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El FMI y la eurozona redoblan la presión sobre Atenas

El organismo alerta de que podría suspender el rescate si los socios del euro no cubren un déficit de 4.000 millones

El presidente del Europgrupo, Jeroen Dijsselbloem (izda), y el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, atienden a los medios, el 11 de junio del 2013.
El presidente del Europgrupo, Jeroen Dijsselbloem (izda), y el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, atienden a los medios, el 11 de junio del 2013. EFE

Grecia vuelve a provocar dolores de cabeza en la eurozona. En medio de la enésima crisis política, el Fondo Monetario Internacional (FMI) alertó anoche de que podría suspender los pagos de la ayuda a Grecia si los socios del euro no hacen frente a un déficit de financiación de 4.000 millones de euros en el programa de rescate. Ese déficit ha salido a la superficie después de que varios bancos centrales hayan rehusado renegociar la deuda griega que poseen.

Tanto el comisario Olli Rehn como el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, aseguraron que la troika llegará a Atenas el 1 de julio y que la revisión del programa de rescate debería estar lista en los primeros días del próximo mes. A partir de ahí, los socios europeos liberarían un nuevo tramo del rescate. “La pelota está en el tejado del Gobierno griego”, dijo Rehn.

La presión vuelve a ser sensacional. En medio de la desintegración de la coalición de Gobierno, tanto el FMI como la eurozona presionan a Atenas para que ponga en marcha los recortes y las reformas estructurales acordados para que el dinero siga llegando. Esos recortes incluyen el despido de miles de funcionarios en apenas unas semanas. Grecia lleva seis años consecutivos en recesión y la tasa de paro roza el 30%.

Pero tanto las desavenencias entre el FMI y Europa acerca del rescate como la crisis política en Grecia anticipan un verano peligroso en el país balcánico. “Espero con impaciencia un verano en el que no tengamos crisis griega”, dijo Rehn al filo de la media noche. Fuentes francesas explicaron que el FMI no llegó a amenazar con abandonar el rescate. Pero la presión sobre Atenas es evidente.