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Barroso quiere que el BCE controle a todos los bancos con ayudas desde enero

El presidente de la Comisión presenta la primera pata de la futura unión bancaria europea

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. EFE

José Manuel Durão Barroso, defiende esta mañana desde Estrasburgo la primera pata de la propuesta de unión bancaria que acaba de presentar la Comisión Europea. Si esta iniciativa sale adelante, el Banco Central Europeo (BCE) se convertirá en el supervisor común de todas las entidades de los 17 países de la Eurozona, en un proceso gradual que comenzaría el próximo 1 de enero y culminaría un año más tarde. Estos son algunos de los aspectos fundamentales de la propuesta que Barroso ha presentado en su discurso sobre el Estado de la Unión.

Poderes excepcionales para el BCE. El organismo que preside Mario Draghi se convierte en el único responsable de supervisar a las entidades. El BCE se encargará, entre otras medidas, de conceder y retirar la ficha bancaria; asesorar en la compra y venta de partes del capital de los bancos; establecer, si es necesario, requisitos más estrictos a las entidades; poner en marcha pruebas de resistencia; poner en marcha un proceso de intervención temprana cuando esté en riesgo la viabilidad del banco; asesorar, en coordinación con la Comisión, futuras recapitalizaciones con dinero público. El Eurobanco también podrá imponer multas económicas siempre que las normas europeas prevean esta posibilidad para las autoridades de supervisión.

Todos los bancos, bajo la atenta mirada de Draghi a partir de 2013. El supervisor único entraría en vigor el próximo 1 de enero para las entidades que han recibido ayudas públicas. Seis meses más tarde ya estarían cubiertos los bancos más importantes, los considerados sistémicos; y a partir de 2014 el BCE controlaría a todo el sector financiero de la Eurozona.

Continúa la pugna Bruselas-Berlín. La Comisión tendrá que luchar contra los planes de Alemania, que prefiere que el BCE solo supervise a los bancos más importantes, con el argumento de que si tiene que ocuparse de todos no será una herramienta útil. “Un sistema en el que la supervisión de algunos bancos quedaría bajo el BCE mientras que otros estarían bajo los supervisores nacionales introduciría asimetrías significantes y sería inestable. Los ahorradores podrían mover su dinero hacia el segmento considerado más seguro”, responden en Bruselas.

Más poder… y más responsabilidad. Bruselas quiere reforzar el control democrático sobre el BCE, que recaerá en el Parlamento Europeo y en los Gobiernos. Para diferenciar las tareas de supervisión de la política monetaria, se creará un consejo de supervisión y el presidente de este nuevo órgano deberá presentar un informe anual ante el Parlamento y el Eurogrupo. Además, se tratarán de evitar los conflictos de intereses separando de forma nítida las tareas de dirigir la política monetaria y las de supervisión. El presidente y vicepresidente del consejo de supervisión serán elegidos por el consejo de gobierno del BCE. También lo compondrán cuatro representantes del BCE y un representante de cada una de los 17 bancos centrales de cada país.

¿Qué pasará con los supervisores nacionales…? Los funcionarios de la Comisión insisten en que los 17 organismos nacionales tendrán su papel: seguirán el día a día de las entidades y ayudarán al BCE en su nueva tarea de supervisor, ya que hasta ahora eran ellos los que desarrollaban estas actividades y por lo tanto conocen mejor que nadie las tripas de cada banco. Entre otras cosas, se ocuparán de los asuntos de protección de los consumidores, supervisarán los servicios de pagos o prevendrán contra el blanqueo de dinero o la financiación del terrorismo.

¿…y con la Autoridad Bancaria Europea (EBA)? Bruselas insiste en que se preservará el papel de la EBA. Seguirá marcando los criterios comunes aplicables a los 27 Estados de la UE e impulsará la convergencia de prácticas de supervisión en toda la UE. Se creará además un panel de expertos independientes para cuando haga falta la mediación entre entidades de dentro y fuera de la eurozona. Este nuevo organismo estará formado por el presidente del consejo de supervisión del BCE y por dos representantes, uno de los países miembros del euro, y otro de alguno de los 10 socios de la UE que no pertenecen a la unión monetaria. Las decisiones que tomen serán vinculantes a no ser que las rechace una mayoría simple de países europeos, de fuera y de dentro del euro.

El BCE, ¿un nuevo monstruo del gasto? Los responsables comunitarios anuncian que las entidades serán las que deberán sufragar los costes de la supervisión a través de tarifas que se establecerán en función del tamaño y de los riesgos de cada banco.

Dentro y fuera. Los diez países que pertenecen a la UE pero no al euro podrán solicitar su intención de entrar en el mecanismo supervisor común estableciendo una estrecha colaboración entre el BCE y su organismo nacional. En este caso, el país en cuestión podrá participar en las deliberaciones del Consejo supervisor del BCE.

¿Qué fue del fondo común de depósitos y del mecanismo para liquidar entidades? La Comisión se compromete a acelerar sus dos propuestas en este sentido para tenerlas listas antes de que acabe este año. Así se dibujará el marco general normativo para proteger los depósitos y abordar los problemas de los bancos europeos. Pese a que la propuesta de hoy dota al BCE de algunos poderes de intervención temprana en entidades con problemas, Bruselas apuesta por un organismo diferenciado que, si llega el caso, pueda liquidar entidades de una manera ordenada y asegurando los ahorros depositados. La Comisión planea hacer una propuesta para un mecanismo de liquidación común. “Será más eficaz que los supervisores nacionales y un complemento natural al supervisor único”, señalan fuentes comunitarias.

Un paso especialmente importante para España. Tal y como estableció el Consejo del pasado mes de junio, solo cuando haya un supervisor único será posible recapitalizar los bancos directamente con fondos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Esto facilitará que el rescate de la banca que España está a punto de recibir no supondría una carga directa sobre la deuda pública del país, sino sobre cada una de las entidades auxiliadas.