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Pros y contras de los fondos garantizados

Ventajas e inconvenientes de estos vehículos de inversión

Los "Fondos Garantizados" son un vehículo de inversión al que recurren las gestoras de fondos de inversión en determinadas coyunturas del mercado, como la actual, donde la banca limita la remuneración de los depósitos y, además, los intereses de la deuda solvente no son competitivos

Estos fondos se diseñan mediante una estructura con un funcionamiento común (similar al de los depósitos, notas o bonos estructurados):

- La mayor parte, compra emisiones de deuda a un vencimiento determinado (cuya fecha suele coincidir con la de garantía del propio fondo) que permite conocer una rentabilidad fija en una fecha concreta, con el fin de poder asegurar un resultado.

- En muchas ocasiones, una pequeña parte del patrimonio (la "sobrante" a la que genera el resultado suficiente para dar una garantía), se invierte en activos de renta variable; en la mayoría de estructuras mediante compraventa de derivados apalancados (opciones o futuros).

Puede crearse fondos garantizados que simplemente compren deuda y ofrezcan una rentabilidad fija, otros que den una rentabilidad adicional de un porcentaje de la eventual revalorización de algún índice o acción, o bien que den una rentabilidad fija si una serie de activos cumple unas condiciones. Por tanto, hay multitud de fondos garantizados con diferencias notables que hay que tener muy en consideración.

Ventajas de los fondos garantizados:

El partícipe conoce de antemano la rentabilidad que va a obtener, con un riesgo determinado (posteriormente analizaremos detenidamente los riesgos). Pese a que se comercializan como alternativa a un depósito bancario, para clientes de perfil de riesgo conservador, las diferencias e implicaciones son notables. No son, en absoluto, un producto similar a un depósito.

Al ser un fondo de inversión, conlleva unas ventajas fiscales únicas:

• Si la gestora lo contempla (y es algo importante a tener en cuenta antes de contratarlo), el fondo a vencimiento se puede traspasar a otro de tal manera que no se tenga que tributar por los beneficios obtenidos. Actualmente la venta de fondos acarrea una retención del 21% de las ganancias (que puede seguir capitalizándose si no se rescata) y posteriormente en la declaración de IRPF podría sumarse entre un 4 y un 7% adicional.

• Si el fondo no tiene una política de reparto de dividendos, pero el partícipe quisiera rescatar los beneficios, no se tributa por la totalidad de lo rescatado, ya que en un rescate parcial solamente hay un porcentaje de los beneficios, por lo tanto, el impacto fiscal es residual. Podría darse el caso que la gestora tuviera un sistema de reparto mediante venta de participaciones que tendría el mismo beneficio fiscal.

Inconvenientes de los fondos garantizados:

Realmente no está garantizado al 100%:

El nombre de este vehículo de inversión puede llevar a engaño, ya que la garantía que ofrece no es tal como la pueden interpretar la mayoría de ahorradores no formados "pase lo que pase a vencimiento me devuelven el patrimonio" algo que puede no ser cierto, ni siquiera a vencimiento.

En el hipotético caso de impagos, esperas o quitas parciales de la deuda que compra el fondo para poder ofrecer la "garantía", esta situación sobrevenida afectaría directamente a los partícipes, en la misma medida que si el fondo fuera convencional; por lo tanto hay que analizar detenidamente las emisiones en las que está invertido. Es habitual que los bancos comercialicen fondos garantizados cuya parte de renta fija sean bonos de la propia entidad. En estos casos, si la entidad financiera no es muy solvente, estamos asumiendo el riesgo de que en algún momento se impongan quitas a los bonos, que reducirían el valor del propio fondo (y desaparecería la garantía ofertada en un principio).

Dividendos:

En caso que la revalorización de la renta variable vaya en función de acciones que paguen dividendo, hay que tener muy presente que la cotización descuenta automáticamente el valor del dividendo y éste no sirve como referencia de revalorización; es decir, podría darse el caso que una acción realmente haya subido, pero para la estructura del fondo no haya sido así.

Comisiones:

Son fondos que acostumbran a tener unas comisiones más altas de lo habitual, sobre todo en caso de suscripción y reembolso antes de la fecha de vencimiento y, en algunos casos, también de gestión comparados con fondos similares que no se denominen "garantizados".

Reembolsos anticipados:

Además de las posibles comisiones comentadas antes, la "garantía" que se ofrece siempre es a vencimiento; por lo tanto, el rescate antes del vencimiento será al valor liquidativo del fondo en ese momento, pudiendo generar pérdidas, tanto por la parte de la renta variable como por la de deuda, ya que los precios de las emisiones cotizan y antes de su vencimiento puede hacerlo a precio más barato (por problemas de solvencia, por subidas de tipos de interés que elevan la rentabilidad de la deuda y hacen bajar el precio en mercado secundario, etcétera). Es una crucial diferencia con los depósitos que en ocasiones el vendedor bancario no comenta: en los fondos garantizados, el capital solo se garantiza si esperamos los años que fijados hasta la fecha de garantía.

Plazo:

Normalmente, se trata de fondos a largo plazo, entre 3 y 5 años; en este periodo pueden crearse necesidades de liquidez que se verán penalizadas tanto por las comisiones como posiblemente por el valor del fondo; pero, además, se pierde flexibilidad en cuanto a gestión de una cartera de inversión, no pudiendo movilizar este fondo a otro que, por circunstancias del mercado o personales, sean más aconsejables.

Rentabilidad:

Como siempre ocurre en las inversiones, se tiene que tener muy en cuenta el binomio rentabilidad-riesgo y, en este caso, la parte de la rentabilidad está más penalizada por la percepción del riesgo aunque, como hemos visto, la "garantía" no es del todo real: en caso de problemas con la deuda que compre el fondo, ello afectaría de igual forma al ahorrador que si comprara él directamente la deuda o bien a través de fondos convencionales de renta fija.

En el esperado caso de que no haya impagos de deuda, lo normal es que un garantizado, si la bolsa no ha acompañado, ofrezca menos rentabilidad que uno convencional (y hemos visto que el riesgo es el mismo).

Si la parte de renta variable sí ha cumplido las expectativas (si la estructura compra los derivados a muy buenos precios) la revalorización adicional puede ser sensiblemente inferior a la que se pueda esperar tras 3-5 años de bonanza bursátil; de hecho, en ocasiones, es bueno tener cierta memoria histórica y recordar los resultados de este tipo de productos que se ofertaron en 2002 con vencimiento 2005, otra época que se comercializaron masivamente, la mayoría de ellos muy por debajo de las expectativas de los ahorradores.

Luis García Langa, experto independiente de iAhorro.com

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