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ROBERT SHILLER Catedrático de Yale y premio Nobel de Economía 2013

“Hay burbujas continuamente”

Shiller posaba la semana pasada en su casa de New Haven en Connecticut, Estados Unidos, tras recibir el Nobel.
Shiller posaba la semana pasada en su casa de New Haven en Connecticut, Estados Unidos, tras recibir el Nobel. Reuters

Robert J. Shiller, catedrático de Yale, se enteraba el pasado lunes 14 de octubre de que había ganado el Premio Nobel de Ciencias Económicas junto con Lars Peter Hansen y Eugene F. Fama, de la Universidad de Chicago. El comité del Nobel ha descrito a Shiller como uno de los fundadores de las finanzas conductuales, un innovador por incorporar la psicología a la economía y un pionero del análisis de las burbujas especulativas en los mercados inmobiliarios y de valores.

También forma parte desde 2007 de un grupo de economistas ilustres que escriben la columna Economic View [punto de vista económico] para Sunday Business. Como director de dicha columna, he hablado con él a menudo sobre su trabajo y la semana pasada me llamó desde el aeropuerto, de camino a una conferencia en el Banco Central de Holanda en Ámsterdam. Esta es una versión editada y condensada de esa conversación.

Pregunta. Bob, ¡felicidades! Qué honor.

Respuesta. ¡Gracias!

P. Y ahora me pregunto qué estará pensando para su próxima columna.

R. ¡Ja! Bueno, tendré más cosas que decir. Ahora mismo no lo sé. Debo escribir un discurso de aceptación del Nobel y solo tengo hasta el 10 de diciembre para ello. Y tengo muchas responsabilidades como profesor, así que voy a estar muy ocupado.

P. ¿Quién se ha buscado esto del Nobel? ¡Solo trae problemas!

R. Lo sé, lo sé. Pero es maravilloso. ¿Sabe que voy a dedicarme a la docencia cada vez más? Voy a dar un nuevo curso en Internet de Coursera en enero. Se llama Mercados financieros. Me han dicho que tengo 50.000 alumnos matriculados en estos momentos, y creo que es algo verdaderamente importante. Es una misión que me he impuesto. También imparto el curso de primer año de Economía en Yale el próximo semestre, y tendré 300 o 400 alumnos. En cierto modo, hablar con los jóvenes estudiantes le pone a uno los pies en la tierra, o debería hacerlo en cualquier caso.

¿Cómo incorporé la psicología a la teoría de los mercados? Me casé con una psicóloga

P. Tenemos que resumir la labor de toda su vida en unas cuantas frases. Es tremendo. Pero ¿se atrevería a hacerlo?

R. Bueno, llevo mucho tiempo en ello. ¿Está buscando temas? Uno podría ser algo que aprendí de mi padre: apreciar la invención. Siempre he querido idear nuevos instrumentos. Mi primera publicación fue una calculadora —era un procedimiento estadístico—, una especie de invento. Mi padre obtuvo una patente y fundó una empresa; no tuvo éxito, pero tal vez tenga algo de él en mí.

P. Ha hecho muchísimas mediciones a lo largo de su carrera; seleccionar datos, decidir qué debería medirse y cómo. Es uno de los fundadores de los índices Case-Shiller, que miden los precios de las propiedades inmobiliarias. Es famoso entre la gente de las finanzas por lo que se conoce como “el Shiller P/E” [una forma de usar el precio y los ingresos para evaluar si el mercado de valores está sobrevalorado]. Lleva 31 años vinculado a la Fundación Cowles de Investigación Económica y ha habido mucha recopilación de datos ahí. ¿Por qué es importante esta clase de medición?

R. Nuestro fundador, Alfred Cowles, era un gestor de inversiones que acabó decepcionándose y se volvió escéptico. La gestión de inversiones ha sido una profesión que ha llevado aparejada mucha farsa; gente que dice que puede vencer al mercado y en realidad no puede. Él sospechaba que sus compañeros de Wall Street simplemente fingían, que no eran capaces de predecir el comportamiento del mercado. Él quería una investigación económica real, una investigación genuina. Y recopilaba datos. Yo tengo esa misma naturaleza escéptica. Cuando yo era pequeño, el maestro de la escuela dominical se quejaba a mis padres de que mi actitud no era buena. No me creía nada de lo que contaba aquel tipo. Es algo que sigue caracterizándome, soy escéptico por naturaleza sobre la gente que parece impresionante; pero de forma innata me pregunto si es real. Supongo que eso es lo que motivaba a Cowles y le empujaba a recopilar datos. En nuestra profesión hay quien cree que recopilar datos es una tarea menor. Que es como el trabajo de conserje; algo que nos mancha las manos. El ascenso social está presente en el mundo académico. Si uno escribe un artículo calculando un índice, parece poco prestigioso, así que la gente no quiere hacerlo.

Fama y yo tenemos mucho en común, más de lo que podría pensarse”

P. Bueno, usted ha hecho eso y muchas otras cosas; ha trabajado con la teoría y con los datos, ha mezclado ambos.

R. Sí, algunas de las mejores teorías llegan después de recopilar datos porque es entonces cuando uno se vuelve consciente de otra realidad.

P. Y junto a Richard Thaler, el economista de la Universidad de Chicago, otro de los columnistas de Economic View, fue una de las personas que incorporó la psicología a la teoría de los mercados. ¿Cómo sucedió eso?

R. Bueno, me casé con una psicóloga [Virginia M. Shiller, psicóloga clínica en una consulta privada en New Haven e instructora clínica en el Centro Yale de Estudios sobre la Infancia], eso para empezar. Además, descubrí que había ciertas lagunas en la teoría del mercado eficiente, que representaba la ortodoxia de las finanzas, cosas que sencillamente no tenían sentido. Los economistas que presentaron esa teoría sostenían que en los mercados, todo el mundo hacía cálculos, cálculos sobre el valor actual. Eso es un disparate, porque sabemos que el 90% de la población ni siquiera sabe lo que significa eso: no hace ningún cálculo. Entonces los defensores de la teoría dijeron: bueno, en realidad no es que todo el mundo haga todos los cálculos, sino que el mercado se comporta de forma eficiente porque la gente se deja asesorar por los expertos y los gestores de inversiones. Evidentemente, eso también es falso. Puede que haya algunas personas que lo hagan. Pero no todo el mundo, ni siquiera la mayoría de la gente. Se convierte en algo ritualista; tenemos un determinado modelo en el que se cree porque otras personas creen en él, y así sucesivamente.

P. ¿Cómo afecta la “exuberancia irracional”, el título de uno de sus libros, al mercado de valores, y cómo encaja eso en la teoría del mercado eficiente?

R. Bueno, la teoría del mercado eficiente es una verdad a medias. La mitad verdadera es que no es fácil ganar mucho dinero con rapidez y que uno puede pasarse años perdiendo dinero, aunque sea una persona muy lista. La teoría empieza a errar cuando afirma que sencillamente debemos suponer que no tiene sentido intentar vencer al mercado; o que debemos orientar las políticas económicas partiendo de la suposición de que no hay burbujas en el mercado.

La teoría del mercado eficiente es una verdad a medias”

P. ¿Entonces sí hay burbujas?

R. Sí, se producen continuamente. Casi toda la acción en el mercado de valores agregados son burbujas. Esto no sería igual de cierto en el caso de los valores individuales, pero es cierto para el mercado en general.

P. En sus columnas ha escrito sobre las burbujas inmobiliarias, como la burbuja que estalló y desencadenó la crisis financiera de la que todavía nos estamos recuperando. Ha descubierto que los precios del mercado inmobiliario generalmente se mueven más despacio que los de las acciones. ¿A qué se debe esto?

R. Eso ha sido así hasta ahora al menos. Uno de los motivos es que el mercado inmobiliario está compuesto principalmente por aficionados; no es fácil para la gente moverse con rapidez. Hay mucha inercia en ese mercado. Pero están llegando profesionales a él y las cosas podrían cambiar.

P. A Eugene Fama se le suele conocer por ser el fundador de la teoría del mercado eficiente y, como hemos estado diciendo, usted la ha criticado. No me sorprende que Gene Fama haya ganado el Nobel ni que usted lo haya ganado. ¿Pero no es raro que lo hayan ganado juntos?

R. Bueno, Gene y yo tenemos mucho en común, más de lo que podría pensarse. Él recopila datos y los comparte, y yo los uso continuamente, y utilizo muchas de sus teorías. No todas, por supuesto. Pero es un tipo estupendo. Es como tener un buen amigo que es un creyente devoto de otra religión. Se puede aprender mucho de un amigo así, aun cuando uno no rece en su misma iglesia.

© New York Times Service 2013.