El G-20 avala la política monetaria expansiva de Japón contra la crisis

El grupo pone como ejemplo las medidas adoptadas por Tokio para impulsar el crecimiento Los ministros urgen a Europa a acelerar en la unión bancaria

Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, con Christine Lagarde, directora del FMI
Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, con Christine Lagarde, directora del FMICharles Dharapak (AP)

No hubo ayer reprimenda para Japón. El G-20, el grupo que une a los principales países desarrollados y emergentes, dio el visto bueno a esa suerte de revolución monetaria que ha llevado a cabo el banco central nipón, que necesariamente implicará una mayor depreciación del yen frente a otras monedas, al considerarlo un paso indispensable para frenar la deflación que arrastra desde hace 15 años y estimular su economía.

“Son necesarias más medidas para lograr un crecimiento robusto”, señala el comunicado del G-20, y pone como ejemplo “Japón, cuyas acciones políticas recientes tienen la intención de frenar la deflación y respaldar la demanda interna”, así como Corea, “que ha anunciado un paquete de política macroeconómica”. El Banco Central de Japón lanzó a principios de mes un plan que consiste en inyectar en la economía liquidez equivalente al 30% de su producto interior bruto (PIB), una medida sin procedentes. En yenes contantes y sonantes, la masa monetaria aumentaría de unos 138 billones de yenes a 270 billones.

La OCDE reclama a 14 jurisdicciones más intercambio de datos fiscales

Este tipo de movimientos son terreno abonado para provocar una guerra de divisas entre países: la carrera por rebajar la cotización de la moneda propia sin atender a los fundamentos que hay detrás, sino con el fin de hacerla más competitiva frente a otros países. Pero, como hicieron en febrero, los ministros de Finanzas de las grandes economías han rechazado que tal guerra se esté produciendo.

Los mercados, que ya especulaban con una posición favorable del G-20 a la decisión del gobernador Haruhiko Kuroda, reaccionaron con fuertes caídas del yen. Desde que se anunció la medida, la moneda nipona se ha depreciado un 6,5% frente al dólar.

La estrategia monetaria de Japón, en un clima de tipos de interés cercanos a cero, se suma a las políticas expansivas del Banco de Inglaterra y de la Reserva Federal estadounidense. El Banco Central Europeo (BCE) ha sido el más prudente. Su presidente, Mario Draghi, se limitó a señalar tras la reunión ayer en Washington sobre las fluctuaciones del euro respecto a otras monedas que las tasas de cambio “se han mantenido en una banda estable” y “no ha habido movimientos anormales”.

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Europa volvió a convertirse en el foco de atención de la reunión del G-20 por sus malas perspectivas económicas, después de que el FMI haya pronosticado una recesión del 0,3% este año. “En la zona del euro los fundamentos de la unión económica y monetaria deben ser mejorados, incluyendo de un movimiento de urgencia hacia la unión bancaria”, señaló el comunicado conjunto de los ministros.

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Acelerar el camino hacia una unión bancaria en Europa es una de las demandas más insistentes que ha lanzado el FMI en su reunión de primavera y también ayer el G-20, porque se considera clave para reactivar la economía y “reducir aún más la fragmentación financiera”.

El ministro de Eeconomía español, Luis de Guindos, reconoció tras la reunión que el crecimiento de la zona euro se podía calificar de “mediocre”. Draghi reconoció que está estudiando diferentes medidas, incluida una rebaja de tipos, recogía Bloomberg, después de que el precio del dinero bajase al 0,75% en julio.

El G-20 defiende las decisiones monetarias de apoyo al crecimiento, pero insiste en que se opondrá a cualquier “devaluación competitiva”. La carrera por rebajar el precio de la propia divisa para hacer más atractivas las exportaciones no es la única espiral en la que se adentran los países y que preocupa al G-20. También es permanente el riesgo de una batalla fiscal para dejar los impuestos en un nivel que a una empresa le resulte más atractivo tributar en un país que en otro. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que tiene el mandato del G-20 de investigar el asunto para impulsar una regulación global, que las piruetas legales y contables permiten a muchas empresas multinacionales pagar un impuesto del 5% cuando las pymes pueden pagar del orden del 30%.

La OCDE presentó los avances de su trabajo con la previsión de poder poner en marcha un plan de acción el próximo julio. El G-20 celebró las jurisdicciones fiscales que se han sumado al pacto de intercambio de información automática en la lucha contra el fraude, pero reclamó que lo hagan todas, especialmente “las 14 jurisdicciones que tienen unos estándares por debajo de la ley”.

Sobre la firma

AMANDA MARS (ENVIADA ESPECIAL)

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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