China tiene sed de bodegas españolas

Aunque todavía no hay operaciones cerradas, inversores del país asiático tantean el mercado a la búsqueda de viñedos, como ya sucede en Burdeos y Borgoña

Imagen de la vendimia en Labastida, en la Rioja Alavesa.
Imagen de la vendimia en Labastida, en la Rioja Alavesa.

China quiere el vino español. Lo quiere con silencio y discreción. Por ahora los compradores han sido sigilosos. Aunque la viña ya habla de ellos. Hay ofertas de inversores chinos —también rusos y mexicanos— encima de la mesa por bodegas y viñedos. Otra cosa es que cuajen. “He recibido dos propuestas”, admite uno de los grandes nombres de Ribera de Duero, que pide no ser citado. “El problema es que aprietan mucho en el precio. Aquí no parecen dispuestos a hacer los grandes desembolsos que han efectuado en Borgoña o Burdeos”. Pese a todo, hay interés. “Preguntan y analizan”, narra Xavier Oliver, profesor de Dirección Comercial del IESE. “El problema es que cuando un inversor chino ve los números se asusta bastante. Porque la capacidad de venta de nuestras bodegas resulta muy limitada”. Da igual. El timbre está sonando y no son solo “rumores”, como los etiqueta el enólogo Peter Sisseck, creador del célebre Pingus.

La forma de acercarse a las bodegas españolas continúa siendo el clásico “alguien que sabe de alguien”. Pero también vienen de la mano del importador en China o conocen la bodega porque le han hecho pedidos elevados, la han visitado, el vino les convence y pugnan por ser más ambiciosos. Es el mismo camino de entrada que utilizan en los viñedos franceses de Borgoña, Burdeos o Cognac.

Lejos de Francia, en las tierras de La Rioja Alavesa, la bodega Remírez de Ganuza, una de las pocas que atesora un vino con 100 puntos del crítico Robert Parker, no cree que se dé ninguna operación a corto plazo. Eso sí, admite el interés. “El inversor chino quiere comprar grandes volúmenes de vino criado, generalmente barato, para venderlo en su mercado a precios competitivos”. Ahora bien, quienes, en su opinión, parecen más cerca de quedarse con viñedos son los inversores mexicanos. “La cultura del vino es muy importante en México. Algunas de las mejores bodegas particulares se hallan en ese país y no sería extraño ver operaciones corporativas a corto plazo”, aventuran en la bodega riojana.

Los rusos ya han llegado. Ladoga ha adquirido El Cidacos y Camino Real

Los que ya han llegado son los compradores rusos, que podrían abrir camino al resto de países. El grupo Ladoga —una de las diez mayores compañías de bebidas alcohólicas de Rusia, y cuyo producto estrella es el vodka— ha formalizado la compra de la bodega riojana El Cidacos y la navarra Camino Real Spain, que estaba en concurso de acreedores. Se hace de esta forma con una capacidad de producción superior a los tres millones de botellas destinadas, sobre todo, a la exportación. El deseo por los caldos españoles está vivo.

“¿Por qué no le va a interesar a China o Rusia el vino español?”, se cuestiona el responsable de una de las grandes soleras de Cádiz. “Tenemos reconocimiento, tecnología, variedades extraordinarias, una oferta amplia y el mayor viñedo del mundo está en Castilla-La Mancha”.

Lo que nadie pone en cuestión es el peso creciente de China en los pagos españoles. Por sí sola, La Rioja exporta al país asiático 270.000 cajas (de 12 botellas) al año. Ya es su octavo mejor cliente y los expertos, como Enrique Abiega, director general de la bodega riojana Lan, hacen cábalas sobre dónde podrían invertir. Aunque sea por pasiva. “No creo que en España se fijen en ninguno de los mausoleos levantados por gente que no era de la profesión y que buscaba sobre todo glamour. Bodegas que al final se han convertido en pirámides de hormigón financiadas por cajas de ahorros que pagamos todos. Entrarán en bodegas que estén funcionando, con un tamaño mediano y aporten sinergias”.

Esa llegada será discreta. El interés chino se mueve con el mismo silencio que lleva el viento al enroscarse entre las cepas. Benjamín Romeo, fundador de la bodega Contador, lo ha vivido en su propio hollejo. “Se ha dejado caer alguna cosa. Pero nunca ha habido una oferta seria. La gente quiere comprar algo potente. Bodegas con prestigio, viabilidad y bien situadas, y no es fácil que salgan a la venta”. Esa falta de cartera es sobre la que se detiene el bodeguero y enólogo Telmo Rodríguez. “Aparte de Vega Sicilia, ¿qué marca hay en España que ponga los ojos brillantes a los inversores?”, se pregunta. “A mí, la llegada de los compradores chinos me suena un poco a Bienvenido, Mister Marshall”. Aunque admite que si el movimiento se da en Francia e Italia después, algo más tarde, llegará a España. Habrá que estar atentos, pues ya están entrando en Francia.

La Rioja exporta a China 270.000 cajas de vino, es su octavo mejor cliente

Jean-Michel Guillon lleva más de treinta años elaborando vino (Domaine Guillon) en la localidad borgoñona de Gevrey-Chambertin y estos días pasea entre sus 13 hectáreas de vides con el ceño fruncido. La llegada de estos nuevos jugadores está propiciando con sus compras que los precios de las viñas y las bodegas se disparen en la región. “Estamos muy preocupados por esos inversores” [y le da a esta última palabra un tono irónico] “chinos y rusos con propuestas fuera de mercado. De hecho, entre un 50% y un 100% más caras”, avisa Jean-Michel Guillon. Si los precios se inflan significa, por ejemplo, que aumentan los impuestos que hay que pagar por los derechos de sucesión sobre esos campos.

Esta preocupación provoca que los acuerdos de venta se manejen con mucha discreción. Nadie quiere hacer ruido. La mitad de la cartera que mueve la agente inmobiliaria Karin Maxwell, de Maxwell-Storrie-Baynes (afiliado de Christie’s International Real Estate), se gestiona bajo ese criterio de silencio. ¿Y qué buscan rusos y chinos? Sobre todo viñedos con un château bonito o viñas de prestigio en zonas como Saint Emilion. Hasta allí, relata Karin Maxwell, acuden tres tipos de inversores. Quien simplemente quiere un viñedo de menos de diez hectáreas (donde el edificio es más importante que las cepas), el inversor que desea diversificar sus activos y el profesional del sector del vino que persigue aumentar sus ventas gracias a una bodega de prestigio. ¿Veremos algo parecido en nuestras viñas? Parece que sí. “Algunos de nuestros clientes han empezado a buscar en España, aunque de momento no han comprado”, revela Maxwell. En la viña, ya se sabe, todo es cuestión del tiempo adecuado.

Precios inflados en Francia

A los inversores chinos les gusta sobremanera Burdeos. En esta región, donde existen unas 8.000 bodegas, son propietarios de 40 châteaux, incluyendo el Grand Cru Classé Bellefont-Belcier, en la localidad de Saint Emilion. Más al norte, los rusos se han decidido por la zona de Cognac y se han hecho con siete bodegas. No son muchas, ya que hay cerca de 5.000 fincas, pero nunca antes en la historia francesa se había visto tanto interés por sus viñedos (algo que, por cierto, despierta bastantes recelos entre los viticultores locales). Incluso chinos y rusos se han adentrado en las tierras de la Borgoña, una zona pequeña —comparada con Burdeos— donde la compra de cualquier bodega sí afecta al resto. Son empresas familiares en las que el dueño suele ser también el enólogo responsable del vino. Y allí la desconfianza está arraigando.

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