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ANÁLISIS

Resolución bancaria

En España parece no haber más espacio para más reformas financieras

La resolución de la crisis bancaria en España se está haciendo desde 2009 de forma gradual, en un enfoque de ir "poco a poco", lo que en el mundo anglosajón se conoce como un piecemeal approach. En parte, porque nos ha costado reconocer (y aún cuesta) que la de España es una crisis bancaria en toda regla, de manual, como lo fue la de 1977 que, entre otras cosas, está considerada una de la cinco grandes crisis bancarias mundiales. Entonces salimos y hoy también podemos pero con resolución.

En España no parece haber más espacio para nuevas reformas financieras. Ha de pasarse ya al terreno de la acción. Esto implica apostar por soluciones definitivas para el sector que supongan la inyección necesaria de capital en poco tiempo para las entidades que lo necesiten y con una señalización muy clara de la situación de cada entidad y de su hoja de ruta.

No se puede descartar que haya que adoptar decisiones más drásticas y proceder a la liquidación ordenada de alguna entidad no sistémica

Dos son los motivos para esa contundencia. En primer lugar, porque gran parte del sector financiero español está sufriendo innecesariamente la falta de determinación y de discriminación entre entidades. Un número importante de instituciones financieras españolas no se encuentra en peor posición competitiva o de solvencia respecto al promedio de otras entidades europeas de similar tamaño. Y otros países como Alemania, Holanda o Reino Unido ya inyectaron capital en proporciones tanto o más importantes a sus bancos y estos no son ni más eficientes ni solventes que muchos de los españoles, pero no están estigmatizados. En España, esa necesaria discriminación de entidades que puedan (con mayor, menor o ninguna ayuda) seguir hacia delante debe hacerse cuanto antes. Lo que sucede es equivalente a la necesidad de reformar una parte de un conjunto monumental (por importante que sea) sin advertir a los turistas que el resto sigue abierto y en buen estado. Pocos acudirían, como les ocurre a los inversores ante la banca española. Además, si llegara el caso, no se puede descartar que haya que adoptar decisiones más drásticas y proceder a la liquidación ordenada de alguna entidad no sistémica, sin que se nos caiga el mundo por ello porque es algo común en otras latitudes.

No está claro que el sector financiero pueda fácilmente liderar el proceso de recuperación económica en España

El segundo motivo por el que es necesario pasar al terreno de la resolución es que no está claro que el sector financiero pueda fácilmente liderar el proceso de recuperación económica en España en las actuales circunstancias. Los informes de las auditoras independientes reconocen que las pérdidas en el sector podrían alcanzar los 270.000 millones de euros en un escenario adverso y, en ese mismo escenario, estiman un máximo de necesidades de capital de 62.000 millones de euros. Esto implica que se asume una capacidad muy importante de absorción de pérdidas. Sin embargo, si Europa no vira definitivamente para dar un mayor soporte a la deuda soberana de la eurozona y racionalizar las políticas de austeridad, la macroeconomía no ayudará y esa capacidad de absorción se verá comprometida. Además, en España se antoja muy difícil una recuperación económica sin el sector bancario simplemente porque este tipo de recuperaciones económicas (las llamadas creditless recoveries) se producen normalmente en escenarios de reducido apalancamiento del sector privado que, en España, sigue siendo muy elevado. Y para reducir esa deuda, deben terminar de corregirse los desequilibrios. Entre otros, el más claro para cualquier observador externo es el de los precios de los activos inmobiliarios. Las caídas asumidas en los escenarios adversos por parte de las consultoras independientes (del orden del 50%) no resultan descabelladas y están en el orden de corrección en otros países con burbujas similares.

Este tipo de asunciones de necesidad de discriminación y de corrección completa de los desequilibrios nos lleva de nuevo a la primera idea, la de la necesidad de resolución contundente y definitiva para propiciar una recuperación económica lo más temprana posible y para que las entidades financieras españolas puedan enfrentarse a unas reglas del juego estables, definitivas y útiles.

Santiago Carbó Valverde es catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada