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La cumbre pone deberes a Europa para proteger la economía mundial

El G-20 se compromete a reactivar el crecimiento ante la amenaza de otra recesión global

La preocupación por la crisis del euro domina la reunión

Angela Merkel, canciller alemana, saluda a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff
Angela Merkel, canciller alemana, saluda a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff AFP

“Los países europeos del G-20 se comprometen a tomar todas la medidas necesarias para salvaguardar la estabilidad del área”. El comunicado que sintetiza los trabajos de la séptima cumbre de líderes de países ricos y emergentes deja bien claro cuál ha sido el asunto central en Los Cabos (México): Europa y su capacidad para afrontar la crisis de deuda pública que la atenaza desde hace dos años. Al resto de países de este foro económico, que atisban la posibilidad de otra recesión global, se les acaba la paciencia.

La cumbre del G-20, que concluyó a última hora de la noche de ayer, quiere de la zona euro dos cosas: que compense con estímulos al crecimiento los draconianos ajustes presupuestarios aplicados en varios países. Y que profundice en la integración fiscal, bancaria y política del área. Dentro y fuera de las sesiones plenarias, los líderes del euro cerraron filas para defender su autonomía, aunque buena parte de las exigencias se centraran en alterar la posición de Alemania, reacia a aumentar el gasto público para incentivar la demanda. O a acelerar la integración fiscal y bancaria sin que haya antes cesiones de soberanía a las instituciones europeas, un camino largo y lleno de curvas.

“Ha habido un diálogo franco sobre medidas para fortalecer el crecimiento económico y crear puestos de trabajo. También sobre la zona euro”, afirmó el presidente de México, Felipe Calderón, al término de la cumbre. A diferencia de lo que ha ocurrido en otras cumbres, Calderón no citó el equilibrio presupuestario entre las prioridades del G-20, aunque eso sí se recoge en el comunicado final.

Para conocer la respuesta europea a esta exigencia habrá que esperar al Consejo Europeo programado para finales de mes, tal y como reconoció el propio Calderón. Porque, al menos en la cumbre del G-20, los dirigentes europeos no han ido más allá del plan de mínimos ya pactado: movilizar recursos del presupuesto comunitario y dar más capacidad financiera al Banco Europeo de Inversiones para invertir en proyectos de infraestructuras, innovación y medio ambiente. Sobre todo en los países en los que el ajuste presupuestario ha laminado la inversión pública, como es el caso de España.

El presidente mexicano destacó además que en la cumbre de Los Cabos se decidió extender un año, a 2014, el compromiso de los países del G-20 de reducir las trabas al comercio. El problema es que, según la Organización Mundial del Comercio, las prácticas proteccionistas han aumentado en los últimos meses. Y que, de nuevo, la Ronda de Doha, para liberalizar aún más el comercio internacional, quedó en la cuneta.

Calderón reconoció que la presión sobre la zona euro no se ha traducido en medidas concretas. Al menos en esta cita. Ante las continuas apelaciones al crecimiento, la canciller alemana, Angela Merkel, tiró de guion: “Tenemos la necesidad de compatibilizar el reequilibrio presupuestario con la reactivación de la demanda. De puertas afuera, hasta el presidente francés, François Hollande, que empuña la bandera del crecimiento, advirtió contra la tentación de discutir en el G-20 asuntos europeos. “La señora Merkel y yo defendemos que Europa tenga su propia respuesta, no se debe intentar imponérnosla desde fuera”, afirmó. Fue un recado a declaraciones como las del ministro de Economía brasileño, Guido Mantega: “Europa debe poner en marcha un gran programa de inversión y desplegar antes los antídotos contra la crisis financiera”.

La canciller alemana también tomó nota de otra exigencia del G-20, la necesidad de acelerar la integración de la zona euro, que ha demostrado no estar preparada para dar una respuesta rápida al desafío de una crisis financiera. En el comunicado final de la cumbre de Los Cabos se apoyan los pasos de la UE hacia “una arquitectura financiera más integrada, con supervisión bancaria, liquidación y recapitalización de entidades y un esquema común de garantías de depósitos”. La frase es una pequeña victoria para la Comisión Europea, que insiste en que es posible avanzar en la unión bancaria sin cambiar los Tratados, sin esperar a la cesión de soberanía que exige Merkel. Pero es el Consejo Europeo, donde Alemania lleva la voz cantante, y no el G-20, el que tiene la última palabra.