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LAS CUENTAS DEL ESTADO

España supera a la UE en deuda pública

El endeudamiento alcanza los 923.311 millones en el primer trimestre

Supone casi el 88% del PIB, y se sitúa por primera vez sobre la media europea

Cuando vienen mal dadas, las cuentas públicas son un saco de golpes. Reciben lo suyo, también lo que empresas y familias ya no son capaces de encajar. La recesión en la que la economía española entra y sale en los últimos años es un directo al mentón del Estado español: no solo hay que digerir las consecuencias de un endeudamiento privado sin precedentes, sino que se ha optado por socializar las pérdidas de la banca para evitar el colapso financiero. El resultado es un crecimiento vertiginoso de la deuda pública española, que derriba un hito estadístico tras otro. El último en caer, la comparación con la Unión Europea: por primera vez desde que España entró en el club europeo, el peso de la deuda es mayor aquí que en el conjunto de los Veintisiete.

En marzo, según informó este lunes el Banco de España, los pasivos de las Administraciones españolas, consolidados según los criterios de Eurostat, llegaron a 923.311 millones de euros, tras sumar unos 10.000 millones más en el último mes, y casi 40.000 millones en el trimestre. Es un ritmo de endeudamiento elevadísimo, que solo palidece frente a los meses finales de 2012, cuando la contabilización del rescate europeo (un préstamo de 39.500 millones) a la banca española engordó la deuda pública española hasta los 66.000 millones en un trimestre.

Fuente: Eurostat. ampliar foto
Fuente: Eurostat.

Esos 923.311 millones de deuda pública en el primer trimestre equivalen al 87,8% del PIB que el Gobierno prevé para 2013. Es el mayor ratio de endeudamiento en más de un siglo. Al cierre de 2012, la deuda pública española rondaba el 84%, todavía por debajo del conjunto de la UE (85,4%) y alejado del nivel de la zona euro (90,7%). No hay aún datos oficiales de lo ocurrido en el primer trimestre en el ámbito europeo, pero el ritmo de acumulación de deuda permite anticipar que, entre enero y marzo, el peso relativo de la deuda pública en el PIB fue mayor en España que en la Unión Europea. Solo en 1993, en la anterior gran crisis de la economía española, se acercaron ambos registros (59% en la UE frente a 58,4% en España).

La diferencia en la acumulación de pasivos en las cuentas públicas es tremenda. Durante la crisis, ha aumentado en el equivalente a más de 50 puntos de PIB, acabando con la diferencia a favor de España de más de 20 puntos. En 2012 la deuda pública española pasó del 69,3% al 84,2% del PIB, un estirón de 14,9 puntos porcentuales. Es un ritmo cinco veces superior al registrado en el mismo periodo por la deuda pública de la UE (del 82,5% al 85,4%, un aumento de 2,9 puntos porcentuales) o de la zona euro (del 87,3% al 90,4%).

Parte de la explicación en esta diferencia de ritmo se encuentra en que el PIB español cae, en esta segunda recesión en cinco años, con mayor intensidad que en el conjunto de la UE (retrocedió un 0,5% en el primer trimestre, mientras la UE se dejó un 0,1%). Cuando el PIB baja (el denominador), el cociente entre deuda pública y PIB sube.

El nivel del pasivo español es el más alto en más de un siglo

Pero, ahora, es la parte menos importante de la explicación. Lo más significativo es cuánto crece el endeudamiento del sector público. Y es aquí donde, en los últimos tres años, sobresale el aumento de pasivos de las Administraciones españolas: se combinan la necesidad de costear un déficit público muy alto con otras cuestiones extraordinarias, como el préstamo a la banca, la financiación de los planes para que comunidades y Ayuntamientos paguen a los proveedores, el déficit de la tarifa eléctrica o las aportaciones al fondo de rescate europeo.

La suma de todos estos factores lleva a un crecimiento explosivo de la deuda pública española: de 2007 a 2012, aumentó en medio billón de euros. Y mientras en la Gran Recesión de 2009 crecía en paralelo al resto de Europa, desde hace tres años ya no es así. El caso extremo es, de nuevo, el del último trimestre del año pasado, en el que se contabilizó el rescate a la banca: el 90% de la deuda acumulada entre octubre y diciembre por Gobiernos de la zona euro corresponden a Administraciones españolas.

El nuevo estirón de deuda pública en el primer trimestre tiene, sin embargo, una cara positiva: se debe, en parte, a que el Tesoro español ha decidido acelerar sus emisiones para aprovechar que la presión de los mercados sobre España ha cedido algo: los intereses de los bonos a 10 años rondan el 4% y el diferencial con los títulos alemanes al mismo plazo (la prima de riesgo), se sitúa por debajo de los 300 puntos básicos, que son los niveles más bajos desde 2011. En lo que va de año, las emisiones de la Administración central en deuda a medio y largo plazo alcanzan ya los 65.000 millones, más de la mitad de las colocaciones previstas para todo 2013.

La deuda ha aumentado en más de un 50% del PIB durante la crisis

La precaria tregua en los mercados —lo habitual, antes de la Gran Recesión es que la prima de riesgo española no pasara de 100 puntos básicos desde la creación del euro— está muy condicionada por el comportamiento del Banco Central Europeo (BCE). Fue su anuncio, el verano pasado, de que compraría bonos en apoyo de los países que fueran rescatados, lo que alivió la presión. Su último Consejo de Gobierno también contribuyó a enfriar los ánimos, al recortar los tipos de interés y dar a entender que tomará nuevas medidas si es necesario.

Pero, ante la oposición radical de Berlín a nuevas iniciativas, sigue sin estar claro hasta dónde puede llegar el BCE. Y la economía española se adentra en un terreno peligroso si las expectativas creadas en los mercados no se cumplen, si los ataques especulativos vuelven a poner en jaque la sostenibilidad de las cuentas públicas. Las propias previsiones del Gobierno anticipan que la deuda pública superará el 96% del PIB en 2014, año en el que puede alcanzar el siguiente hito estadístico, el nivel de deuda de la zona euro. Y que en 2016 se rondará el 100%, un escalón en el que solo se sitúan ya Grecia, Italia, Portugal o Irlanda, los países más vigilados por los inversores.