El lento declive del gas argelino

Los hidrocarburos pierden atractivo por culpa del riesgo terrorista y de la escasez de inversiones.

Un empleado trabaja en el campo de gas de Zarzaitine (Argelia)
Un empleado trabaja en el campo de gas de Zarzaitine (Argelia)LOUAFI LARBI

“El gas argelino ya no resulta atractivo”. El titular no lo publicó, a principios de este mes, un diario de Marruecos, el rival de Argelia en el Magreb, sino El Watan, el principal rotativo francófono de Argel. El año empezó mal para el sector de los hidrocarburos argelinos, con el asalto en enero a la planta gasística de In Amenas en el que murieron 39 rehenes extranjeros, y sigue por la misma senda. Desde enero los ingresos del sector energético argelino han caído un 9%.

British Petroleum (BP), que junto con la noruega Statoil y la argelina Sonatrach, explota In Amenas, anunció en mayo que dos de sus proyectos en Argelia serán “postergados” por razones de seguridad. El embajador británico en Argel, Martyn Roper, se apresuró en desmentirlo.

Antes de que la multinacional británica formulase este aviso, la italiana ENI ya anunció, el 28 de mayo, que había alcanzado con Argel un acuerdo para comprarle menos gas y a un precio inferior. “Necesitamos nuevas fuentes de abastecimiento”, declaró entonces Leonardo Senni, director de energía en el Ministerio de Desarrollo Económico.

El 28% del gas que consumió Italia en 2012 es de origen argelino. El país africano es el segundo proveedor gasístico de la Unión Europea detrás de Rusia, y al mismo nivel que Noruega.

Al temor de nuevos golpes terroristas como el que Mojtar Belmojtar propició en In Amenas —yihadistas expulsados de Malí se han replegado al sur de la vecina Libia—, se añaden otros factores que explican el declive de las exportaciones. Estas ascendieron a 70.000 millones de metros cúbicos hace diez años, pero ahora apenas rebasan los 50.000, según la Administración de Información Energética (EIA) de Estados Unidos.

El presidente está enfermo y se abre ahora una delicada etapa sucesoria

La EIA achaca la caída al no descubrimiento de nuevos yacimientos que atribuye, a su vez, a la falta de inversión extranjera. “Argelia no parece tener la flexibilidad política necesaria para adaptar su legislación sobre inversiones a causa de su enrevesado sistema político y de su necesidad de financiar costosos programas sociales cuyo objetivo es apaciguar el descontento popular”, asegura en un informe la consultora Stratfor.

El sistema político argelino es incapaz de hacer reformas, concluye su informe de principios de mayo. Justo entonces el presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, había sufrido un ictus y estaba ingresado en un hospital de París. Se abre así una delicada etapa sucesoria en la que será aun más complicado retocar el sistema.

A esas dificultades estructurales de Argelia se añade la recesión económica que padecen tres de los principales clientes —Italia, España y Francia— que, junto con Turquía, absorben el 80% del gas natural y líquido argelino.

“Nuestro margen de maniobra es escaso” para mantener los precios “mientras no haya recuperación económica”, se lamentaba, hace dos semanas, Abdelhamid Zerguin, presidente de Sonatrach, el mastodonte energético local.

A corto plazo esta tendencia no es preocupante —las reservas de cambio se elevan a 142.000 millones de euros— pero sí lo es a largo. Los ingresos de los hidrocarburos representan el 97% de las exportaciones y el 60% del presupuesto del Estado. Su disminución sostenida tendría graves consecuencias.

Una noticia, también procedente de EE UU, mitiga, sin embargo, este panorama desalentador del sector de los hidrocarburos. La EIA acaba de reevaluar su estimación de las reservas de gas esquisto de Argelia. Las calcula en 19.800 millones de metro cúbicos, las terceras del mundo detrás de China y Argentina y por delante de EE UU.

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