicios a Asociados de EFPA España, recomienda contratar este tipo de producto a través de la banca electrónica, “que tiene en general menos costes”, o de la rama online de la banca tradicional.

Existe una amplísima oferta. Se puede invertir  en un fondo desde los seis euros

Ángel Martínez-Aldama, director del Observatorio Inverco

“Pero si quiero tener un fondo para, por ejemplo, comprarme un coche, mejor un depósito a plazos. No tiene riesgo y da mayor remuneración”, continúa Marín. Existen entidades que no requieren un nivel mínimo de inversión y con tan solo un euro permiten acceder al producto. A diferencia de una cuenta remunerada, el dinero tendrá que permanecer inmovilizado por un tiempo: la permanencia puede variar desde un mes hasta años. En un escenario con tipos mínimos, sin embargo, ambos productos resultan pocos rentables. “Las cuentas remuneradas dan entre el 0,5% y el 0,7%. Los depósitos pueden llegar a un 1% pero la liquidez es menor. Hay que considerar también que la inflación está en negativo, entonces es como si un depósito me diera cerca del 1,5%”, recapitula Marín. Para no incurrir en sorpresas indeseadas, Jesús Palau, de ESADE, sugiere “mirar la duración, la rentabilidad ofrecida, las comisiones y si existe una penalización por desvincularse antes de tiempo”.

Cómo obtener más rentabilidad

Los ánimos más planificadores, por otra parte, podrán lanzarse en un una inversión a largo plazo y contratar un plan de pensiones. Se trata de productos integrados en un fondo, lo que permite modificar el nivel de riesgo a lo largo del tiempo —por ejemplo, pasar de renta variable, normalmente más provechosa pero menos segura, a renta fija, más estable pero con tipos más bajos— sin incurrir en el pago de impuestos por el traspaso. A partir de pequeñas aportaciones periódicas, como podrían ser 30 euros al mes, es posible levantar un colchón que ablande la salida de la vida laboral.

La difícil relación entre los españoles y el ahorro

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En un país con una tasa de paro superior al 23% —más del 50% si se trata de desempleo juvenil— ya es complicado encontrar trabajo, y la difícil situación económica de los últimos años no ha hecho otra cosa que alimentar un sentimiento de “inquietud financiera” entre los españoles: según la encuesta Investor Pulse España 2014, publicada por la entidad estadounidense Black Rock, casi un 60% de los entrevistados utiliza términos negativos para definir su futuro económico. Pese a ello, menos de la mitad ha empezado a ahorrar para su jubilación, y un 53% de este grupo sostiene no disponer de suficiente dinero para hacerlo. “Es algo preocupante la poca planificación que hacemos”, asegura Carlos García, presidente de ASEAFI.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, la tasa de ahorro de los hogares volvió a caer en el tercer trimestre de 2014 y se situó en tan solo un 4,4% de la renta disponible de las familias. “Los españoles no ahorran porque el sistema de pensiones daba rentas altas hace un tiempo. Las reformas quizás han puesto un poco más el tema el tema de las jubilaciones en nuestra mente”, explica Ángel Martínez-Aldama, director del Observatorio Inverco.

Para Francisco Marín, de EFPA España, el problema es estructural: “En cierto modo el Estado del bienestar ha perjudicado el ahorro. En Estados Unidos se planifica en salud, desempleo, educación y jubilación. En España tenemos sanidad universal, el cobro del paro asegurado, universidades públicas y pensión garantizada. Ese mirar a largo plazo no es nada más que cultura financiera”.

La pérdida de liquidez, en este caso, se dilata en el tiempo. Pero hay una ventaja: si hasta 2014 este producto se podía rescatar solo una vez jubilados o por causas de fuerza mayor, la reforma fiscal permite, desde el 1 de enero de este año, que el dinero invertido pueda ser liberado después de 10 años. Una idea conveniente para quien, por ejemplo, necesite depositar la señal para comprar un piso. La ulterior ventaja fiscal está en que permite diferir el pago de impuestos al momento del cobro. A la hora de elegir un plan u otro habrá que preguntarse cuán atrevidos somos. “Lo más adecuado es que el nivel de riesgo vaya disminuyendo conforme se aproxime la edad de jubilación”, sintetiza Carlos García de ASEAFI. Es decir, “más renta variable cuanto más joven es el ahorrador y más renta fija si está más cercano a la pensión”, detalla Teresa Corzo, docente de Gestión Financiera en la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE.

Por otro lado, para quien busque mayor rentabilidad sin renunciar a la liquidez, están los fondos de inversión. “Existe una amplísima oferta para cualquier patrimonio. Se puede invertir desde los seis euros”, informa Ángel Martínez-Aldama, director del Observatorio Inverco: “Al ahorrador le sugerimos que siempre solicite el DFI [folleto de datos fundamentales para el inversor], donde tienen que aparecer características, riesgos y costes del producto”. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ofrece fichas técnicas y guías acerca de estos productos.

Martínez-Aldama dibuja dos alternativas a la hora de elegir: “Si no quiero riesgo alguno y prefiero un 0,5% porque la inflación es negativa, escojo un fondo conservador; si quiero […] una rentabilidad por encima del 1% invierto en renta variable, considerando que existe la posibilidad del traspaso, es decir pasar de un fondo a otro sin tributar. Depende del horizonte temporal: si por ejemplo necesito el dinero en tres meses, hace falta algo estable”.

Si el perfil del inversor es más bien conservador, puede invertir en deuda pública, aunque su rentabilidad en el corto plazo esté por debajo de los depósitos. “Lo más conveniente son los bonos a cinco o 10 años. Estos últimos están dando el 1,2%. El pequeño ahorrador debe tener claro el plazo de inversión que quiere”, insiste Jesús Palau de ESADE.

Teresa Corzo recuerda que también existe la posibilidad de apostar por la Bolsa: “Si los ahorradores no tienen ningún conocimiento, aconsejaría que leyeran prensa especializada por un tiempo para tener un poco de feeling o que se apoyen en un asesor”. Francisco Marín, de EFPA, alerta sobre el riesgo de apostar por algo que no se conoce: “Los listos son los que preguntan”.

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